El hombre araña está con su mamá

22/10/2014 - (canciones, videos)

Luis Pescetti


grabado en la TV Pública Argentina

guitarra: Martín Telechanski, percusión: Gabriel Spiller

bajo: Diego Pojomovsky, piano: Sebastián Monk

El Hombre Araña
está con su mamá…
Se supo se supo
se supo se supo.

continúa…

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Todo anfitrión fue recién llegado (niños son inmigrantes 2/3)

21/10/2014 - (ensayos, taller digital)

Luis Pescetti

ninio-ivankeComo adultos (es decir: locales) tenemos que aprender a manejar nuestra frustración, impaciencia.
Si les mostramos un modelo ideal, pero luego ven que las reglas no se cumplen, o que esa explicación no ayuda a entender y desenvolverse en el mundo, no lo adoptarán, se aburrirán, y dejarán de creer en nosotros.
Pretender un modelo ideal puede convertirse en hacer un abandono

Una buena guía es recordarnos a nosotros mismos:

¿Se acuerdan de cuando empezaron algo?

¿De cuando viajaron?
¿De cómo cansan apenas dos semanas de turismo?
¿De cuando se mudaron?
¿De cuando estaban recién casados?
¿De cuando conocieron a la familia de su pareja?
¿De cuando recién comenzaron como docentes?
¿De cuando empezaron la secundaria o la universidad?
Si ya fueron padres, ¿se acuerdan de qué sintieron cuando se aproximaba la fecha del parto?
¿Se acuerdan de cuando su mujer empezó con las contracciones?
¿De cuando llegaron a casa con el primer hijo? ¿Las primeras noches?
¿Te habrían ayudado modelos ideales?
¿Historias de padres que dormían ocho horas de corrido?
¿Fotos de mujeres espléndidas a las dos semanas de haber parido?

Eso mismo le pasa a los chicos,
sienten eso.
No tienen otra humanidad por ser niños.

Y todo lo que podamos hacer por diluir esa sensación de extrañamiento…
de gigantesca bolsa de desconocido…
de gravedad ante la imperfección…
de caso único (¡oh, a nadie le ocurrió nunca esto que te está pasando!)…
de impaciencia ante la velocidad de comprensión…
de que son seres incompletos que pretenden acceder a un mundo completo…
de miedo ante lo que sigue…

Todo lo que podamos hacer por diluir eso:
le quitará estrés al asunto,
los aliviará.

Tengan palabras humanas, compasivas, de aliento, esperanzadoras.
Tengan las palabras que ustedes esperaban, las hayan recibido o no.

– Estás recién llegado, te vas a equivocar, es así, no pasa nada.
– Somos un grupo, habrá distintas velocidades, es así.
– A veces vas a sentir que sos el más lento, a todos nos sucede, no pasa nada.
– Quizás sientas que hay tanto por aprender que es demasiado, sí, puede que sientas eso; pero no es así, sólo estás recién llegado.

© 2014, by Luis Pescetti

P/D: Para ver la imagen en tamaño original, y conocer el proyecto que empezó Ivanke, un ilustrador argentino, y que recomendamos enfáticamente conocer: Pequeños Grandes Mundos, click acá

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Voy a hacer un pan de mi papi

19/10/2014 - (canciones)

Luis Pescetti

(LyM: Luis Pescetti) Show en el Auditorio Nacional (Mx DF), 4 de mayo de 2014
guitarra: Martín Telechanski, batería: Gabriel Spiller, clarinete: Martín Rur, bajo: Diego Pojomovsky
– puesta a punto del video para internet y subtitulado: Damián Bericat

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Los niños son inmigrantes (1 de 3)

16/10/2014 - (cuaderno de apuntes, ensayos, taller digital)

Luis Pescetti

 

inmigrante

Los niños y jóvenes son inmigrantes, no en el espacio: en el tiempo,
inmigrantes en un mundo en el que los adultos somos ciudadanos.
 

Podemos estar completamente seguros de que, niños e inmigrantes:

– No quieren equivocarse, odian hacerlo.
– No quisieran ser los más lentos.
– Si pudieran caerte bien, sin traicionarse, les encantaría.
– Si pudieran ser aceptados por todo el grupo, les encantaría.
– Si vos, maestro, fueras su ídolo… te encantaría.
– Si todos los días fueran buenos, nos encantaría.
– Si lograran que los quieras, les encantaría.
– Si lograras que te quieran, te encantaría.

 
Si nos pensamos como inmigrantes, los chicos esperan…
… lo mismo que nosotros pediríamos a quien nos introduce a su país:

que seamos coherentes;
que no mintamos;
que realmente creamos, que nos guste lo que hacemos;
que sepamos más, pero sobre cosas importantes;
que no nos burlemos;
que los defendamos ante una injusticia;
que no pretendamos que todo es perfecto, pero que tampoco transmitamos desencanto;
que seamos eficaces en el mundo;
que tengamos paciencia con sus errores, pero que no dejemos pasar todo;
que no creamos que se tragarán cualquier sapo;
que no seamos híper-exigentes, pero que tampoco aplaudamos cualquier cosa;
que seamos personas y los tratemos como personas.
y, por favor, que seamos todo lo divertidos que sea posible.

 
 

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Consejos para una escritora de ocho años

14/10/2014 - (cuaderno de apuntes, taller digital)

Luis Pescetti

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ivanke
Lucero tiene ocho años y escribió cuarenta y un libros (dos de animales imaginarios), le prometí:

– Cuando cumplas diez voy a enseñarte todos mis secretos para escribir, para que seas una mejor escritora que yo.

Después agregué:

– Y lo voy a hacer gratis…

Lucero se rio, su mamá también.
Esa misma noche me quedé pensando no ejercicios para soltar la imaginación, ya hay libros maravillosos (“Gramática de la fantasía”, “El escriturón I y II”), sino aquellos secretos del oficio, más intangibles, y que aprendí con mucha experiencia y sólo después de mucha confianza.

Sin esperar le escribí una lista un poco desordenada. Dirigida a ella, pero en la confianza de que la leerá con sus papás.

Verán que varios puntos indican consejos que se oponen, no es un error: uno puede jugar a hacerlo exageradamente de una manera o de otra; pero la escritura que más admiro es la que encuentra un punto intermedio, un equilibrio.

Lucero:

1) Hay que escribir como si nadie te creyera.

2) Hay que hacerlo como si todos creyeran cada línea.

3) Hay que escribir como si en cada detalle fuera tu vida.

4) Hay que hacerlo como si eso que contás no fuera muy especial para vos, lo contás como al pasar.

5) Hay que escribir como si conocieras cada detalle de la historia.

6) Hay que hacerlo como si sólo supieras unas puntas, pero no la totalidad de los hechos (ni siquiera estás segura que los que sabés sean los más importantes).

7) Hay que escribir como si cada hecho de tu historia dependiera de tu sola voluntad (todo te hace caso).

8) Hay que hacerlo como si los personajes y los hechos se rebelaran a tu voluntad o estuvieran fuera de tu alcance. Los personajes no te hacen caso! ¡Son unos desobedientes!

9) Hay que escribir como vos misma, contando una crónica muy apegada a tu vida.

10) Hay que hacerlo como si fueras otra persona, y otra, inventarte máscaras, personajes que son los que escriben o viven las aventuras.

11) Siempre confiá en el lector: no tanto como para no ser clara, pero sí como para no ser obvia o “pedagógica” (que es cuando sentimos que alguien se pone en “maestrita”).

12) No escribas para deslumbrar a otros que escriben o a un “club de quién sabe quiénes”, como si escribir deslumbrándolos te fuera a conseguir una entrada ese club exclusivo.
Cuando pretendemos deslumbrar a una autoridad escribimos menos, o peor, o no con la mejor parte de uno.
Dicho de otra manera: escribimos mejor cuando imaginamos que nos leerá alguien que apreciamos o nos aprecia.

13) Podés escribir con una línea de tiempo que avanza paulatinamente: de a minutos, horas, de a días, o semanas. O podés escribir con enormes saltos temporales.

Paulatino o grandes saltos temporales producen 3 efectos:
* hacer reír o sorprender al lector
* que sienta lo mismo que tu personaje, que lo viva ahí
* que avance la historia y le dé intriga

14) ¿Cómo desarrollar?

El desarrollo es como un zoom, qué tan de cerquita miramos una acción, o cuántas acciones ponemos en el medio.
Pensá que vos querías hacerte amiga de alguien, y se te ocurrió escribirle una carta linda, con dibujitos, pero los colores los tiró tu hermanito menor, debajo de un sillón, el sillón es pesado, ¿cómo podés moverlo? Mirá, empezaste buscando una amiga y llegaste a cómo mover un sillón…

Esto porque cada meta tiene un medio para lograrla, pero si a ese medio no lo tenés… ¡oh, no! ¡Eso pasa a ser tu meta!

Otro ejemplo: quiero ir a la India, el medio es el avión…
… pero tengo que conseguir un pasaje (el nuevo medio) para ir en avión (que ahora es meta)
… pero tengo que tener dinero (el nuevo medio) para conseguir el pasaje (que ahora es meta)
etcétera, etcétera.

Seguramente vas a encontrar tus propios trucos o secretos, no dejes de contarme.

Con afecto

Luis Pescetti

P/D: Para ver la imagen en tamaño original, y conocer el proyecto que empezó Ivanke, un ilustrador argentino, y que recomendamos enfáticamente conocer: Pequeños Grandes Mundos, click acá

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Alfred Brendel: Beethoven: 2do mov. del concierto para piano, nº 5 “Emperador”

13/10/2014 - (Luis recomienda...)

Luis Pescetti

para la versión de Arthur Rubinstein, click acá

información sobre este concierto de Beethoven, en Wikipedia, click acá

más inofrmación en Wikipedia en inglés, click acá

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El lugar del error

10/10/2014 - (cuaderno de apuntes, taller digital)

Luis Pescetti

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ilustración: Okif
No se trata de que el error no tiene importancia, o de que la excelencia no debe ser una meta.
El punto es qué signo le damos a un error
dentro de qué panorama lo enmarcamos.
No hagamos una foto chica, no seamos pijoteros con el zoom.
Borges decía de un autor “cualquiera podría corregir cualquiera de sus páginas; pero nadie podría escribir un párrafo como él”, lo que importan son los hallazgos, los logros.

Sin los errores no sabríamos qué tenemos que mejorar.
Quizás ustedes digan: “No, sin los errores ¡no tendríamos por qué mejorar!
Pero, si fuera así…
ahí se irían mis queridas cucarachas,
ahí se irían, un éxito de la evolución
sin nada que mejorar:
cuacaracheando para siempre.
Tampoco vamos a sobreactuar y mostrarnos agradecidos con los errores:
¡Oh, gracias, San Error de la Montaña! ¡Por ti encontré el camino!
Es poco creíble, mis queridos.
Ni tanto desánimo ante el error, ni culto.

¿Tons?
– Vino un señor muy sucio.
– Ahá.
– Modales más bien toscos, ropa llena de barro.
– Ahá.
– Traía una pepita de oro en la mano.

¿Tons?
¿Vimos árbol con hache?

¿Sólo vimos árbol escrito con hache y no un cuento hermoso?
Entonces es mucho peor nuestro error como lectores que ese error de escritura.

 

© Luis Pescetti
más sobre escritura, creación y taller digital: click acá

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Welcome musa welcome

09/10/2014 - (taller digital)

Luis Pescetti

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De cómo vienen las ideas

mate
Las ideas se me presentan de varias formas. Algunas veces como una evidencia con la que uno tropieza, así como cuando se encuentra algo que no buscábamos, así llegan dos versos con la melodía, o una frase de Natacha o tener una experiencia cotidiana y saber cómo reaccionaría un personaje ante ella.
Otras veces es una intuición como cuando tenemos la sospecha de que hay algo que tiene solución, es una emoción un tanto vaga: un tema, un planteo: tienen una solución, estamos seguros, aunque ahora mismo no podamos expresarla.
No creo que sean experiencias únicas de artista, así nacen los actos creadores, pero estos pueden ser un cuento o una comida nueva, o una solución para un motor, una teoría física u otro planteo en biología. De repente uno tiene acceso a “información de primera mano” y llega como una suerte de “pista”.
Lo que sigue después, siempre, es desarrollar esa pista hasta completarla, hasta que la solucionamos. E implica una gran dosis de picar piedra y de coherencia, parecida a la sensación de resolver un acertijo. Que ofrece una parte de la solución, pero tiene el riesgo del desvío.
La primera escritura es un “estado flojo de la mente” (y me espanta describirlo así!), quiero decir que es similar a estar muy despierto pero al mismo tiempo dejándose ir como en una ensoñación. Y copio, tecleo, lo que ahí llega o se dicta. Nada mágico ni de ultratumba: si uno conoce bien a su abuela y la pone ante tal o cual situación no vamos a sentir que inventamos lo que diga sino como si ya supiéramos su reacción y basta con copiarla, como si nos dictaran. De ahí la importancia de tener muy en claro a los personajes.
A ese estado de “flotación” trato de no interrumpirlo con nada parecido a una corrección: tecleo, tecleo. Sí hay un suave tutelaje: es mejor si tengo en claro a los personajes y es mejor si sé dónde quieren llegar o en qué situación se encuentran. Porque también puede ocurrir que uno escriba para averiguar, pero eso es diferente. De modo que esos dos nortes están aquí al lado y acompañan, sin intención correctora, mientras escribo, tecleo.
Trato de hacer un mínimo de 1.000 palabras diarias, que suelen ser un poco más, y si estoy en épocas de mucho cansancio bajo la exigencia a 500. Lo que escriba de más: es ganancia, pero con eso está bien.
Luego llegará el momento en que imprimo y ahí sí: sólo corrijo, tacho y marco en el papel. Luego cargo las correcciones y es otro momento en que no es automático, porque al llevarlas a la computadora nuevamente hago retoques.
Creo que un don es disfrutar el momento de la corrección (pulido, tallado, oficio) casi tanto como el de la escritura.

Luis Pescetti

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