Nunca me voy a olvidar de aquella vez

11/08/2016

(Del libro El pulpo está crudo)

Nunca me voy a olvidar de aquella vez en que me encontraba en un hermoso pueblo del interior. Había llegado después de cabalgar durante ocho días. Nos encontrábamos un poco cansados, Julián, mi caballo y yo. Recuerdo que le dije:

– Oye, Julián, ¿no te parece que sería bueno detenernos un poco?

– …

– ¿Qué te parece este hermoso pueblo del interior?

– …

Cuando íbamos hacia el hotel, al pasar frente al bar, un hombre salió volando hacía mí. No tuve tiempo de reaccionar, me tumbó del caballo. Me levanté de un salto y, tomándolo del cuello, le tiré una trompada. Él volteó su cabeza hacia un lado y mi puño siguió de largo. Los dos rodamos por el piso, volví a tomarlo con mis manos y al ver que no reaccionaba pensé:

– ¡Santo cielo, está muerto!

¿Qué podía hacer con ese cadáver? Yo no lo había matado, era evidente; pero, ¿quién me iba a creer? ¿A quién iba a convencer de que ni siquiera había alcanzado a darle una piña? Además él me atacó primero.
Ya me veía yendo al juicio:

(Yo) ¡Mire, señor Juez, él me atacó, yo sólo llegaba al pueblo con Julián!
(Juez) – ¿Quién es Julián?
– Mi caballo, su señorí­a.
– ¿Un caballo con nombre de persona? ¡Usted es un hombre muy extraño!
– No, Señor Juez, lo que ocurre es que es como si hablara…
– ¿¡Un caballo que habla!?
– ¡Oh, no! ¿Para qué habré dicho eso?
– ¡¿Me toma por un imbécil o qué?!
– Sí­, Su Señorí­a…
– ¡Con que me toma por un imbécil!
-No, Su Imbécil, digo sí­, ¡quiero decir que sí­, que es como si hablara!
Cuando estaba pensando todo esto y ya me veí­a irremediablemente preso para toda la vida, oí­ que alguien me hablaba:
– ¡Eh, usted! ¡Devuélvanos el muñeco!
– ¡¡¡¿¿¿El muñeco???!!!
Sí­. Mi susto no me habí­a dejado ver que sólo se trataba de un muñeco. Adentro del bar estaban filmando una pelí­cula del Oeste. Les devolví­ su maldito muñeco y nos fuimos hacia el hotel. Yo vení­a persiguiendo a mi archisuperenemigo, el malvado y pérfido Roque Rufián. Bajé de Julián y entré al hotel. ¡Tremendo chasco! ¡No existí­a el tal hotel! ¡Solamente la pared del frente! Otra vez la maldita pelí­cula. Salí­ del hotel (bah, de la pared).
– Oye, Julián, ¡este pueblo es una farsa!
– Dije, pero Julián no estaba, tan sólo las riendas atadas al palo y una nota:
– Si quieres Bolver a Ver al cabayo deja tu arma en el pizo y Be asia el Var. Roque Rufián.
Sí­, tení­a tremendos errores de ortografí­a. El muy maldito habí­a raptado a mi querido Julián, yo estaba que volaba de la furia. Como no llevaba armas conmigo, directamente me fui hacia el bar. Cuando llegué ya no estaba, lo acababan de desarmar.
– ¿¡Qué pasa aquí­!? (pregunté).
– Ya terminamos de filmar, nos vamos, estamos cargando todo en los camiones.
– Eso era terrible. Roque me habí­a dicho que fuera al bar, pero el maldito bar ya no existí­a. ¿Qué hacer? Levanté la vista y me rasqué la cabeza para pensar un poco. En los camiones estaban cargando maderas, cajones, luces, cámaras, partes de la escenografí­a. Era un gran movimiento de gente por todas partes. Pasaban actores disfrazados de indios, de vaqueros, muchos caballos, carretas antiguas, dos sheriffs, un astronauta, tres car… ¿Un astronauta? ¿Qué hace ese maldito astronauta en una pelí­cula de vaqueros? Una idea como un relámpago se me cruzó por la cabeza, ¡El tal astronauta es Roque Rufián! Me lancé tras él. El ambiente que hay al terminar una filmación, ustedes lo saben mejor que yo, es tan especial que nadie se asombra de ver a un tipo persiguiendo a un astronauta. Debí­an pensar que estábamos festejando o algo así­. La cosa es que se subió en un enorme tubo de dentí­frico; en realidad era un auto al que habí­an camuflado para hacer la propaganda de una pasta dental. Roque no conseguí­a poner el motor en marcha. Eso le hizo perder un tiempo valioso, yo lo estaba alcanzando, se daba vuelta nerviosamente y me miraba a través de la escafandra. Salté encima del tubo de dentí­frico justamente cuando arrancó y aceleró bruscamente. Quedé medio colgado, arrastrándome; él aceleraba con todo y se daba vuelta para ver si yo todaví­a seguí­a allí­. No aguanté más y me solté, corrí­ peligro de haberme golpeado con alguna roca. Tuve la suerte de rodar hasta otra cosa preparada, también, para una propaganda. Un gran zapallito. Verde, perfecto, idéntico a un zapallito de verdad, sólo que era una moto muy veloz. Creo que lo usaban para hacer la publicidad de unas sopas. Me subí­ de un salto, temí­a que se demorara en arrancar, pero no, lo hizo inmediatamente. En ese momento pasó uno de los actores por ahí­ y, creyendo que yo también estaba festejando el final de la filmación, me dijo:
– ¡Eh, vení­te a brindar con nosotros!
Y me puso una peluca de indio de las que se habí­an usado en la pelí­cula. Ni le contesté. Puse primera y aceleré a fondo, lo llené de tierra al pobre tipo. Era una moto estupenda, quise sacarle todo el revistimiento que le habí­an colocado pero debido a la gran velocidad (estaba yendo a más de doscientos Km por hora) cada movimiento se tornaba peligroso, así­ que ni siquiera intenté quitarme la peluca (ahora que lo pienso, la situación para quien no supiera lo que estaba pasando era bastante cómica: un enorme tubo de dentí­frico conducido por un astronauta era perseguido por un zapallito veloz conducido por un indio).
El tubo era más estable que mi moto, pero mucho más lento en las curvas. Mi zapallito tení­a la forma ideal; no tardé en ponerme a la par. Le grité que se detuviera ahí­ mismo, pero el muy maldito se rió burlonamente y empezó a tirar el tubo encima de mi zapallito. Estábamos yendo a más de trescientos por hora, el menor descuido te despedaza en el aire. Una y otra vez me dio topetazos que hicieron peligrar mi estabilidad. Pero tanto se confí­o en que me iba a hacer caer, que inclinó demasiado el tubo y la punta de adelante tocó el suelo, se clavó, dio tres trompos en el aire y cayó dado vuelta, explotando e incendiándose. Él se salvo porque al tumbar salió despedido y el traje de astronauta amortiguó su caí­da. Clavé los frenos de mi zapallito y me arrojé encima; antes de que reaccionara le quité la escafandra y lo tomé por el cuello:
– ¡¿Qué hiciste con Julián?!
– … lo escondí­ en uno de los camiones de la Cinematográfica (estaba tan atontado por el golpe que ni siquiera atinó a defenderse).
De un salto me subí­ al zapallito, que habí­a quedado con el motor encendido, girando sobre sí­ mismo, y fui tras los camiones, que ya habí­an partido. Los alcancé rápidamente. Se detuvieron. Revisamos uno por uno. Escondido detrás de una pared de escenografí­a, encontramos al pobre Julián. Lo liberamos. Le di un abrazo enorme, les agradecí­ a los del camión, monté en Julián y galopamos hasta donde habí­a dejado a Roque; pero ya no estaba, en el apuro por hallar a mi caballo ni se me ocurrió maniatarlo. Habí­a dejado un mensaje: Nos volveremos a ber. Hice un bollito con el papel y lo arrojé al fuego.
– Seguro, y esta vez te atraparé, ¿no es verdad, Julián?
– …
Miré hacia donde habí­a estado el pueblo y no quedaba más que una construcción; lo demás era puro campo. Nos acercamos. Era una especie de bar y hotel. Unas pocas mesas con algunos clientes. Ordené un fardo de pasto y un balde de agua para mi caballo; pedí­ una habitación y me senté a comer. La muchacha que atendí­a el lugar era sencillamente hermosa y simpática. Busqué alguna excusa para acercarme a conversar, me pasé la mano por la cabeza, para arreglarme un poco el pelo, y ahí­ me di cuenta de que todaví­a tení­a puesta la peluca de indio. Ella lo encontró muy gracioso y se puso a reí­r; entonces yo también.
– ¿Cómo te llamás? (pregunté).
– Juliana, ¿y vos? (hermosa voz, sí­ señores).
– Yo, Luis; y mi caballo… (lo pensé bien) y mi caballo todaví­a no tiene nombre.

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¿Comentarios? (ahora hay 14)

¿Comentarios? (ahora hay 14) en “Nunca me voy a olvidar de aquella vez”

  1. El 15/06/2010 Cherry escribió:

    ‘Busqué alguna excusa para “hacercarme” a conversar’?? Ejeleeee, te estás juntando mucho con Roque Rufián!!

    Eres un encanto. Gracias por tantas y tantas horas de felicidad. =)

  2. El 27/06/2012 maria escribió:

    ¡¡buau que largo que es paro esta re bueno ¡¡…

  3. El 04/05/2013 kailanini usagi escribió:

    Me encanta ese libro y lo eh leído tantas veces que mi mamá ya no sabe en donde esconder el libro para que lea otros

  4. El 03/06/2015 Evelyn escribió:

    La verdad que yo con 18 años jamas me gusto leer cuentos y/o novelas, y hoy en el colegio nos hicieron una narracion sobre varios cuentos entre esos este, y fue cuando desperto mi interes por la lectura, pensando a futuro en que el proximo año entro a la facultad, estoy orgullosa por la profesora por no hacer una clase aburrida, si no que cada clase tiene algo diferente que me llama la atencion, estoy orgullosa gracias a mi prpfesora por hacer que yo me interese mas en la lectura y que al mismo tiempo lo disfrute, ES UNA GENIA PROFE LA ADMIRO SILVIA ACOSTA ?

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