Los varones también usan

25/03/2015

(Del libro Chat Natacha chat)

– ¡Mamá! ¡Mirá! ¡Me compré una moneda!los-varones-tb

– ¡¿Cómo que te “compraste” una moneda?!

– ¡Está re buena, mami, mirá!

– Nati, ¿es de otro país?

– No, mami, ¡Ay, mirá que tenés cada idea! Ja ja ja, es plata de acá, ¿Para qué quiero de otro país? ¡Qué! ¿¡Nos vamos de viaje?!

– No. A ver, mostrámela.

– Mirá, es una de un centavo… Son re difíciles de conseguir.

– ¿Y quién dijo que son difíciles de conseguir?

– La chica que me la vendió, mami. ¿¡Quién va a ser!? Ay, sos re lenta a veces.

– ¿Y se puede saber en cuánto te la vendió?

– ¡En un peso, Mami! ¡Re barata!

– Nati, una moneda de un centavo vale un centavo.

– No, porque si no se consigue cuesta más conseguirla, y si cuesta más: vale más. Hay que pagarla más, sino cualquiera tendría.

– Nati, mañana vas, se la devolvés y le decís que no se haga la viva y te devuelva tu peso.

– ¡No! ¡¿Por qué?! ¡Mami no seas así! ¿Sabés lo que me costó convencerla porque no me la quería vender?

– ¡Ya me puedo imaginar! Nati, se hizo la artista, pero te engañó.

– ¡Nada que ver, mami!¿Sabés cual es? Ésa que bailó relindo en el acto pasado. Una de sexto.

– Nati, pero…

– ¿No te acordás que bailó precioso?

– Sí, Nati, pero ¿qué tiene que ver que haya bailado lindo con…

– ¡Mamá! ¿No te acordás cómo la aplaudía la gente? ¡Que hasta vos te pusiste de pie!

– Si, mi amor, pero ¿qué tiene que ver que haya bailado lindo con que te vendió algo que no está bien?

– ¿Vos decís que sea una moneda falsa?

– Nati, nadie falsificaría una moneda de un centavo.

– Ah, entonces está bien.

– No está bien, Nati; me parece que se te confundió lo que la admirás con creerle todo.

– Nada que ver. No entendí, pero nada que ver.

– Que a vos te gustaría bailar como ella, y tal vez eso influyó en que aceptes comprarle esa moneda.

– No, porque ya la quería para hacerle un arito a Rafles, y las monedas más grandes no sirven.

– ¿¿¿¡¡¡Cómo que “un arito”!!!??

– No, porque, ¿viste que las personas usan aritos? Bueno, no es que el Rafles sea envidioso, pero mejor si él sabe que también puede usar, entonces yo pensé en uno así bien raro, como los que vimos en la feria de artesanías, ¿te acordás?

– Nati, ¿vos no pensarás hacerle un agujero en la oreja al perro, no?

– Ay, mami, ¿y cómo querés que lleve el arito? ¿Agarrado con la boca? ¡Pobre Rafles!

– ¡”Pobre” porque lo harías sufrir!

– No, mami, porque lo vamos a llevar del veterinario a que se lo haga ¡No seas! Y con Pati ya dijimos que la vamos a pulir para que parezca más de pirata.

– Ni se te ocurra que voy a dejar que le hagas eso al perro.

– ¡No le digas “al perro” a Rafles, mami!

– No me salgas con otra cosa. No se lo vas a hacer.

– Sí se lo vamos a hacer, para que quede bien lindo y las perras se vuelvan locas, vas a ver.

– Olvidate, Nati (alejándose, da por terminado el tema).

– (Levanta los hombros) Y si no, se lo atamos y listo, con un hilito a la oreja.

– (Silencio desde el estudio, concentrada en otro asunto) …

– Rafles, vos no te preocupes ahora que ya te ilusionaste. ¿Ves que yo también tengo, y Pati? No duele, nada, nada, y queda hermoso, y los varones también pueden usar. Antes en la antigüedad no, o bueno sí, pero más más en la antigüedad sí, pero después menos en la antigüedad ya no, pero ahora sí de nuevo; por eso: no te preocupes.

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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