La bolsa del juglar

09/02/2015

el show no empieza
(el comienzo de la respuesta)

 

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Como todos los docentes, tuve que trabajar limitado por la escasez de recursos y por la estrechez de mentalidad. Cuando empecé a dar talleres para maestros sentí la necesidad de brindar elementos que a mí me hubiera gustado que me acercaran cuando era maestro frente al grado, cosas que fueran realmente útiles para la tarea cotidiana: ideas y herramientas adecuadas para nuestra realidad.

Para cada curso que iba a dar me preguntaban qué necesitaba, yo pedía una serie de condiciones pero en la mayoría de los viajes me encontraba con que tenía que trabajar aunque faltara algo. Nunca se dio que todos los integrantes del grupo supieran música, muy pocos establecimientos tenían instrumentos musicales o un buen equipo de sonido y así siguiendo. El punto máximo de la crisis que eso me fue produciendo se dio en un Seminario de Animación Sociocultural, en la Universidad de la Patagonia. De tres grupos numerosos sólo dos o tres personas sabían algo de música. Ahí decidí que debía dejar de esperar condiciones especiales, porque nadie podía elegir sus condiciones de trabajo. Lo mismo que me pasaba a mí al dar los cursos les pasaba a ellos en sus escuelas. Esa era la realidad con la que había que trabajar.
Por lo tanto la pregunta que debíamos responder era: ¿Qué puede enseñar, de música, alguien que no sabe música? O bien: ¿Hay alguna actividad musical que pueda realizar alguien sin la más mínima formación?

Dada la escasez de elementos y conocimientos se me ocurrió empezar con juegos de percusión corporal. Tomé cosas muy sencillas del método Orff, pensé algunas estructuras rítmicas simples y recopilé algunos juegos de campamento.

¿Qué podían saber de ritmo? ¿En qué lo tenemos incorporado de modo natural? Se me ocurrió que en las rimas, las rimas populares. Aprendimos varias y así del ritmo con el cuerpo pasamos al ritmo y la palabra.

Quien dice rimas, dice palmas que las acompañan; había que buscar juegos de palmas para acompañar las rimas que recitábamos. Cada uno fue contribuyendo con los que recordaba de su infancia o los que les enseñaban sus hijos y alumnos.

Habiendo rimas y palmas la idea de los juegos surge como consecuencia natural, por simple proximidad. Le pedí a una profesora de educación física que me enseñara juegos de campamentos. A los que yo rescataba de mi niñez agregué esos que Celina Robles me enseñó. Otro amigo dedicado a la recreación, Lucio Margulis, hacía un tiempo me había pedido mis canciones infantiles; lo llamé y le ofrecí canjeárselas por juegos y canciones de campamentos.

Así, poco a poco, de la misma ausencia de recursos fue surgiendo una solución. La imagen que me empezó a ayudar fue la de un juglar, esa persona que se valía de la música y otros recursos para animar y entretener a su público.
Encontramos que había muchas cosas que podíamos hacer, cosas que sabíamos aunque no sabíamos que sabíamos. Cosas que jamás se nos iban a ocurrir si seguíamos con la idea fija en “enseñar música” pero que, si poníamos el acento en “fomentar el gusto por la música”, “jugar con el mundo de los sonidos”, “compartir la música que nos gusta”, eran ideas muy buenas.

En torno la idea de animación y música fue creciendo un material de recursos muy sencillos en los que estaban incluídos aspectos rítmicos, melódicos, sonoros; que eran divertidos, por supuesto, y que podían enseñarse aún cuando no se supiera nada de música.
A ese manojo de recursos se me ocurrió ponerle un nombre: La bolsa del juglar. En ella cabían rimas, rondas, adivinanzas, trabalenguas, canciones, refranes, coplas, chistes, juegos de palmas, de animación, musicales, etc.

Entonces me di cuenta que habíamos llegado a un punto clave:
* Actividades que cualquiera podía enseñar y hacer.
* Que eran estímulos muy ricos.
* Que casi no precisaban de ningún recurso material en especial.
* Que se nutrían de cosas muy cercanas a todos: tradición oral,
juegos de padres y amigos, canciones de la infancia, música de la
radio. Todo eso era convertido en estímulo, información útil,
conocimiento valioso.
* Que contagiaban entusiasmo: provocaban risa, despertaban una
hermosa vitalidad. Todos se iban con ganas de enseñar a otros
aquello que estábamos viendo.

Así fue como esta propuesta lúdica y de animación surgió de responder a la realidad más cotidiana de escuelas y lugares de recreación en las que trabajaba aquella maravillosa gente de la Universidad de la Patagonia. Son actividades muy simples pero sumamente eficaces para estimular la imaginación y desarrollar el gusto por la música, aún en condiciones de escasos recursos humanos y materiales.

 

del libro: “Taller de animación musical y juegos” (Luis Pescetti , Libros del Rincón, SEP; Mx, 1996)

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¿Comentarios? (ahora hay 25)

¿Comentarios? (ahora hay 25) en “La bolsa del juglar”

  1. El 26/11/2008 mari escribió:

    bueno me gusta muxo este
    capitulo pero no es el k
    mas
    megusta
    por k hay mas k me gustan k
    este
    perop por igual esta bien
    me gusta muxo y es lo unico
    k puedo decir

  2. El 11/05/2009 PAVEL ASTORGA "JUGLARIN" escribió:

    HOLA, LUIS:

    Permiteme felicitarte por tu excelente trabajo y tu gran trayectoria. Ademàs agradecerte, porque parte de tu trabajo que tienes publicado me ha servido de apoyo en los talleres de fomento a la lectura que imparto a niños, jovenes, profesores, bibliotecarios y promotores de lectura.

    Aparte que tu espectaculo, al igual que el de otros artistas de este genero, me sirvieron de impulso y motivación para también formar un grupo de títeres y cuenta cuentos llamado “Érase una vez”, que por cierto el nombre de mi personaje como cuenta cuentos se llama: “Juglarìn”, en honor a la bolsa del juglar.

    Ojàla que algún día tenga oportunidad de conocerte y todavía mejor, álgún día poder compartir un escenario juntos.

    SALUDOS Y MUCHO ÉXITO EN TUS FUTUROS PROYECTOS.

    Atentamente
    Pavel Astorga.
    Bibliotecario, Tallerista, Promotor de lectura y Cuenta cuentos.
    San Luis Potosí, S.L.P. México

  3. El 23/03/2010 Sil escribió:

    soy docente de inicial y la verdad la formación musical del profesorado es muy chata, si a esto le sumamos que según mi profesora de música me decia Silvina no tenes registro auditivo no te das cuenta cuanto estas desafinando??? y yo insisti tanto tanto que termine de cursar todo con excelentes notas pero recurse tantas veces música que me bajo el promedio, y la profesora negocio conmigo haber me dijo usted es muy buena docente prometame que les va a poner un cd y no les va arruinar el oido a esos niños desde tan temprana edad y yo sonrei cuando firmo la nota porque como dice mi papá aunque nos causes dolor de estomago de la unica manera que vas aprender a cantar es cantando hija canta… tranquila… y desde ese día no pare de cantar y te descubri cuando mi pequeño Lucio cumplio 2 años desde ese día llevo al jardín tu bolsa de juglar Luis tu bolsa que ahora tambien es mia y de todos los que han compartido una ronda de paso en algún jardín donde deje mi huella y mi marca personal mimas bella, pero mía canción desafinada… Un abrazo Sil Gracias por enseñarme la magia de este hermoso fogón cotidiano, gracias maestro.

  4. El 30/08/2013 sol escribió:

    HOla Luis, gracias por contar tú experiencia, realmente me has inspirado a la hora de mejorar como profe de música, me la paso investigando, llendo de aca para allá buscando cd, libros, preguntando a compañeros, probando y probando en clase. ojalá todos nos animemos a compartir expeiencias con los demás, es tan valioso, hay tanto que aprender. Solo gracias y Saludos.

  5. El 02/09/2013 fernanda escribió:

    Hola Luis Pezzzetti (como te llamaba mi niño, ahora de 17 años), te cuento que ayer estuvimos con mi niña de 9 años, una amiga y su hija de 8 años, nos ubicaron en superpullman, fila 1 asientos 16 18 20 y 22, el comentario es que me parece que en las butacas contra la pared no se aprecia bien el espectàculo, el sonido no llegaba, la pantalla no se veía completa. Quizà mal asesorada en la compra ( las comprè personalmente en el teatro), èsto es una crìtica constructiva que no se malinterprete, las chicas disfrutaron del show y nosotras le pusimos onda. La verdad siempre nos gusta lo que nos ofrecès en el escenario.
    Cariños para vos.
    Fernanda Gabriel

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