Crónicas mendocinas 1

07/12/2009

Estamos en Mendoza, la tierra del buen vino… y las piedritas en el camino, cosa que se percibe más yendo en bicicleta. Vinimos cuatro días a esta provincia en la que hay olivos y vides. Y gente con un encanto amable. El taxista que nos trajo desde el aeropuerto nos explicaba a derecha e izquierda: tal barrio, tal río, tal canal. Que los indios huerpes construyeron las primeras acequias para distribuir el agua de los deshielos, porque todo esto era árido, y la aridez se doma dulcemente rociándola con acequias. Pero a los huarpes los sometieron los incas que a saber qué se les perdió por acá tan abajo, el aumento de la mano de obra, que ya no hallaban dónde poner casas o sembradíos, o de puro ocioso nomás, vinieron a invadir. Y como la historia lo que menos está es quieta, a ellos y a todos juntos les cayeron los españoles, que fueron como el granizo y casi no dejaron nada en pie, o al menos nada que no fuera tomado.

Hoy quedan unos pocos huerpes al norte de la provincia en una zona más desértica.

Total, nos mostraba el taxista, que, como en Valencia y otras partes, hay un ministerio de irrigación, que es quien ordena y vela por la eso mismo, vaya. Luego cerró su ventanilla y le entendí mejor.

Pasamos de largo por la ciudad de Mendoza, como una exhalación, porque la bordeamos y porque no se nos hizo tan grande, y en un sin querer, llegamos a Maipú. Más pequeñito y de domingo, con álamos atajando el viento y cantando, y viñas a cada lado.

Llegamos a la posada Cavieres, que no nos deben nada ni les debemos, así que tan tranquilos podemos hablar bien de Alina y Hans… y un perro enorme que se echa cerca para que uno le rasque o dormir nomás.

Mate en la cocina, con pan de Magdalena, dulces caseros, agua de por acá.

Todo hecho a mano, menos el agua, y por ellos. Y eso es una de las cosas que llama la atención de esta zona, se ven pequeños terrenos. También hay grandes extensiones, pero no las vimos, sino más: el almacén de tal familia, que dan milanesas para comer; el kiosco de tal otra familia, que ofrecen milanesas para comer. Pasa uno en bicicleta y una lata escrita a mano ofrece empanadas caseras y milanesas. Nunca vi un lugar en el que la milanesa fuera tan ofrecida, yo no sé si por fácil, llenadora, italiana o casera. Parece la comida tradicional de por acá: sánduche de milanesa. Y las viñas también son de pocas hectáreas, y hay la bodega de tal familia la de tal otra.

Todo nos explicaba Hans en el planito de turismo, que a mí no me daba la memoria RAM para aprenderme tanto consejo de “esto está bueno y si les gusta el aceite de oliva esto y tal restaurante aquél”.

Luis

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¿Comentarios? (ahora hay 11)

¿Comentarios? (ahora hay 11) en “Crónicas mendocinas 1”

  1. El 26/06/2014 miriam escribió:

    me gusta como habló de Mendoza ,mi provincia natal, cómo describió a su gente ,porque no solo es la tierra del buen vino, Gracias

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