Vamos a contar mentiras

26/01/2015 - (canciones, videos)

Luis Pescetti


Canción infantil grabada por Luis en el programa Bizbirije (Once-niños), de México

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Juegos de animación musical

21/01/2015 - (juegos, taller digital)

Luis Pescetti

foto: Mateo Oviedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

pdfPDF con  los juegos, rimas y partituras, click acá

 

Juegos con sus parituras e indicaciones, rimas para hacer con palmas.

 

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996)

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Crear espacios de audición musical

19/01/2015 - (taller digital)

Luis Pescetti

 

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…Haciéndose kitsch, el arte halaga el desorden que reina en el ‘gusto’ del aficionado.
El artista, el galerista, el crítico y el público se complacen conjuntamente en el qué-más-da,
y lo actual es el relajamiento. Pero este realismo del qué-más-da es el realismo del dinero:
a falta de criterios estéticos, sigue siendo posible y útil medir el valor de las obras por la ganancia
que se pueda sacar de ellas. Este realismo se acomoda a todas las tendencias, como se adapta
el capital a todas las ‘necesidades’, a condición de que las tendencias y las necesidades tengan poder de compra..

Jean-François Lyotard

…un latinoamericano que se pregunta: ‘¿Qué tan
contemporáneo soy?’, en rigor está diciendo:
‘¿Qué tan cerca o qué tan lejos del modelo
norteamericano estoy?… A diario, y sea o
no consciente esa actitud, lo anacrónico
resulta lo alejado de los modelos norteamericanos…
…¿De qué modo condenar, por ejemplo, a
los jóvenes de las clases populares que,
al americanizarse en diversos niveles,
creen así exorcizar su estruendosa falta
de porvenir?

Carlos Monsiváis, escritor mexicano.

…quizá no haya un tema tan importante de reflexión como el de la percepción
del otro, de lo otro, de lo que nos es extraño, y más aún de lo que nos es
extraño y próximo.

Hugo Hiriart, dramaturgo mexicano.

¿Qué son estos espacios?

Serán momentos (media hora, una hora, dos, según) que destinaremos a oír música, nada más. Crear espacios es destinar cierto tiempo y cierto lugar a hacer algo en especial. Un espacio de audición musical es la oportunidad para oír música que normalmente no hubiéramos oído.
Esos espacios, si se los practica con frecuencia, se vuelven internos. Vale decir que la persona incorpora de modo natural la posibilidad de juego, de silencio, de encuentro consigo mismo y con lo que le gusta.

Sus características

* Es un momento para oír, no se puede ocupar en realizar tareas.

* Todos pueden llevar música que les guste para compartirla con los demás.

* Hay que respetar el gusto de todos. Están prohibidos los juicios de valor, sea que se hagan como críticas o como bromas.

* Como profesores compartiremos la música que nos gusta. Dentro de ésta intentaremos llevar lo que
sea más inusual para el grupo. Explicaremos por qué nos gusta. Podemos estar muy contentos si lo-gramos contagiar nuestro amor por la música o por determinados autores. Nosotros tampoco podremos hacer juicios de valor, y menos aún: llevar una música porque la consideremos “más elevada”. Eso es una trampa, a nadie le gusta que lo “civilicen”, por lo tanto deberemos limitarnos a llevar, compartir, la música que sinceramente amamos.

* Como hay diferentes gustos, quizás tendría que haber más de un salón, para poder elegir ir a oír dis-tintos estilos. Si esto no es posible será bueno discutir con el grupo otras opciones.

¿Por qué es importante?

Somos curiosos por naturaleza. Cuando esa curiosidad está muy aplacada o no existe es muy probable que sea porque algo está frenando ese impulso vital de la conciencia: conocer y expandirse. Quizás miedo a los desconocido, autosuficiencia por ignorancia, inseguridad; no importa qué, algo adormeció aquella tendencia.
Es así que muchas veces nos encontramos con gente qué sólo gusta de tal o cual tipo de músi-ca. En realidad no es un problema que a alguien le guste determinada “música comercial”, por ejemplo. El problema es si sólo le gusta esa música. Si su sensibilidad está absolutamente embotada e imposibi-litada de disfrutar de otras que hay en el mundo.
No estamos hablando de “corregir el gusto estético”. Nadie tiene derecho a ponerse en esa acti-tud. Más bien pensamos que si una persona que ha recibido estímulos ricos es alguien abierto a conocer, a crecer; alguien que se cierra a lo nuevo, a lo distinto es porque no recibió buenos estímulos. Nadie prefiere un mundo pobre si conoce otras opciones. Está perfecto que alguien elija su pequeña aldea; pero mejor si lo hace después de saber que existe el mundo; y en él: miles de grandes y pequeñas aldeas. Y de todas esas, quizás cien son tan atractivas que a esa persona le gustaría quedarse en ellas sinceramente. Sería un ciudadano amante de su aldea por elección, con conciencia de mundo, desprendido de todo fanatismo.
Afortunadamente el goce estético no necesita dejar de gustar de una cosa para pasar a otra. Pue-de expandirse generosamente. Dedicar tiempo nada más que a oír música es una buena posibilidad para este trabajo, de la misma manera que se dedica tiempo para leer, para desarrollar el gusto por la lectura. Tenemos que crear espacios de audición para desarrollar el gusto por la música. No un gusto limitado por la moda o los prejuicios, sino una sensibilidad que pueda disfrutar de más opciones. Pero hay que crear ese espacio para que esa sensibilidad tenga la oportunidad de surgir.

El valor de los espacios de audición

Es como si a una persona le dijéramos: “No eres una herramienta que pasa por el mundo sin darse cuenta; ésto lo descubrirás cuando te detengas a oír, a tocar, a ver”.
Todos los días estamos rodeados por una infinidad de ruidos, pero si un día nos detenemos, ce-rramos los ojos y atendemos intensamente: ahí ocurrirá algo. Es probable que despertemos a otra sensi-bilidad del mundo.
Porque, teniendo en cuenta las citas que abren este capítulo, es nuestro deber crear espacios en los que aparezcan más de un “modelo posible”; espacios de audición que no dependan tanto de las leyes de mercado. Crear espacios en los que, aunque más no sea por un instante, se abran nuestras puertas a otras maneras de crear, a otros gustos, a otros maneras de ser, a otros mundos. Esa sensibilidad que nace, como nos señala Rodari, no despierta solamente para la música y el sonido.

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996)

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El sapito

17/01/2015 - (juegos, videos)

Luis Pescetti


Luis en canal 7 (Argentina)

Este juego fue transmitido por un maestro mexicano, del Estado de Tabasco


continúa…

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Creatividad y fantasía ¿lujo o necesidad?

16/01/2015 - (ensayos)

Luis Pescetti

 

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…el imaginario sopla donde puede y sin lugar
específico se instala en la vida…una práctica
que evoca la del niño que hace de un trozo de madera
un caballo o de un trapo una bandera: la denominación
de las cosas, separadas de su eficacia funcional, se
abre a todo aquello que le propone el azar y remite al
dinamismo de la creatividad de la que ya no son
únicos depositarios el arte y la cultura…

Jean Duvignaud. El juego del juego.

…¿y acaso la imaginación ‘diurna’ del sabio está
tan lejos de la imaginación ‘nocturna’ del pintor,
o del escritor, creadores de lo fantástico? Como lo
hace notar Paul Valéry, el genio de Newton
consistió en decir que la luna cae cuando todos
ven muy bien que no cae.

Jacqueline Held. Los niños y la Literatura Fantástica.

Dado que estamos tratando la importancia de una actividad no productiva como es el juego, creo necesario dar algunas vueltas más en torno al sentido de todo este trabajo.
Ya vimos, con Rodari, el valor de desarrollar la imaginación en todos los terrenos: matemáticas, música, etcétera. Vimos que un factor decisivo para el desarrollo de la imaginación es crecer en un am-biente rico en estímulos en todas las direcciones. Ya aclaramos que en los juegos y la música encontra-mos estímulos poderosísimos y con muchas posibilidades.
Ahora nos repetiremos esta pregunta: ¿Por qué es importante el desarrollo de la creatividad? Vamos a intentar una respuesta que toque otros aspectos que los ya tratados.

El acento puesto en producir

Generalmente cuando se piensa en creatividad se lo hace en términos de productividad. En una escuela o en una empresa, siempre se ve a la creatividad como la posibilidad de mejorar cualitativa y cuantitativamente la producción de objetos e ideas. Sean éstos cuentos, un nuevo producto en el merca-do, una máscara de arcilla o una propaganda para televisión.
Cada vez que doy un taller descubro en los docentes el mismo interés: cómo lograr que los niños escriban mejor, sean creativos (en el sentido de capaces de producir cosas originales). Lo mismo encon-tramos en muchos libros dedicados a la creatividad. Siempre producir, rendir más y mejor. Sin embargo ese no es el aspecto más importante del hecho creativo, hay otro que pocas veces se tiene en cuenta. Para abordarlo debemos hacer un cambio de óptica y poner el acento en el sujeto y no tanto en lo que éste crea.
Así como el analfabeto no puede desenvolverse solo, depende de otros y está expuesto al enga-ño, un mundo imaginario empobrecido coloca a la persona en situación de aceptar sumisamente las con-diciones en las que vive; lo deja inerme frente a fuerzas (internas y externas) superiores a él, que condi-cionan su existencia.
La imaginación no es un “lujo de tiempo libre” para sociedades opulentas. La persona que no es dueña de sus posibilidades creativas y posee un mundo imaginario limitado, ni siquiera puede desear otro modo de vida; porque hasta el mero deseo implica, aunque sea, la mínima sospecha de que existen otras opciones, que lo que se vive no es lo único.
A todos nos ha sucedido que alguien nos explica o revela algo y “se nos abren los ojos”, vemos cosas que antes nos pasaban inadvertidas aunque siempre habían estado. Es muy común que alguien no perciba que está viviendo algo malo, porque dentro de su panorama no hay nada que pueda comparar como mejor. Esto se debe a que lo que deseamos, lo que percibimos y lo que somos capaces de imaginar están íntimamente entrelazados.
La imaginación, la lucidez, la capacidad creativa, son herramientas que permiten cierto grado de maniobra, cierta independencia, frente a un devenir mecánico de la existencia. Dan la posibilidad de modelar las circunstancias de un modo más favorable para la propia evolución.
Enriquecer el mundo imaginario y dar herramientas para la creatividad va mucho más allá de producir más y mejor, cualquiera sea el campo de actividad. Es algo que responde al deseo de libertad y al impulso, inherente a todo lo que está vivo, de desarrollar sus potencialidades con la mayor plenitud posible.

El mundo imaginario

Las personas crecemos y nos desarrollamos dentro de un paisaje que imaginamos, consciente o inconscientemente, como natural y propio para nuestra vida. En ese imaginario están dibujadas todas las cosas que creemos que se pueden hacer y las que no. Ahí están los límites de lo que tenemos por posible e imposible (“eso nunca va a pasar…”, “eso le ocurrirá a otros, pero a mí nunca…”); los límites de lo que somos capaces de concebir (“no tiene solución…”, “no hay respuesta para eso… “); también aquello que tenemos por realidad o por fantasía (“eso sólo pasa en las películas…”, “los sueños, sueños son…”).
Ese imaginario no es algo que se piensa a cada rato, por supuesto, ni siquiera se es consciente de él; pero es el aliento que está en cada gesto. Su presencia decide hasta lo más cotidiano: comprarse o no comprarse algo, gastar o ahorrar, atreverse a conquistar a alguien que nos gusta o no, elegir una carrera que nos gusta o una que nos da seguridad, aspirar a otro trabajo, etcétera.
Pero, así como está presente en lo de todos los días, también se manifiesta en las más grandes empresas; porque las comunidades, las naciones, también poseen un imaginario, llamémoslo colec-tivo, y responden a él.
Ese imaginario obra, podríamos decir, de un modo parecido al individual. Así, la manera de en-carar los temas de salud o educación; el cuidado o el descuido de los aspectos ecológicos; la explotación o no de recursos naturales; los temas de seguridad industrial; la agresividad o debilidad en propuestas de exportación; la forma de gobierno; el salir a buscar nuevos mercados o no; y todos los aspectos de la vida de un país, están signados por ese imaginario colectivo.
Ahora bien, cuando un niño mete las manos en la arcilla las hunde en su imaginación y, en ver-dad, es su mundo interior el que se amasa entre sus dedos. Esto no tiene intenciones poéticas, es literal-mente así. En cada dibujo, cada cuento, la mente crece, gana en plasticidad para relacionar datos o con-cebir nuevas ideas, se modela.
Entonces, trabajar en el desarrollo de la creatividad, es trabajar en ese imaginario indivi-dual y colectivo de manera de volverlo favorable y posibilitario para el individuo y la comunidad.
¿Es necesario hacer una lista de lo que se consideraba utopía y ahora forma parte de nuestra realidad más cotidiana? Viajamos, dormimos, hablamos, utilizando cosas impensables en otras épocas. Nos asisten derechos y sentimos como muy natural que hay cosas básicas a las que todos tienen que tener acceso; pero eso también era terreno de la utopía.
No se trata de impulsar un idealismo ingenuo, sino de que comprendamos algo muy sencillo: nadie busca lo que no concibe. Por eso es esencial que “lo posible” crezca, se ensanche, conquiste nuevos territorios (primero adentro nuestro para luego aventurarnos a buscarlo afuera).

Finalmente

Lo que hizo que Ícaro cayera al mar no fue su pretensión de volar demasiado alto, sino la creen-cia, de ese entonces, en que “más alto” equivalía a “más cerca del sol” y por lo tanto se derretiría la cera. Si ese Ícaro hubiera existido, al menos por lo que a temperaturas se refiere, podría haber ascendido sin problemas y no hubiera pagado su ambición y su desafío cayéndose.
El griego contemporáneo, Cavafy, en su poema Itaca dice:

…………..
Los Lestrigones y los Cíclopes,
el furioso Poseidón… no los temas:
nunca encontrarás otros como ellos
en tanto tus pensamientos sean altos, y una rara
emoción toque tu espíritu y tu cuerpo.
Los Lestrigones y los Cíclopes,
el furioso Poseidón…no los encontrarás
a menos que los lleves en tu alma,
a menos que tu alma los construya ante ti.
……………..

Los dioses no van a castigar todo intento por imitarlos. En todo caso los que sí procurarán hacer-lo son los mediocres; los que, atornillados a cualquier resquicio de poder, ven en el cambio un peligro para su posición; y aquellos que no precisan seres libres sino engranajes obedientes.
Fomentar el desarrollo de la imaginación y la creatividad no es un lujo, ni siquiera al lado de temas como alimentación y salud; porque incluso la manera como se encaran, o descuidan, esos temas depende de aquel imaginario que hablábamos antes.

Lo repetimos:

* Nadie busca lo que no concibe.
* Nadie espera lo que no cree para sí.

Creatividad e imaginación no merecen menos esfuerzos que los que se dedican al desarrollo in-dustrial y comercial, pues hasta los tornillos primero se imaginan y luego se construyen. Sino vamos a seguir comprando soluciones ajenas para resolver problemas propios. Hay que tener una mentalidad muy a corto plazo para no ver esto. La diferencia, entre otras cosas, radica entre un proyecto de dependencia y un proyecto de comunidad independiente.
Ser más creativo no es importante porque se pueda producir más y mejor, sino porque forma par-te del derecho a plenitud que tiene toda persona; y el deber de toda comunidad, o estado, respecto de sus ciudadanos de brindar las condiciones que faciliten ese desarrollo y evitar todo lo que lo perturbe. La capacidad imaginativa forma parte indisoluble del derecho a trazarse horizontes dignos para la pro-pia vida.
Gianni Rodari en su Gramática de la Fantasía dice: …espero que estas páginas puedan ser igualmente útiles a quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quien tiene confianza en la creatividad infantil… No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.
El niño que trabaja con arcilla modela su vasija y la vasija lo modela a él. El que juega a cambiar finales de cuentos va descubriendo que en la vida también hay libertad y maneras para modificar lo que parecía un final obligado.

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996

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El verdadero papel del juego

15/01/2015 - (ensayos)

Luis Pescetti

 

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…el hombre es más frágil ante la racionalidad tecnológica
o administrativa de lo que nunca fue ante las instituciones
tradicionales. En la marea del crecimiento y del delirio
organizativo o planificador, aumenta el prestigio que se concede a
las actividades útiles. El trabajo invade la
totalidad del campo de la experiencia del hombre y los
comportamientos cuya redituabilidad no es evidente
se debilitan o desaparecen. El pensamiento institucional
nunca ha sido tan fecundante y tan integrista. El hombre
nunca ha tratado, con tanta obstinación, de borrar de su
horizonte la parte de utopía, de azar y de imprevisto sin
la cual su vida no sería distinta de la vida
de las abejas o las hormigas.

Jean Duvignaud. El juego del juego.

- Chairete -gritó con su voz profunda el bello saludo
de los griegos-, chairete, kyrioi… sean felices.
Las cabras se desperdigaron por entre los olivos,
balando entrecortadamente unas a otras sobre el
rítmico tintineo de las esquilas. Los pinzones gorjeaban
excitados. Un petirrojo infló el buche como una mandarina
entre el arrayán y prorrumpió en un chorro de canto.
La isla pareció bañada de rocío, radiante al primer sol
de la mañana, llena de vida bulliciosa. ‘Sean felices’.
¿Qué otra cosa se podía ser en una estación así?

Gerald Durrel.

El sistema tradicional de educación siempre está preocupado por ser científico, y no sólo cientí-fico en general, sino por parecerse a una ciencia exacta. Algún oscuro complejo de inferioridad debe haber atrás de esa errónea pretensión. “Ser científico” da un respaldo que nos vuelve inobjetables: no estamos en el continuamente cambiante terreno de la experiencia humana, sino en el de la ciencia con todo el aura de poder que da el “conocimiento objetivo”. De esa manera nuestro discurso, al estar res-paldado por datos científicos, se vuelve tan cierto como la distancia de la luna al sol o el punto de ebu-llición del agua.
Así se gastan enormes cantidades de tiempo y energía en hacer métodos y planificaciones que, las más de las veces, se quedan en el intento de atrapar la realidad. Eso que tendría que ser una ayuda para ordenar la tarea, facilitarla, se vuelve un elemento más que hay que atender; no hay que seguir el tiempo del grupo sino el del programa.
Pero no queda sólo ahí: cualquier cosa que se intente hacer con los niños tiene que estar justifi-cada “científicamente” y en relación al programa. Es entonces que aparecen libros de recreación con indicaciones tales como: “este juego desarrolla la memoria y la atención”, “éste desarrolla la coordina-ción psicomotriz”, “…desarrolla la coordinación en el espacio”, “…el sentido de equipo”. Como si fuéra-mos máquinas con botones o engranajes que necesitan tal ajuste, tanto de aceite.
De la misma manera que a los cuentos se los utilizó como vehículos de mensajes morales, a los juegos se los usa con objetivos pedagógicos. Lo repetiremos: las lecciones disfrazadas de juego son una trampa que el niño siempre reconoce.
Claro que los juegos enseñan, pero es imposible traducir a palabras todo lo que ocurre en un jue-go, como es difícil buscar el “mensaje” de un cuento y traducirlo a palabras. Cuanto mejor es el cuento esto es más imposible.
He encontrado libros con excelente material, pero que tenían una lista que aclaraba qué desarro-llaba cada juego: astucia, rapidez, agilidad, imaginación, ritmo, concentración, reflejos, gusto por el riesgo, etcétera De poco sirve un material bueno si está en función de una idea equivocada. Es un error grave ver al niño como un montón de facultades a desarrollar (memoria, sensorialidad, músculos, etcéte-ra).
Debemos hacernos dos preguntas:

¿Cuál es la mentalidad que busca la justificación de un juego en el desarrollo de potencialidades (me-moria, atención, etcétera)?.

¿Qué visión del hombre es la que, aún si darnos cuenta, estamos utilizando y desarrollando? (¿Una con-cepción mecanicista? ¿El hombre como una máquina de producir?)
Este es un aspecto clave para debatir, al menos para que cada uno tenga en claro al servicio de qué idea está poniendo sus esfuerzos.

Sólo una sociedad enferma necesita una justificación para permitir el juego.

En el otro extremo están quienes utilizan los juegos como elementos de mero entretenimiento, de distracción, para calmar a los niños cuando el grupo está muy excitado. Hacer esto es como utilizar un piano para sostener libros o una guitarra para leña. Se puede, pero nos estamos perdiendo lo mejor.

Un juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una he-rramienta de adiestramiento. Se parece más a una obra de arte: nadie ve un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo. Podríamos decir que un juego es como una obra de arte (en la mayoría de los casos: anónima y colectiva) que sólo existe cuando se la practica y para quienes la practican, no para los que miran de afuera.
Los juegos son importantes porque enseñan alegría, porque nos arrancan de nuestra pasividad y nos colocan en situación de compartir con otros. Así como la danza nos cuenta de algo que sólo con danza se puede contar, los juegos enseñan algo que sólo los juegos enseñan y que no se traduce en pala-bras. Brindan un buen clima de encuentro, una actitud distendida, nos revelan torpezas de un modo que no nos duele descubrirlas, cambian los roles fijos en un grupo, son otra manera de incorporar una sana y necesaria picardía, despiertan, “desactivan la bomba”. Por sobre todo, y esto corre el riesgo de sonar a telenovela barata, son un constante mensaje de vitalidad que se graba en quienes los realizan, aportan una especie de combustible vital básico.
Al igual que el carnaval nos invitan a que nos olvidemos de nuestra propia cara, de nuestra ma-nera habitual de ser y nos pongamos otras máscaras, otros roles. Quizás veamos que en nosotros también hay otros y que esos juegos los despiertan e invitan a salir y revelarse. Obtendremos, por un momento, aquello que tanto anhelaba Borges: el alivio que da dejar de ser nosotros mismos.
Como señala Jean Duvignaud, lo valioso de los juegos es que rompen el orden establecido y nos colo-can en una zona, en un “caos”, que está más allá de toda preocupación de eficacia, de finalidad, de uti-lidad. Zona de “caos” que está cargada de intensa vitalidad y de frescura.

La justificación de los juegos radica en su misma intensidad, en cierta fascinación perturbadora que producen, en su vértigo.

Una actividad lúdica bien utilizada es una poderosa herramienta de cambio.

Los juegos son herramientas de la alegría, y la alegría además de valer en sí misma es una herramienta de la libertad.

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996

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La hora de juego

14/01/2015 - (ensayos, taller digital)

Luis Pescetti

 

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El ejemplo se basa en una jornada
escolar común, ya sea simple o doble.

 

 

Podemos tomar algunas experiencias para promover el gusto por la lectura: la hora de lectura en silencio y trasladarlas al terreno del juego.
La hora de juego será un momento destinado a jugar a lo que se quiera, solo o con quien se desee; pero observando y respetando algunas características.

Cómo realizar la hora de juego

– Destinar un tiempo y un lugar para jugar.

– Todos deben participar: desde el director, hasta los niños, los maestros, el personal de limpieza, todos deben jugar.
No estamos hablando de que un par de maestros entretengan a los niños mientras los demás van a un salón a fumar y tomar café. No, estamos hablando de que toda la escuela se ponga a jugar: maes-tros, personal de limpieza, niños, personal jerárquico.

– Se permiten juegos compartidos (como los que aparecen en este libro) y juegos individuales.

– El que quiere puede traer juegos o juguetes de su casa. No es obligación.

– El espacio de juego, siempre que se pueda, será compartido. Quizás el patio, de modo que todos estén sentados en el piso atentos a su juego pero inmersos en un clima lúdico colectivo bien heterogéneo.
Esto es bueno porque quizás alguien pierde, o se aburre de su juego, levanta la cabeza y ve otros juegos que no hubiera conocido de haber estado aislado. Quizás, como ocurrió en la experiencia que nos basamos, se cruzan con la directora o un profesor y les vienen ganas de intercambiar sus juegos o de jugar a lo mismo.

– Se estimulará que no se formen siempre los mismo grupos de jugadores , que se presten los juguetes; en síntesis: que haya un buen fluir entre juegos, juguetes y jugadores. Esto no será nunca coercitivo. Cada uno elegirá con absoluta libertad a qué quiere jugar y con quiénes.

– Los juegos no tendrán orientaciones ni finalidades de tipo pedagógicas (nada de: “Juguemos a la tabla del seis” ni cosas que se le parezcan), ni psicológicas. La aclaración parecerá muy elemental pero, co-nociendo el paño, sabemos que no lo es: serán juegos utilizados para jugar.

Variante
Que se realicen 20 minutos de juego todos los días antes de empezar la jornada escolar. Perso-nalmente me parece mejor la opción anterior. De todos modos la experiencia directa en cada caso con-creto es la que realmente dice cómo debe ser.

Implementar la actividad en forma progresiva:

Dado lo inusual de la actividad, y la inexperiencia general en la materia, tal vez sería conveniente hacer un plan progresivo. Nadie está preparado para una experiencia de estas características, ni niños ni adultos, por eso mismo una implementación paulatina puede ser un factor importante para el éxito de la misma.

– Un primer mes con una o dos horas quincenales, o sea sólo dos actividades en el mes.
– Mientras, se va conversando y analizando sobre cuáles fueron las principales dificultades y posibles estrategias para mejorar la experiencia.
– Un segundo mes con sólo dos actividades, o bien aumentando apenas una hora.
– Y así, progresivamente, ir aumentando a medida que todos van aprendiendo esta “cultura del juego en común”.

¿Puede ser en cualquier horario?

Es muy importante que el momento elegido no sea un “hueco” en el horario escolar, por ejemplo: la última hora del viernes y cosas así. No ponemos una hora de juego porque los niños estén cansados de hacer otra cosa sino porque es bueno que una institución educativa disponga de un momento de juego.
Esto se puede objetar diciendo: “Es contradictorio poner horarios fijos para los juegos, nadie juega con ganas sólo porque a esa hora hay que hacerlo”. Eso es verdad, tanto que nadie estaría obliga-do a jugar ni siquiera. Si no quiere jugar, no juega; con la aclaración de que no puede “aprovechar ese tiempo” para hacer una tarea o cosas por el estilo (ver el capítulo XV El encuadre de las actividades).

Es bueno que haya horarios

* Porque es un momento tan importante como cualquier otro de la escuela.
* Para no caer en la tentación de “utilizar horas que queden libres”.
* Para que a nadie se le ocurra “dar esa hora como premio”.
* Para que sea un momento esperado.
* Porque una institución ya empieza a cambiar cuando es capaz de destinar (institucionalmente, no “en negro”) horarios y lugares para este tipo de actividad.

El valor de jugar todos juntos, objetivos de esta actividad

Esto de crear un clima lúdico es muy importante. Los ámbitos obran sobre las personas, ejercen su influencia. No es lo mismo un grupo jugando en uno de los salones que saber que toda la escuela está jugando en ese mismo momento; que eso es algo que tiene sus horarios y se repite regularmente. De esta manera, ese momento cobra muchísima más fuerza; y adquiere un sentido que, incluso, trasciende el hecho de jugar tal como se lo hace habitualmente.
¿Pueden imaginar la escuela de su infancia haciendo esto? ¿Hubiera sido la misma? Si yo ima-gino la mía sé que no hubiera tenido muchas rigideces que sólo entorpecieron mi relación con el cono-cimiento y con los demás.
Estoy plenamente convencido de que esa escuela se transformaría poco a poco y, nuevamente, como el ambiente obra sobre las personas, éstas también se transformarían. Lo repetimos: los juegos, bien utilizados, son una poderosa herramienta de cambio; para una persona, un grupo, o una institución.
Para que quede más claro el porqué de esta actividad, sugerimos que vuelvan a leer Las otras pobrezas y El verdadero papel del juego.

No es obligación jugar

Nadie puede estar obligado a jugar a lo que no le gusta o no desea en ese momento, ni a jugar con quien no quiere hacerlo, ni siquiera a prestar sus juguetes.
En cuanto empieza a haber imposiciones en cualquiera de esos tres aspectos esenciales a la naturaleza del hecho de jugar, ya deja de ser un juego y pasa a ser una especie de “gimnasia ética teledirigida”. No se va a diferenciar de cualquier otra clase donde se le quiere imponer a alguien, como jarabe, una serie de principios morales. Si se presiona en esos tres puntos, se pierde totalmente el espíritu lúdico.
Seguramente es mejor que los niños aprendan a compartir, no rechacen a otro, etcétera, pero mucho peor que un niño egoísta, es un adulto obligándolo a que deje de serlo, por decreto.
Así no funciona la naturaleza humana, ni en los niños ni en los adultos.
El juego, un espíritu lúdico, un espacio para jugar, son suficientemente poderosos en sí mismos como para que estemos utilizándolos como herramientas de otras cosas (nuevamente sugerimos ver el capítulo XV El encuadre de las actividades).

Ludoteca

Nada original, pero no es malo recordar la posibilidad de crear una Ludoteca. Esta incluirá ju-guetes y juegos que se puedan ir comprando; otros fabricados por niños o padres; un libro que sea un repertorio de juegos: para hacer en campamentos, salones, etcétera. Juegos que juegan sus padres hoy, los que jugaban en su infancia. Juegos de otros países. Escribir e intercambiar juegos con otros niños del país o del mundo. Al estilo de lo que hicimos con el archivo sonoro-musical .

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996

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Hacer un archivo sonoro – musical

12/01/2015 - (ensayos, taller digital)

Luis Pescetti

…Las dunas, tanto en Flandes como
más tarde en las islas de Virginia, con el
ruido del mar que dura desde el comienzo del
mundo; la humilde cajita de música suiza, que
toca pianísimo una pequeña aria de Hayden, y
que hice funcionar en la cabecera de Grace,
una hora antes de su muerte, cuando las palabras y
los contactos ya no la alcanzaban…

Marguerite Yourcenar

 

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¿De dónde surge la idea?

… Yo espero que estas páginas puedan ser igualmente útiles a quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quien tiene confianza en la creatividad infantil; a quien conoce el valor de liberación que puede tener la palabra.El uso total de la palabra para todos me parece un buen lema, de bello sonido democrático. No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.

Así termina el prefacio de Gramática de la Fantasía de Gianni Rodari. Si lo adaptamos a nuestro tema tenemos ahí una guía excelente para nuestro trabajo:

– …a quien conoce el valor de liberación que puede tener el juego.
– …a quien conoce el valor de liberación que puede tener la música.
– …El uso total del juego para todos.
– … El uso total de la música para todos.

“El uso total de la música para todos” me invita a buscar toda la música que nos rodea. Ese no sería un mal primer paso. No hace falta ser un erudito en música, cualquier maestro puede.

¿Qué es un archivo sonoro-musical?

Es un registro de los sonidos y la música que habitualmente llega a nosotros. Más allá de que nos guste o no, es algo objetivo, lo que oímos todos los días: en la calle, la radio, etcétera.
Vamos a hacer un repertorio sonoro y musical, como cuando un negocio hace un inventario. Oiremos y anotaremos todo nuestro mundo sonoro, el que produce la naturaleza, el que produce el hombre. La idea básica de esta actividad es que tomemos conciencia y nos nutramos de nuestro entorno sonoro-musical. Valernos de lo más cercano. No buscamos enseñar nada sino detenernos a oír lo que todo los días oíamos sin prestar atención. ¿Cuál es el objetivo de esto?: despertar al mundo del sonido, desarrollar el gusto por la música.

Cómo hacerlo

Se trata en primer lugar, por ejemplo, de ver cual es toda la música que nos rodea. Haremos un relevamiento, prestaremos atención a toda la música que se oye en las radios y las televisiones de los niños de este salón.
Pegaremos unas hojas grandes para anotarlas ahí, o en un cuaderno. Si hay ganas se puede clasi-ficarlas, pero sólo si hay ganas.
Podemos seguir por ver cuales son las canciones que saben los niños de este salón. Las anota-mos. Habrá algunas que serán de amor, otras de campamento.
Luego veríamos qué música les gusta a los chicos de ese salón, que traigan discos y cassettes de sus casas. Oímos, al menos, una canción por niño. Anotamos.
Podríamos continuar así: que cada niño le pregunte a sus padres qué canciones les gustan, y cuales recuerdan de su infancia. Cuando volvemos a clase no hay que contarlas, sino cantarlas; una por niño cuando menos. Anotamos.
Lo que tenemos ahí ya es mucho, una enorme y diversa cantidad de estilos, nacionalidades, gé-neros.
Luego podríamos invitar a músicos que conozcamos (recuerden que siempre nos manejamos con lo cercano, lo que está a la mano). Les pediríamos que tocaran algo para nosotros, más allá de los gustos, con el afán de conocer. Anotamos qué y quiénes conseguimos.
Mejor que hacer un archivo musical es hacer un Archivo Sonoro Musical. Eso nos permite avanzar al terreno de los sonidos: tendremos que hacer un archivo de ruidos de nuestro salón, de la es-cuela, de la ciudad. Grabaremos y oiremos los más que podamos. Podremos separar:

* Sonidos producidos por los hombres.
* Sonidos producidos por las mujeres.
* Sonidos producidos por los niños.
* Sonidos de la naturaleza.
* Sonidos producidos por los animales.
* Sonidos producidos por máquinas o artefactos electrónicos.
* Otros.

Observen que nada más haciendo un relevamiento de la música y los sonidos que nos rodean habremos logrado ponernos en contacto y nutrirnos de un enorme mundo sonoro y musical. Este tipo de trabajo tan sencillo y al alcance de cualquiera, sepa o no música, es un buen paso hacia la musicalización y el desarrollo del gusto por la música.
No hace falta ir muy lejos, sin movernos, prestando atención a lo que a nosotros llega, nos en-contraremos con una incalculable cantidad de material para trabajar. Hay que tomarlo, oírlo, hacerlo circular por el grupo, cantar las canciones, imitar los ruidos.

Algunos contenidos que podemos sugerir

Se sienten alegres trineos de las golondrinas.
…y también vienen maullando las golondrinas
en procura de las flores que van floreciendo.
Hay mucho más movimiento y las vacas
empiezan a dar más leche y pasan más camiones
de Conaprole por la carretera.

“La primavera”, escritos por niños y
recopilados por el maestro J.M. Firpo

Esta especie de archivo, de relevamiento, lo iremos enfocando por partes:

* Música que pasan por la radio.
* Música que pasan por la televisión.
* Gustos musicales del grupo.
* Gustos musicales de sus padres.
* Canciones infantiles que recuerden.
* Preguntar a los padres por sus canciones infantiles.
* Músicos o grupos musicales que sean del pueblo o que accederían a ir a tocar y charlar con el grupo.
* Las canciones más lindas, más feas, más raras, que oímos en la semana.
* Sonidos de la radio y la televisión.
* Sonidos de nuestro salón, de nuestra escuela.
* Sonidos de nuestra casa.
* Sonidos de nuestro pueblo o ciudad.
* Sonidos de las afueras de nuestro pueblo.
* Preguntarle a los padres qué sonidos había antes. Cuáles ya no se oyen.
* Oír el silencio. El silencio de la escuela, de la casa, de la ciudad. ¿Son iguales todos los silencios? ¿Qué diferentes clases de silencios hay? ¿Cuánto es medio minuto de silencio? ¿Cuánto dura un minuto de silencio? ¿Alguna vez se quedaron 15 minutos en absoluto silencio? ¿Qué se siente?
* Sonidos que gustan, ruidos que asustan, ruidos que dan vergüenza, etcétera.
* Otros.

Un par de consejos (con perdón)

La lista anterior no es una indicación de qué orden hay que seguir, de ninguna manera. Una regla de oro es comenzar y seguir por lo que llama la atención, por lo que despierta la curiosidad.
Es preferible perderse de oír una canción o un ruido, que media hora de aburrimiento. Empiece por lo que más le guste o llame la atención, termínelo o interrúmpalo para pasar a otra cosa; luego re-grese o no regrese nunca. Atienda al clima de la clase como si usted fuera un actor que hace un uniper-sonal. A veces hay que dejar un tema, pasar a otro, para luego poder seguir con el anterior.
No se aferre a ideas rígidas del tipo: “de lo más fácil a lo más difícil”, “de lo sencillo a lo com-plejo”, “primero completamos una cosa y luego pasamos a otra”, etcétera. A veces es así y a veces no.
Quizás es un trabajo para hacer todos los días, quizás no y hay que hacerlo a lo largo de todo el año, apenas un poco cada semana. Siempre dependerá del entusiasmo del grupo y del profesor.
Recuerde que se trata de oír los sonidos, no de imaginarlos:
Nada de lo que nombremos será imaginado solamente. Esta es una actividad de la sensorialidad auditiva y no de la imaginación, por lo tanto habrá que oír todas las músicas, grabar los sonidos, imitar-los, reproducirlos como se pueda. Cerrar los ojos, oír, anotar. Somos exploradores que buscamos soni-dos, exploradores de ruidos. La única condición para hacer todo esto es la que nos impone la música: debemos oír. No nombrar, no leer listas, sino oír. Detenernos, hacer silencio y dejar que eso nos llegue. Despertar al mundo del sonido.

Despreocúpese de la ansiedad por hacer “cosas productivas”:
No hace falta “saber música” para conducir esta actividad. Atrévase a realizarla con su grupo si no hay profesor de música, o si lo desea. Nunca será tiempo perdido, sino mundo y vida sensible gana-da.
Tómese tiempo, no es una mera enumeración de músicas y sonidos. Es como si nos quisiéramos tostar con soles de distintas playas. No se deje llevar por la ansiedad de “no estar haciendo nada pro-ductivo”. Disfrute lo que pueda oír, como a un mundo nuevo. No se apure ni apure al grupo. Como dice Cavafy en una parte de su poema Itaca:

…………….
Pide que tu viaje sea largo.
Pide entrar en muchos amaneceres de verano
-con cuánta gratitud, con cuánta alegría-
en puertos que veas por primera vez;
detenerte en los mercados fenicios,
y comprar buena mercancía,
perlas y coral, ámbar y ébano,
y perfumes sensuales, tanto como puedas;
visitar muchas ciudades egipcias,
y llenarte con las palabras de los sabios.

Siempre ten a Itaca en tu mente.
La misión de tu destino es llegar allí.
Pero por nada del mundo apures el viaje
es mejor que dure años………………

Olvídese de que “tiene que enseñar algo”: no tiene que enseñar nada, sino conocer y animar en el grupo la curiosidad por el sonido y la música. De dónde viene, de qué época, cómo se baila, cómo es el país en que se toca. Preguntarse y preguntarse cosas, siempre que sea con entusiasmo de conocer y no como tarea obligatoria.

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996

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