Ese coro

22/02/2015

Portada(Del libro El pulpo está crudo)

Cierta vez hubo un grupo de cocodrilos que decidieron formar un coro (quiero decir, ellos eran pésimos cantantes, pésimos, pero igual decidieron crear un coro y participar en festivales prestigiosos). La actividad principal de ese coro era la natación. El Director era el músico más malo que se podrí­a haber encontrado, no distinguí­a el ruido de un vidrio roto del sonido del viento en las ramas. Era completamente sordo, pero era un excelente nadador y por eso lo escogieron. Decidió que lo mejor para la voz era entrenarse en natación. Cuando sintieron que estaban en excelentes condiciones de preparación se anotaron en un Festival Internacional de Coros (los organizadores quedaron desconcertados cuando recibieron esa carta en la que les preguntaban si los conciertos iban a ser en pileta o en rí­o abierto y que si las toallas las poní­an ellos o cada uno llevaba la suya).

Fueron al festival y llegó el dí­a de su debut. Ustedes ya saben que cuando sale un coro al escenario lo hacen caminando en una hilera muy ordenada, se forman en filas las distintas voces y, una vez que están todos perfectamente ubicados, aparece el Director caminando lentamente y disfrutando del aplauso. En su caso fue un poco distinto. Salió el presentador, vestido de traje, muy elegante y con gran ceremonia dijo, A continuación tenemos el gusto de anunciar a la Agrupación Coral… (miró el papelito) “Vencedores del Nilo”. La gente aplaudió y se produjo un largo silencio. El público esperaba que apareciera alguien, pero sólo se veí­a el escenario iluminado y vací­o. De pronto, un cocodrilo lo cruzó de una punta a la otra, era el director, claro. Desapareció. Al rato pasaron dos cocodrilos conversando, también desaparecieron por la otra punta del escenario. Se hizo otro silencio. La audiencia comenzó a impacientarse. Apareció otro cocodrilo, caminó un poco, miró al público y le gritó a los demás, ¡Ey! ¡Muchachos! ¡Es acá! Desde los dos lados del escenario entraron varios cocodrilos con sus lentes para ver debajo del agua, cañas de pescar, toallas (todos traí­an su toalla). Se pararon en mitad del escenario, saludaron al público agitando sus manos, le sacaron algunas fotos (quiero decir, aquello era un caos, parecí­an unos turistas). Volvió a salir el director, empezaron a cantar y lo hací­an tan mal que era demasiado, alguien puede ser desafinado y cantar mal, pero lo de ellos era algo increí­ble.

El caso es que entre el público estaba el compositor de lo que estaban cantando y empezó a sentir una gran tristeza por su propia música y comenzó a llorar porque esos cocodrilos estaban arruinando lo que habí­a compuesto con tanta pasión. Una señora se compadeció del compositor y lloró con él, y el hijo de esa señora también lloró, y la fila de gente que estaba sentada atrás se emocionó por la escena y también lloraron (ustedes saben que a la gente le encanta emocionarse por esta clase de cosas y dicen, ¡Ay! ¡¿por qué pasarán estas cosas?! y se sienten más buenos). Todo el público decidió compartir la tristeza y llorar. El coro seguí­a cantando y el compositor lloraba más y el público se poní­a peor y aquello era un mar de lágrimas (quiero decir, un verdadero mar, con olas y todo). Ese mar de lágrimas llegó hasta el escenario que se desprendió del resto del anfiteatro y empezó a flotar. Parecí­a una isla de cocodrilos. Súbitamente, el compositor se trepó al telón y desde allí­ comenzó a cantar su canción para que el público oyera cómo era en realidad. Los cocodrilos estaban con los ojos y la boca abiertos, fascinados, flotando en tanta agua. Ellos verdaderamente creí­an que todos los festivales de coros eran así­ y se les hací­a la maravilla más grande del mundo. La canción del compositor era tan hermosa que la gente inmediatamente dejó de llorar de tristeza y pasó a llorar de alegrí­a y el agua subió más y ahí­ los cocodrilos ya no se aguantaron y se zambulleron felices, completamente olvidados del festival, de las competencias de natación, del público. Jugaban como locos, se salpicaban y salí­an a secarse con una toalla y luego se la poní­an de sombrero o de calzones y se reí­an y hací­an que se enredaban en ellas y que se caí­an al agua (y, como se podrán imaginar, tomaban fotos de todo eso).

De repente hubo un gran aplauso. El compositor, que estaba colgado del telón como un mono, creyó que era porque su música habí­a gustado mucho, bajó a saludar y empezó a abrazar cocodrilos porque los habí­a perdonado. Lo que nunca supieron, ni el compositor ni los cocodrilos, es que ese aplauso, ese gran aplauso del público, habí­a sido para mi hermano Pino, que habí­a salvado de morir ahogado a un niño (él es una gran persona y es capaz de hacer esas cosas sin que le importe que nadie se entere).

No faltó quien al ver esas gracias de los cocodrilos pensó que se trataba de un festival de comedia y subió al escenario a contar chistes. Los organizadores, abrumados por tanto caos y queriendo salvar su imagen, reunieron a la prensa y empezaron a decir que este festival de chistes era todo un éxito y cosas así­. Lo que ocurrió es que los crí­ticos de música salieron por todos lados a preguntar por el festival de coros y no encontraban nada por ninguna parte. Para no quedarse sin trabajo regresaron ahí­ y se convirtieron en crí­ticos de teatro (en los diarios salieron artí­culos que decí­an cosas como, “Los participantes cantaban muy bien pero eran pésimos actores, se destacó la compañí­a de cocodrilos”).

Esta historia termina con los cocodrilos regresando a sus hogares. Le dijeron a los demás cómo habí­a estado lo del festival con tal entusiasmo que en los festivales siguientes por cada coro normal habí­a ocho coros de cocodrilos con sus escafandras y sus toallas. El teatro se llenaba de crí­ticos de teatro que gritaban, “¡Que empiecen los chistes!” y mitad de la sala les silbaba porque ellos habí­an ido a un festival de coros. Invariablemente los organizadores se echaban la culpa unos a otros, la prensa se escandalizaba y todo era un éxito año tras año.

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¿Comentarios? (ahora hay 21)

¿Comentarios? (ahora hay 21) en “Ese coro”

  1. El 30/11/2010 Manuela escribió:

    Hola Luis! Genio! Figura!
    Te cuento que hace 6 años comenzamos a ir con un grupo de amigos a un barrio humilde de Tigre a hace muchas cosas. Entre ellas tenemos una biblioteca popular para los más chicos, ellos aman leer! con pedir no pierdo nada! si tenés algún libro tuyo que quedó feo por una mala edición o algo así, me dirían dónde puedo pasar a buscarlo?? me imagino sus caritas leyendo tus libros!
    Todos los chicos conocen tus canciones porque las aprendieron en los campamentos.
    Te queremos mucho! y te agradecemos tu generosidad por compartir tu creatividad!

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