El cuarto de al lado (6)

27/11/2008

Tan finitas las paredes hoy en día

Ya estoy en otro hotel, en Saltillo, buenísimo, y el primer cuarto que me ofrecen está perfecto. Pero hete ahí que hay una convención de mujeres de quién sabe qué, y de las dos que hay en el cuarto vecino hay una que habla alto, mucho, y  con una voz como de gallina que no hay dónde esconderse. No puedo pensar ni lo que leo que salta al asalto lo que sea que dice, que la llama un hijo por teléfono o le platica algo, y luego otra cosa y otra cosa y otra cosa y sus detalles a la víctima que comparte cuarto con ella.

Que dizque las mandaron a descansar. Tons se ve que ella aprovecha y descansa no parando de hablar en voz alta, como quién dijéramos.  Y nada más se atenúa su voz cuando va hasta el baño, supongo, porque como que se aleja la voz y sólo se oye a su compañera que sigue “Ahá” “Mmm…, en automático;  y la otra no para. Es inalámbrica, porque se mueve y sigue hablando.

Y ya pienso un plan para dormir la siesta y salvarle la vida a su compañera de cuarto, porque conecto lo de la voz de gallina y se me ocurre que qué tal si la mando a cruzar la carretera a Juárez; pero ahí que me acuerdo que las que cruzaban la carretera eran las tortugas.
Tons mejor que me consigo un oso que baje de la sierra. Mínimo.

¡No! ¡Un momento! ¡Ahí abren la puerta!
¡Ahí se va! ¡Ahí se fueron!

Silencio angelical…

Se salvó el oso.

La que no se salvó es la compañera que les digo, que porque si les dieron ese rato para descansar, y ahora regresan a una conferencia…

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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