Mansito el perro…

31/01/2015 - (chistes)

Luis Pescetti

Carlos Varela

Cierta vez Totó se disputaba un pozo de petróleo con un jeque árabe y decidieron hacer una pelea de perros y el pozo quedaría para el dueño del perro ganador.
El día de la pelea llegó el jeque con un coche enorme y cuatro guardaespaldas que sostenían con cadenas a un perro tan grande y feroz que apenas podían con él.

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No, gracias

29/01/2015 - (cuentos etc.)

Luis Pescetti

(Del libro Nadie te creería)

A Jorge Aviglianono-gracias

Cierta vez un niño despertó con el deseo de cambiar, de ser bueno. Decidió pasar a ser un niño del que todos estuvieran orgullosos: sus padres, sus hermanos, sus vecinos, su ciudad. Incluso su país, orgulloso de contar con un niño tan bueno entre los suyos.

Bajó de la cama de un salto, oyó que su hermano se estaba bañando y ofreció acercarle la toalla:

– No, gracias (le respondió desde debajo de la ducha).

Se vistió y corrió hacia la cocina, encontró a la mamá colocando las tazas en la mesa.

– ¡Te ayudo!

– No, mi amor, gracias.

Ofreció sacar a pasear al perro, pero ya regresaba su padre que había hecho eso y le dijo:

– No, gracias.

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Vamos a contar mentiras

26/01/2015 - (canciones, videos)

Luis Pescetti


Canción infantil grabada por Luis en el programa Bizbirije (Once-niños), de México

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Juegos de animación musical

21/01/2015 - (juegos, taller digital)

Luis Pescetti

foto: Mateo Oviedo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

pdfPDF con  los juegos, rimas y partituras, click acá

 

Juegos con sus parituras e indicaciones, rimas para hacer con palmas.

 

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996)

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Crear espacios de audición musical

19/01/2015 - (taller digital)

Luis Pescetti

 

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…Haciéndose kitsch, el arte halaga el desorden que reina en el ‘gusto’ del aficionado.
El artista, el galerista, el crítico y el público se complacen conjuntamente en el qué-más-da,
y lo actual es el relajamiento. Pero este realismo del qué-más-da es el realismo del dinero:
a falta de criterios estéticos, sigue siendo posible y útil medir el valor de las obras por la ganancia
que se pueda sacar de ellas. Este realismo se acomoda a todas las tendencias, como se adapta
el capital a todas las ‘necesidades’, a condición de que las tendencias y las necesidades tengan poder de compra..

Jean-François Lyotard

…un latinoamericano que se pregunta: ‘¿Qué tan
contemporáneo soy?’, en rigor está diciendo:
‘¿Qué tan cerca o qué tan lejos del modelo
norteamericano estoy?… A diario, y sea o
no consciente esa actitud, lo anacrónico
resulta lo alejado de los modelos norteamericanos…
…¿De qué modo condenar, por ejemplo, a
los jóvenes de las clases populares que,
al americanizarse en diversos niveles,
creen así exorcizar su estruendosa falta
de porvenir?

Carlos Monsiváis, escritor mexicano.

…quizá no haya un tema tan importante de reflexión como el de la percepción
del otro, de lo otro, de lo que nos es extraño, y más aún de lo que nos es
extraño y próximo.

Hugo Hiriart, dramaturgo mexicano.

¿Qué son estos espacios?

Serán momentos (media hora, una hora, dos, según) que destinaremos a oír música, nada más. Crear espacios es destinar cierto tiempo y cierto lugar a hacer algo en especial. Un espacio de audición musical es la oportunidad para oír música que normalmente no hubiéramos oído.
Esos espacios, si se los practica con frecuencia, se vuelven internos. Vale decir que la persona incorpora de modo natural la posibilidad de juego, de silencio, de encuentro consigo mismo y con lo que le gusta.

Sus características

* Es un momento para oír, no se puede ocupar en realizar tareas.

* Todos pueden llevar música que les guste para compartirla con los demás.

* Hay que respetar el gusto de todos. Están prohibidos los juicios de valor, sea que se hagan como críticas o como bromas.

* Como profesores compartiremos la música que nos gusta. Dentro de ésta intentaremos llevar lo que
sea más inusual para el grupo. Explicaremos por qué nos gusta. Podemos estar muy contentos si lo-gramos contagiar nuestro amor por la música o por determinados autores. Nosotros tampoco podremos hacer juicios de valor, y menos aún: llevar una música porque la consideremos “más elevada”. Eso es una trampa, a nadie le gusta que lo “civilicen”, por lo tanto deberemos limitarnos a llevar, compartir, la música que sinceramente amamos.

* Como hay diferentes gustos, quizás tendría que haber más de un salón, para poder elegir ir a oír dis-tintos estilos. Si esto no es posible será bueno discutir con el grupo otras opciones.

¿Por qué es importante?

Somos curiosos por naturaleza. Cuando esa curiosidad está muy aplacada o no existe es muy probable que sea porque algo está frenando ese impulso vital de la conciencia: conocer y expandirse. Quizás miedo a los desconocido, autosuficiencia por ignorancia, inseguridad; no importa qué, algo adormeció aquella tendencia.
Es así que muchas veces nos encontramos con gente qué sólo gusta de tal o cual tipo de músi-ca. En realidad no es un problema que a alguien le guste determinada “música comercial”, por ejemplo. El problema es si sólo le gusta esa música. Si su sensibilidad está absolutamente embotada e imposibi-litada de disfrutar de otras que hay en el mundo.
No estamos hablando de “corregir el gusto estético”. Nadie tiene derecho a ponerse en esa acti-tud. Más bien pensamos que si una persona que ha recibido estímulos ricos es alguien abierto a conocer, a crecer; alguien que se cierra a lo nuevo, a lo distinto es porque no recibió buenos estímulos. Nadie prefiere un mundo pobre si conoce otras opciones. Está perfecto que alguien elija su pequeña aldea; pero mejor si lo hace después de saber que existe el mundo; y en él: miles de grandes y pequeñas aldeas. Y de todas esas, quizás cien son tan atractivas que a esa persona le gustaría quedarse en ellas sinceramente. Sería un ciudadano amante de su aldea por elección, con conciencia de mundo, desprendido de todo fanatismo.
Afortunadamente el goce estético no necesita dejar de gustar de una cosa para pasar a otra. Pue-de expandirse generosamente. Dedicar tiempo nada más que a oír música es una buena posibilidad para este trabajo, de la misma manera que se dedica tiempo para leer, para desarrollar el gusto por la lectura. Tenemos que crear espacios de audición para desarrollar el gusto por la música. No un gusto limitado por la moda o los prejuicios, sino una sensibilidad que pueda disfrutar de más opciones. Pero hay que crear ese espacio para que esa sensibilidad tenga la oportunidad de surgir.

El valor de los espacios de audición

Es como si a una persona le dijéramos: “No eres una herramienta que pasa por el mundo sin darse cuenta; ésto lo descubrirás cuando te detengas a oír, a tocar, a ver”.
Todos los días estamos rodeados por una infinidad de ruidos, pero si un día nos detenemos, ce-rramos los ojos y atendemos intensamente: ahí ocurrirá algo. Es probable que despertemos a otra sensi-bilidad del mundo.
Porque, teniendo en cuenta las citas que abren este capítulo, es nuestro deber crear espacios en los que aparezcan más de un “modelo posible”; espacios de audición que no dependan tanto de las leyes de mercado. Crear espacios en los que, aunque más no sea por un instante, se abran nuestras puertas a otras maneras de crear, a otros gustos, a otros maneras de ser, a otros mundos. Esa sensibilidad que nace, como nos señala Rodari, no despierta solamente para la música y el sonido.

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996)

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El sapito

17/01/2015 - (juegos, videos)

Luis Pescetti


Luis en canal 7 (Argentina)

Este juego fue transmitido por un maestro mexicano, del Estado de Tabasco


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Creatividad y fantasía ¿lujo o necesidad?

16/01/2015 - (ensayos)

Luis Pescetti

 

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…el imaginario sopla donde puede y sin lugar
específico se instala en la vida…una práctica
que evoca la del niño que hace de un trozo de madera
un caballo o de un trapo una bandera: la denominación
de las cosas, separadas de su eficacia funcional, se
abre a todo aquello que le propone el azar y remite al
dinamismo de la creatividad de la que ya no son
únicos depositarios el arte y la cultura…

Jean Duvignaud. El juego del juego.

…¿y acaso la imaginación ‘diurna’ del sabio está
tan lejos de la imaginación ‘nocturna’ del pintor,
o del escritor, creadores de lo fantástico? Como lo
hace notar Paul Valéry, el genio de Newton
consistió en decir que la luna cae cuando todos
ven muy bien que no cae.

Jacqueline Held. Los niños y la Literatura Fantástica.

Dado que estamos tratando la importancia de una actividad no productiva como es el juego, creo necesario dar algunas vueltas más en torno al sentido de todo este trabajo.
Ya vimos, con Rodari, el valor de desarrollar la imaginación en todos los terrenos: matemáticas, música, etcétera. Vimos que un factor decisivo para el desarrollo de la imaginación es crecer en un am-biente rico en estímulos en todas las direcciones. Ya aclaramos que en los juegos y la música encontra-mos estímulos poderosísimos y con muchas posibilidades.
Ahora nos repetiremos esta pregunta: ¿Por qué es importante el desarrollo de la creatividad? Vamos a intentar una respuesta que toque otros aspectos que los ya tratados.

El acento puesto en producir

Generalmente cuando se piensa en creatividad se lo hace en términos de productividad. En una escuela o en una empresa, siempre se ve a la creatividad como la posibilidad de mejorar cualitativa y cuantitativamente la producción de objetos e ideas. Sean éstos cuentos, un nuevo producto en el merca-do, una máscara de arcilla o una propaganda para televisión.
Cada vez que doy un taller descubro en los docentes el mismo interés: cómo lograr que los niños escriban mejor, sean creativos (en el sentido de capaces de producir cosas originales). Lo mismo encon-tramos en muchos libros dedicados a la creatividad. Siempre producir, rendir más y mejor. Sin embargo ese no es el aspecto más importante del hecho creativo, hay otro que pocas veces se tiene en cuenta. Para abordarlo debemos hacer un cambio de óptica y poner el acento en el sujeto y no tanto en lo que éste crea.
Así como el analfabeto no puede desenvolverse solo, depende de otros y está expuesto al enga-ño, un mundo imaginario empobrecido coloca a la persona en situación de aceptar sumisamente las con-diciones en las que vive; lo deja inerme frente a fuerzas (internas y externas) superiores a él, que condi-cionan su existencia.
La imaginación no es un “lujo de tiempo libre” para sociedades opulentas. La persona que no es dueña de sus posibilidades creativas y posee un mundo imaginario limitado, ni siquiera puede desear otro modo de vida; porque hasta el mero deseo implica, aunque sea, la mínima sospecha de que existen otras opciones, que lo que se vive no es lo único.
A todos nos ha sucedido que alguien nos explica o revela algo y “se nos abren los ojos”, vemos cosas que antes nos pasaban inadvertidas aunque siempre habían estado. Es muy común que alguien no perciba que está viviendo algo malo, porque dentro de su panorama no hay nada que pueda comparar como mejor. Esto se debe a que lo que deseamos, lo que percibimos y lo que somos capaces de imaginar están íntimamente entrelazados.
La imaginación, la lucidez, la capacidad creativa, son herramientas que permiten cierto grado de maniobra, cierta independencia, frente a un devenir mecánico de la existencia. Dan la posibilidad de modelar las circunstancias de un modo más favorable para la propia evolución.
Enriquecer el mundo imaginario y dar herramientas para la creatividad va mucho más allá de producir más y mejor, cualquiera sea el campo de actividad. Es algo que responde al deseo de libertad y al impulso, inherente a todo lo que está vivo, de desarrollar sus potencialidades con la mayor plenitud posible.

El mundo imaginario

Las personas crecemos y nos desarrollamos dentro de un paisaje que imaginamos, consciente o inconscientemente, como natural y propio para nuestra vida. En ese imaginario están dibujadas todas las cosas que creemos que se pueden hacer y las que no. Ahí están los límites de lo que tenemos por posible e imposible (“eso nunca va a pasar…”, “eso le ocurrirá a otros, pero a mí nunca…”); los límites de lo que somos capaces de concebir (“no tiene solución…”, “no hay respuesta para eso… “); también aquello que tenemos por realidad o por fantasía (“eso sólo pasa en las películas…”, “los sueños, sueños son…”).
Ese imaginario no es algo que se piensa a cada rato, por supuesto, ni siquiera se es consciente de él; pero es el aliento que está en cada gesto. Su presencia decide hasta lo más cotidiano: comprarse o no comprarse algo, gastar o ahorrar, atreverse a conquistar a alguien que nos gusta o no, elegir una carrera que nos gusta o una que nos da seguridad, aspirar a otro trabajo, etcétera.
Pero, así como está presente en lo de todos los días, también se manifiesta en las más grandes empresas; porque las comunidades, las naciones, también poseen un imaginario, llamémoslo colec-tivo, y responden a él.
Ese imaginario obra, podríamos decir, de un modo parecido al individual. Así, la manera de en-carar los temas de salud o educación; el cuidado o el descuido de los aspectos ecológicos; la explotación o no de recursos naturales; los temas de seguridad industrial; la agresividad o debilidad en propuestas de exportación; la forma de gobierno; el salir a buscar nuevos mercados o no; y todos los aspectos de la vida de un país, están signados por ese imaginario colectivo.
Ahora bien, cuando un niño mete las manos en la arcilla las hunde en su imaginación y, en ver-dad, es su mundo interior el que se amasa entre sus dedos. Esto no tiene intenciones poéticas, es literal-mente así. En cada dibujo, cada cuento, la mente crece, gana en plasticidad para relacionar datos o con-cebir nuevas ideas, se modela.
Entonces, trabajar en el desarrollo de la creatividad, es trabajar en ese imaginario indivi-dual y colectivo de manera de volverlo favorable y posibilitario para el individuo y la comunidad.
¿Es necesario hacer una lista de lo que se consideraba utopía y ahora forma parte de nuestra realidad más cotidiana? Viajamos, dormimos, hablamos, utilizando cosas impensables en otras épocas. Nos asisten derechos y sentimos como muy natural que hay cosas básicas a las que todos tienen que tener acceso; pero eso también era terreno de la utopía.
No se trata de impulsar un idealismo ingenuo, sino de que comprendamos algo muy sencillo: nadie busca lo que no concibe. Por eso es esencial que “lo posible” crezca, se ensanche, conquiste nuevos territorios (primero adentro nuestro para luego aventurarnos a buscarlo afuera).

Finalmente

Lo que hizo que Ícaro cayera al mar no fue su pretensión de volar demasiado alto, sino la creen-cia, de ese entonces, en que “más alto” equivalía a “más cerca del sol” y por lo tanto se derretiría la cera. Si ese Ícaro hubiera existido, al menos por lo que a temperaturas se refiere, podría haber ascendido sin problemas y no hubiera pagado su ambición y su desafío cayéndose.
El griego contemporáneo, Cavafy, en su poema Itaca dice:

…………..
Los Lestrigones y los Cíclopes,
el furioso Poseidón… no los temas:
nunca encontrarás otros como ellos
en tanto tus pensamientos sean altos, y una rara
emoción toque tu espíritu y tu cuerpo.
Los Lestrigones y los Cíclopes,
el furioso Poseidón…no los encontrarás
a menos que los lleves en tu alma,
a menos que tu alma los construya ante ti.
……………..

Los dioses no van a castigar todo intento por imitarlos. En todo caso los que sí procurarán hacer-lo son los mediocres; los que, atornillados a cualquier resquicio de poder, ven en el cambio un peligro para su posición; y aquellos que no precisan seres libres sino engranajes obedientes.
Fomentar el desarrollo de la imaginación y la creatividad no es un lujo, ni siquiera al lado de temas como alimentación y salud; porque incluso la manera como se encaran, o descuidan, esos temas depende de aquel imaginario que hablábamos antes.

Lo repetimos:

* Nadie busca lo que no concibe.
* Nadie espera lo que no cree para sí.

Creatividad e imaginación no merecen menos esfuerzos que los que se dedican al desarrollo in-dustrial y comercial, pues hasta los tornillos primero se imaginan y luego se construyen. Sino vamos a seguir comprando soluciones ajenas para resolver problemas propios. Hay que tener una mentalidad muy a corto plazo para no ver esto. La diferencia, entre otras cosas, radica entre un proyecto de dependencia y un proyecto de comunidad independiente.
Ser más creativo no es importante porque se pueda producir más y mejor, sino porque forma par-te del derecho a plenitud que tiene toda persona; y el deber de toda comunidad, o estado, respecto de sus ciudadanos de brindar las condiciones que faciliten ese desarrollo y evitar todo lo que lo perturbe. La capacidad imaginativa forma parte indisoluble del derecho a trazarse horizontes dignos para la pro-pia vida.
Gianni Rodari en su Gramática de la Fantasía dice: …espero que estas páginas puedan ser igualmente útiles a quien cree en la necesidad de que la imaginación ocupe un lugar en la educación; a quien tiene confianza en la creatividad infantil… No para que todos sean artistas, sino para que nadie sea esclavo.
El niño que trabaja con arcilla modela su vasija y la vasija lo modela a él. El que juega a cambiar finales de cuentos va descubriendo que en la vida también hay libertad y maneras para modificar lo que parecía un final obligado.

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996

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El verdadero papel del juego

15/01/2015 - (ensayos)

Luis Pescetti

 

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…el hombre es más frágil ante la racionalidad tecnológica
o administrativa de lo que nunca fue ante las instituciones
tradicionales. En la marea del crecimiento y del delirio
organizativo o planificador, aumenta el prestigio que se concede a
las actividades útiles. El trabajo invade la
totalidad del campo de la experiencia del hombre y los
comportamientos cuya redituabilidad no es evidente
se debilitan o desaparecen. El pensamiento institucional
nunca ha sido tan fecundante y tan integrista. El hombre
nunca ha tratado, con tanta obstinación, de borrar de su
horizonte la parte de utopía, de azar y de imprevisto sin
la cual su vida no sería distinta de la vida
de las abejas o las hormigas.

Jean Duvignaud. El juego del juego.

- Chairete -gritó con su voz profunda el bello saludo
de los griegos-, chairete, kyrioi… sean felices.
Las cabras se desperdigaron por entre los olivos,
balando entrecortadamente unas a otras sobre el
rítmico tintineo de las esquilas. Los pinzones gorjeaban
excitados. Un petirrojo infló el buche como una mandarina
entre el arrayán y prorrumpió en un chorro de canto.
La isla pareció bañada de rocío, radiante al primer sol
de la mañana, llena de vida bulliciosa. ‘Sean felices’.
¿Qué otra cosa se podía ser en una estación así?

Gerald Durrel.

El sistema tradicional de educación siempre está preocupado por ser científico, y no sólo cientí-fico en general, sino por parecerse a una ciencia exacta. Algún oscuro complejo de inferioridad debe haber atrás de esa errónea pretensión. “Ser científico” da un respaldo que nos vuelve inobjetables: no estamos en el continuamente cambiante terreno de la experiencia humana, sino en el de la ciencia con todo el aura de poder que da el “conocimiento objetivo”. De esa manera nuestro discurso, al estar res-paldado por datos científicos, se vuelve tan cierto como la distancia de la luna al sol o el punto de ebu-llición del agua.
Así se gastan enormes cantidades de tiempo y energía en hacer métodos y planificaciones que, las más de las veces, se quedan en el intento de atrapar la realidad. Eso que tendría que ser una ayuda para ordenar la tarea, facilitarla, se vuelve un elemento más que hay que atender; no hay que seguir el tiempo del grupo sino el del programa.
Pero no queda sólo ahí: cualquier cosa que se intente hacer con los niños tiene que estar justifi-cada “científicamente” y en relación al programa. Es entonces que aparecen libros de recreación con indicaciones tales como: “este juego desarrolla la memoria y la atención”, “éste desarrolla la coordina-ción psicomotriz”, “…desarrolla la coordinación en el espacio”, “…el sentido de equipo”. Como si fuéra-mos máquinas con botones o engranajes que necesitan tal ajuste, tanto de aceite.
De la misma manera que a los cuentos se los utilizó como vehículos de mensajes morales, a los juegos se los usa con objetivos pedagógicos. Lo repetiremos: las lecciones disfrazadas de juego son una trampa que el niño siempre reconoce.
Claro que los juegos enseñan, pero es imposible traducir a palabras todo lo que ocurre en un jue-go, como es difícil buscar el “mensaje” de un cuento y traducirlo a palabras. Cuanto mejor es el cuento esto es más imposible.
He encontrado libros con excelente material, pero que tenían una lista que aclaraba qué desarro-llaba cada juego: astucia, rapidez, agilidad, imaginación, ritmo, concentración, reflejos, gusto por el riesgo, etcétera De poco sirve un material bueno si está en función de una idea equivocada. Es un error grave ver al niño como un montón de facultades a desarrollar (memoria, sensorialidad, músculos, etcéte-ra).
Debemos hacernos dos preguntas:

¿Cuál es la mentalidad que busca la justificación de un juego en el desarrollo de potencialidades (me-moria, atención, etcétera)?.

¿Qué visión del hombre es la que, aún si darnos cuenta, estamos utilizando y desarrollando? (¿Una con-cepción mecanicista? ¿El hombre como una máquina de producir?)
Este es un aspecto clave para debatir, al menos para que cada uno tenga en claro al servicio de qué idea está poniendo sus esfuerzos.

Sólo una sociedad enferma necesita una justificación para permitir el juego.

En el otro extremo están quienes utilizan los juegos como elementos de mero entretenimiento, de distracción, para calmar a los niños cuando el grupo está muy excitado. Hacer esto es como utilizar un piano para sostener libros o una guitarra para leña. Se puede, pero nos estamos perdiendo lo mejor.

Un juego es una totalidad muy compleja que apunta a una infinidad de aspectos. No es una he-rramienta de adiestramiento. Se parece más a una obra de arte: nadie ve un cuadro para desarrollar su sensibilidad al amarillo. Podríamos decir que un juego es como una obra de arte (en la mayoría de los casos: anónima y colectiva) que sólo existe cuando se la practica y para quienes la practican, no para los que miran de afuera.
Los juegos son importantes porque enseñan alegría, porque nos arrancan de nuestra pasividad y nos colocan en situación de compartir con otros. Así como la danza nos cuenta de algo que sólo con danza se puede contar, los juegos enseñan algo que sólo los juegos enseñan y que no se traduce en pala-bras. Brindan un buen clima de encuentro, una actitud distendida, nos revelan torpezas de un modo que no nos duele descubrirlas, cambian los roles fijos en un grupo, son otra manera de incorporar una sana y necesaria picardía, despiertan, “desactivan la bomba”. Por sobre todo, y esto corre el riesgo de sonar a telenovela barata, son un constante mensaje de vitalidad que se graba en quienes los realizan, aportan una especie de combustible vital básico.
Al igual que el carnaval nos invitan a que nos olvidemos de nuestra propia cara, de nuestra ma-nera habitual de ser y nos pongamos otras máscaras, otros roles. Quizás veamos que en nosotros también hay otros y que esos juegos los despiertan e invitan a salir y revelarse. Obtendremos, por un momento, aquello que tanto anhelaba Borges: el alivio que da dejar de ser nosotros mismos.
Como señala Jean Duvignaud, lo valioso de los juegos es que rompen el orden establecido y nos colo-can en una zona, en un “caos”, que está más allá de toda preocupación de eficacia, de finalidad, de uti-lidad. Zona de “caos” que está cargada de intensa vitalidad y de frescura.

La justificación de los juegos radica en su misma intensidad, en cierta fascinación perturbadora que producen, en su vértigo.

Una actividad lúdica bien utilizada es una poderosa herramienta de cambio.

Los juegos son herramientas de la alegría, y la alegría además de valer en sí misma es una herramienta de la libertad.

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996

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