La salvación

10/09/2017

(Del libro Nadie te creería)

imagen-nadie-salvacion1

Tomás llegó a su casa a la hora del almuerzo y se sentó a la mesa con sus padres, venía de jugar con sus amigos. La madre trajo la comida, él estaba distraído con alguna anécdota de la escuela. De repente su padre hizo un comentario y se quejó de su cuñado (el tío de Tomás), la mamá contestó ofendida. Tomás sintió nervios en su estómago, el deseo de que eso no ocurriera fue fuerte, sin embargo, en unos segundos la discusión era tan amarga que lo sacó de su refugio imaginario. Se quejó de que pelearan nuevamente. El padre lo mandó a callar y a que comiera. La pelea continuó con fuertes reproches y ocurrió algo muy singular. Tomás notó que la sopa adquiría una consistencia extraña. Se hacía más y más espesa. De todos modos, y obedeciendo un extraño impulso, quiso probarla. La sintió bajar por su garganta, más gruesa que de costumbre y percibió, claramente, cómo se hundía en su estómago, y seguía hasta llenar sus piernas. A pesar de esa extraña sensación no dejó de tomarla (y esa es una buena pregunta, ¿por qué continuó?). Afuera, la discusión se transformaba en un silencio cargado de enojo y caras descompuestas. Adentro, la sopa llenaba su cuerpo. Así y todo, nadie se detuvo.

Cuando su padre se levantó para ir a dormir su siesta, Tomás tenía la mirada perdida y sostenía la cuchara en la mano, inmóvil. El padre le reprochó que se hiciera el tonto y le ordenó que comiera el postre. Pero él, aún cuando lo escuchaba, no pudo responder. Se había convertido en una estatua. Sus padres se alarmaron, quisieron llevarlo al hospital, pero pesaba demasiado, y temieron que se quebrara. Llamaron a un médico que no pudo hacer nada, ni ése ni otros pudieron salvarlo.

Los padres se acusaron, agriamente, de que su amado hijo quedara congelado para siempre. Transcurrieron años sin que Tomás saliera de ese estado. Por la casa pasaba un desfile de amigos y parientes compadeciéndose de él, y echándole la culpa al padre o a la madre, según de qué lado fueran.

Una noche en lugar de quejarse del padre, y en un tono que expresaba un reproche contra ella misma, la madre comentó: “Al principio de nuestro matrimonio, cuando nos amábamos tanto, esto no hubiera ocurrido”. El padre, en lugar de aprovecharse de ese momento para avanzar sobre ella, sintió que sus ojos se llenaban de lágrimas. Conmovido por la tristeza de su mujer contestó: “No, querida (hacía años que no la llamaba así), no te culpes”. Las palabras dulces de su marido le permitieron abandonarse a su sentimiento y, aunque expresó algo muy vago, todos sabían a qué se refería: “Ay, mi viejo, qué tristeza”. Así dejó derramar sus lágrimas. El marido le tomó la mano, enjugó su propia emoción y quiso decir que había fuerzas más grandes o direcciones que no se podían controlar, que la vida parecía una tromba, o que hasta el más lento de los días se había escapado demasiado rápido; pero sólo dijo: “El amor a veces falla”.

Esas pocas palabras, de tan triste aceptación, fueron la frase que le devolvieron la vida a Tomás. Sintió que el movimiento regresaba a su cuerpo, primero como una expresión de dolor y hormigueo, luego como miedo a moverse. Se quedó quieto hasta que los padres se fueron a dormir. Se incorporó, tomó unos alimentos, los colocó en su mochila y partió dejando una nota. Había decidido caminar, moverse sin parar. No quería volver a convertirse en estatua, nunca jamás, y en esa casa con tanto enojo en lugar de conversaciones temía que ocurriera nuevamente. No importa cuánto debía alejarse, siempre estaría más cerca de seguir vivo, que de quedarse mudo, y quieto.

Cuando surgía una discusión, él volvía a sentir cómo si una cucharada de aquella sopa bajara por su garganta. Entonces se alejaba, y no se detenía, en nada ni en nadie, como una barca sin anclas.

Sin embargo fue un amor el que lo detuvo. La paciencia del amor, pues no lo lograba para siempre, sino para cada vez. Y en cada ocasión esa mujer debía ayudarlo a calmarse y, hablándole con suavidad, explicándose, lograba que la rigidez de Tomás se diluyera. Palabra a palabra, o gesto a gesto (pues también eran caricias largas y calladas).

¿Por qué Tomás tuvo la suerte de encontrar a una mujer así? Quizás sólo por eso: por suerte; pero no es cierto., nadie es, finalmente, feliz ni llega a tan buen puerto sólo por suerte. Ocurre que, en el fondo de su corazón, nunca dejó de alimentar, así como se alimenta un fuego que nos abriga, su ilusión. A pesar de que debió huir de cada pelea al percibir que su cuerpo se endurecía, aún cuando vivió como un ave que vive el amor como una rama en la que si se posa lo convertirá en piedra (y no puede dejar de batir sus alas insomnes), aún así, nunca dejó de sentir una gran ilusión, un fondo de felicidad igual que un lago escondido en una gruta. Eso fue su salvación.

A lo largo de su vida la salvación tuvo muchos nombres. Cuando niño tuvo el de un amigo. Luego el de su primera novia, luego el de un viaje, luego un regalo, y así siguió, convencido de que cada una de esas personas y acontecimientos eran señales que confirmaban su ilusión, es decir: su confianza y la certeza en que, por lejos que quedara la otra orilla, él la alcanzaría. Iba a ser feliz. Llegaría a vivir sin miedo a que la furia o el amor lo convirtieran en piedra.

No lo consiguió sin lucha, mágicamente, sino de una manera humana, deshilando sus miedos como a hebras delgadas y engañosas. Encontrando razones. Con llanto y risa, día a día. Nombre a nombre. Paso a paso. Palabra a palabra. Fantasma tras fantasma. Beso tras beso. Esquina tras panadería, cielo tras nube, nube tras sol, y Luna, con su abrazo azul de lago en el cielo.

  | |

¿Comentarios? (ahora hay 35)

¿Comentarios? (ahora hay 35) en “La salvación”

  1. El 28/09/2014 Susana escribió:

    Luis… muy lindo cuento para reflexionar !!!
    La primera vez que leo un material tuyo…una hermosa experiencia. Espero poder trabajarlo en esta jornada provincial a la altura que se merece!!!

  2. El 08/10/2014 Mariana escribió:

    Hola, el cuento es atrapante hasta el final, uno espera que se resuelva favorablemente sinembargo la solución parece ser escapar…con un amigo, con la novia…pero no quedarse a reconstruir o resignificar la realidad conflictiva, lo cual demandaría esfuerzo y paciencia. Creo que en un momento refuerza la imágen del jóven incomprendido por el mundo adulto y el propio sufrimiento del niño como “castigo” a los padres.

  3. El 22/05/2016 patricia escribió:

    Estoy asombrada de su imaginación y creatividad para escribir las realidades que viven los niños.

  4. El 10/06/2016 Lula escribió:

    la puta madre Luis este cuento lo lei por primera vez a los ocho o nueve años y a los veinte me sigue emocionando fuertísimamente. gracias por tanto, tanto.

  5. El 10/07/2016 Jimena escribió:

    Hola estimados lectores, hola Luis…me resulta raro escribir este comentario pensando en que es una posibilidad que me leas. Soy una gran admiradora tuya, te descubri gracias a mi trabajo y te disfruto ahora junto a mis hijas que adoran escuchar tus canciones y chistes. Este cuento dormia en nuestra biblioteca en tu obra “Nadie te creería” el libro que compramos con mi esposo para compartir en el 2005 un taller de lectura con chicos de una barrio de nuestra capital pampeana. Hace poco lo retomamos para acompañar la sed de cuentos que tiene nuestra hija mayor Pilar (cinco años), hoy mi esposo me dijo “leiste La Salvación?, leelo”. Hoy lo lei, busque en internet algun video para ecucharte contarlo, y encontre esta página. Gracias Luis! es mi historia, mi infancia, mis amados padres y sus eternos desencuentros, dolorosos siempre para mi. Tomas soy yo salvandome primero con mis amadas amigas del secundario -que aun conservo-, con mi equipo de voley (con el que nunca ganamos mas que algun partido suelto jaja) mi primer amor, mis estudios superiores fueron tambien esa ilusión que me hizo crecer, buscar, disfrutar …luego vino mi trabajo, mis compañeros junto a mi gran amor y su prolongación en nuestras dos hijas Sol (dos años) y Pilar (5años) tus fieles admiradoras. Gracias por semejante sensibilidad Luis, te sigo siempre…brillante tu reciente participación cantando con otros artistas la Memoria de Leon Gieco…te quiero! y te espero siempre por La Pampa, Argentina.

dejar un comentario




- Recuerden que esta página es visitada por niños.
- Nos reservamos el derecho de modificar o borrar un comentario.
- Este no es un sitio de intercambio de mensajes personales.
- Pedimos especialmente a chicos y jóvenes que NO pongan sus datos personales pues estos quedan a la vista de todos.
- Como en todos los foros de Internet, los mensajes dejados por menores de edad son responsabilidad de los adultos a cargo.

 

  • | |
  • daily mobiles