Crónicas mendocinas 6

07/12/2009

Y el último tinto que era un gran reserva, más tiempo de añejamiento, como que era más fuertesón y no me gustó tanto, porque a mí me gustan más suave no que uno se anda peleando a ver quién gana, si el vino o uno… ¡es brindis, no cachascán, que caray! Y dale al pan, y dale al sorbito de vino y dale al pan, y dale a la pregunta, y dale un chiste, y dale la risa, con la ventaja de que ahí no te zumbaban los camiones al lado y Magdalena me daba de su copa porque ella ya no quería. Igual que la reciente mujer de mi reciente compadre le dejaba a él; y por eso fue que nosotros salimos más dañados, pues: por caballeros.

(pausa, pasaron unas horas)

Me acordé: “De los álamos vengo madre, de ver cómo los menea el aire. De los álamos de Sevilla, de ver a mi linda amiga, de los álamos de Granada, de ver a mi linda amada, de ver cómo los menea el aire”. En España también hay álamos, al menos en esa canción tradicional que conocimos por María Elena Walsh.

En Mendoza llueve muy poco al año, 200 milímetros. Otro taxista, aunque exageró un poco dijo: “Desde que empezó el año, y estamos en diciembre, no había llovido”.

De modo esta lluvia de tres días, en nuestros cuatro días de estadía es un privilegio… para los que tienen plantaciones.

Hace frío, fresco. A los turistas europeos se los ve en remera y mangas de camisa. Hay una pareja de alemanes en la habitación vecina. Nos sonreímos y saludamos cada vez que nos cruzamos o nos movemos, por ejemplo: ellos están sentados leyendo, yo llego a mi mesa enfrente de nuestra habitación: nos saludamos y sonreímos. Yo comienzo a escribir, uno de ellos se levanta. nos saludamos y sonreímos (como sólo gente de muy diferentes lenguas y culturas lo hacen). Sigo escribiendo, regresan de su cuarto: nos saludamos y sonreímos, termino de escribir: lo mismo.

Es de noche. Refrescó mucho. Tommy, el perro, es una bolsa de algodón y maíz mojado; pero quiere saludarte y apoyar sus patas en tu camisa. Lo controlé, se acostó cerca. Oyó pasar un perro y, al salir corriendo, arrastró el cable de la computadora, desconectó todo, incluida la hilación de mi relato.

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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