A veces mi cuerpo no me gusta, y no me gusto.
En algunas fotos, y más: en filmaciones.
Despierto sacudido: me veo con los ojos de quienes
me dejarían pasar sin elegirme.
Mi cuerpo es un error, se equivocó, por su culpa no van a quererme.
Estoy atado, obligado, tallado en mi cuerpo.
Mi enojo puede dar golpes en almohadones, patear puertas,
o callar furioso; cuando me canso
sigo atado, unido, tallado en mi cuerpo.
Voy a pintarme, a raparme, a cubrirme, a poner otras fotos,
voy a tatuarme, a poner otro nombre en mi perfil
porque ahí sí soy yo.
Ahí me reconozco, ahí me parezco, ése sí que soy.
Más que el del espejo.
Paciencia, paciencia,
hay paciencia en los ojos del burro mudo de mi cuerpo.
Él quisiera que lo quiera, que no mire deseando tener otro cuerpo,
recibe mis emociones como golpes de vara.
Los dos encerrados entre las cuatro paredes de quien soy, mintiendo.
Lo llevo, lo llevo aquí y allá. A lo de un amigo, a correr, a la mesa,
a casa, a un sándwiche,
a la cama… lo llevo, como lleva el carrero al caballo que lo tira.
Me olvido o sueño y creo que soy otro, hasta que una foto
o una filmación me despiertan, y evito algunos ojos,
como evito a veces los míos, que
ya podrían mirar
con más bondad.
Dos
Un atento pedido a la ciencia o a la magia: quisiera tener
los ojos de Papá Noel,
los de mi madre,
o los del Buda,
los del más bueno de los curas o de la más amorosa enfermera,
los de quien más me quiere.
Quisiera ponerme sus ojos
y verme con su mirada.
Sentir qué se siente al verme
aceptado.
Salir a la calle sabiendo que así me veo.
Entrenar y entrenar con su mirada
aprender, hacerla mía.
Va a estar buenísimo, va a estar buenísimo.
Nadie se dará cuenta.
Va a estar buenísimo.
Me imagino por la calle,
en reuniones, y nadie, nadie, nadie notará la diferencia:
pero yo estaré mirando todo
con los ojos de quienes más me quieren.
“Gané el uso de razón
perdí el uso del misterio…” Gabriel Celaya(poeta español)
“…Persuádete de que esto es así como te escribo: parte del tiempo se nos roba, parte se nos va sin saber cómo, parte se nos escurre. Pero la pérdida más vergonzosa es la debida a la negligencia. Y si quisieras fijarte en ello, encontrarías que la parte más grande de la vida se nos pasa haciendo mal, otra no pequeña sin hacer nada, y toda ella haciendo lo que no ha de hacerse. ¿A quién me citarás que ponga precio al tiempo, que conozca el valor de un día, que se dé cuenta de que cada día muere un poco? Porque nos equivocamos cuando miramos la muerte como futura; una gran parte de ella es cosa ya pasada. Lo que de nuestra edad dejamos atrás, está en manos de la muerte. Haz, pues, mi querido Lucilio, lo que me escribes que haces: aprovechar todas las horas. Resultará así que dependerás menos del día de mañana, si el de hoy lo tienes bien asido. Mientras se difiere, transcurre la vida. Nada, Lucilio, es nuestro, excepto el tiempo…” Séneca, 4 a.c.- 65 d.c
“… un día dije a mi madre.
- Mami, si consigo trabajo ¿podré dejar la escuela?
- ¿No quieres educarte?
- Si para ello he de ir a la escuela, no …” Groucho Marx (humorista estadounidense)
Cuando el niño debe responder a los intereses de la escuela:
En la educación no solamente nos encontramos con el problema de la pobreza de recursos, hay otra forma de pobreza que limita y condiciona nuestra tarea diaria.
Programa especial de Canal 22 y Luis Pescetti, con el show en la “Fiesta interminable” el festival de Alas y Raíces, abril de 2012, en el Centro Nacional de las Artes (México DF).
Don Juan de las Bellotas
que tiene las tripas rotas
¿Con qué se las curaremos?
- Con un palo que le daremos.
El palo, ¿dónde está?
- El fuego lo quemó.
El fuego, ¿dónde está?
- El agua lo apagó.
pdf: letra y acordes, click en la imagen para agrandarla:
según el modelo de pantalla, y si la imagen se ve pequeña hacer esto:
1) click para agrandarla
2) botón derecho del mouse
3) sale un cuadro y dice: "guardar imagen como"
4) la guardan en su propia compu y la ven toda la eternidad que quieran y en grande
Nunca me voy a olvidar de aquella vez en que me encontraba en un hermoso pueblo del interior. Había llegado después de cabalgar durante ocho días. Nos encontrábamos un poco cansados, Julián, mi caballo y yo. Recuerdo que le dije:
- Oye, Julián, ¿no te parece que sería bueno detenernos un poco?
- …
- ¿Qué te parece este hermoso pueblo del interior?
- …
Cuando íbamos hacia el hotel, al pasar frente al bar, un hombre salió volando hacía mí. No tuve tiempo de reaccionar, me tumbó del caballo. Me levanté de un salto y, tomándolo del cuello, le tiré una trompada. Él volteó su cabeza hacia un lado y mi puño siguió de largo. Los dos rodamos por el piso, volví a tomarlo con mis manos y al ver que no reaccionaba pensé: