A Rosario, por el Día del Niño

09/08/2013

Mañana sábado debía actuar en Rosario (por una vieja invitación y, luego, convocado para “Un Sol para los Niños”) pero no tenía ánimo para hacerlo.

Hubo unas horas en las que parecía que el evento se haría de todos modos. “Si no sería darle voz a la tristeza” me dijeron en una conversación franca, en la que compartíamos el estupor por lo que había ocurrido.

“Es que hay que darle voz a la tristeza”, contesté.

No quería subirme a un escenario. Y la decisión asomó en medio de la turbación y la violencia de las noticias. Conversé con compañeros de trabajo, amigos y organizadores, tratando de aclararme, y ver qué hacía falta, cómo podía ayudar. Sea porque soy de San Jorge, que queda tan cerca de Rosario, o porque lo mismo sentí las veces que interrumpí el programa de radio o un show para hablar de algo que me sacaba del guion, a mí o a todos.

El humor, escribir, las canciones son una celebración de la vida. Y la vitalidad es eso: latir, resonar, acompañar la vida y, a veces, ocurren hechos que nos hacen quedar callados, bajar un cambio, estar disponible, pero no encima.
No hay canciones para todo, y si las hay no siempre queremos cantarlas nosotros. Estar dolido no es menos vital, es la vida hoy con esto que pasó. Nos saca de guion, entonces el guion que se vaya al diablo; es un manotazo que nos aparta.

Hago silencio, doy un abrazo, o lo busco, porque me siento al lado de gente tan querida.
Ya vendrá un tiempo, incluso, para sanar las heridas. Hoy siento una tristeza sorda y extensa que comparto así, en primera persona, para hacerlo como un vecino y un amigo más.

Con un abrazo, y afecto sincero

Luis Pescetti

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

daily mobiles