Prueba de sonido (6)

22/10/2009

El domingo fuimos con Enrique (mi representante y “nánager”, como dice él) a conocer la Alhóndiga de Granaditas. Nos quedamos a ver a Paquito D’Rivera con una big band. Sonó aplastante, muy bueno, y todo un aprendizaje ver cómo se dirige al gran público: lo halaga, le explica, los regaña amistosamente de que cómo no lo habían invitado antes. Miro y aprendo, aprendo, aprendo.

Yo sabía que el martes en el mismo foro estarían los Babasónicos, y me preocupaba la diferencia de masa de sonido, de escena ocupada por muchas personas, más allá de los contenidos: el volúmen en su sentido más físico, espacial y de sonido. Las diferencias eran enormes.

Para colmo había un público amante del jazz latino, tirando a culto y mayor. Pensaba en mi show infantil y familiar… de humor, más preocupación. Pasa una de las organizadoras del Festival a saludarnos, y le pregunto (señalando hacia la platea VIP):

– Oye, mañana traigan de los que se reproducen, ¿sí?

Terminó el concierto de Paquito D’Rivera y nos quedamos viendo cómo desarmaban el escenario, las luces, el piano, comenzaban a montar las de mi show. Me hizo bien familiarizarme con el escenario y la mirada lejana hacia donde estaría el público.

Rocío se quedó montando luces hasta las 4 AM. A las 10 fueron Beto y Lalo a probar sonido. A las 15 hs fuimos a una pasada general, sin luces, al ser de día. Lleno de técnicos poniendo y quitando cables, serruchando maderas, martillando. Empezó la prueba, se hizo u poco de silencio, algunos seguían trabajando, pedimos amablemente que hicieran un alto durante la prueba. Silencio total, nadie pasa caminando encima del escenario. Empiezo a probar el sonido con todos los obreros y técnicos que miraban, nada más miraban, pero yo sentía que me decían:

– A ver a qué horas, güerito.

Probamos. Beto iba y venía para checar monitores, yo le pedía, seguimos probando, agregamos el sonido de sala y, como pasa siempre, cambió la sensación de monitores, seguimos probando.

Cerré los ojos y empecé a cantar, olvidándome de todo lo que no fuera cantar y el sonido. Sólo abría los ojos para dirigirme a Beto y pedirle algún ajuste. Canté, olvidado de que era una prueba, y de repente se llenó algo dentro mío, se hizo cálido y sentí que todo esataba bien. Paré, di las gracias. Todos siguieron trabajando. Regresamos al hotel a descansar.

A la noche hubo 4.500 personas, lleno de familias, niños, jóvenes sin niños, y adultos sin más niños que ellos mismos, el show duró una hora y media. OOootra Ooootra Ooootra. Y me divertí mucho.

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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