La voz de adentro

29/10/2018

(Del libro Natacha)

– Mami ¿La voz que tenés adentro de la cabeza se parece a la voz que tenés afuera?la-voz-de-adentro

– … (ay) ¿Cómo?

– Sí, mirá, ¿viste la vocecita de adentro de la cabeza de cuando pensás?

– … sém.

– ¿Es igual o es distinta a la voz que tenés cuando hablás?

– Mm… creo que es igual, no sé, nunca lo había pensado… sí, me parece que es igual ¿Por?

– Porque la que yo tengo a veces se parece a la de Pati, a veces a la tuya y a veces a la mía…

– Es que…

– … pero no se parece tanto a la mía, porque yo grito y hablo rápido y la de adentro habla siempre así, suavecito, y no se apura nunca, siempre igual.

– Pero, Nati, no es que tu voz de adentro sea como la de Pati, es que a veces te acordás de la voz de Pati y es como si la oyeras adentro de tu cabeza.

– Pero es que la oigo diciendo cosas que nunca me dijo Pati.

– Entonces será que te imaginás cosas que Pati podría decir, con su voz, igualita y todo.

– … (mmm).

– …

– Yo una vez me imaginé algo que me decía Pati, pero me salía con la voz de la abuela.

– ¿De veras? Y yo una vez soñé con una zapatilla que me hablaba con la voz de la tía.

– ¡Buenísimo, mami! y yo una vez escuché la voz del tío pero no tenía nadie adentro, era nada más la voz…

– ¡Qué bárbaro, Nati! Y yo una vez escuché una voz que no hablaba ni hacia ningún ruido.

– ¡¿Y cómo sabías que era una voz si no hacía ruido, mami?!

– Porque la miré a los ojos.

– ¿Era una voz o una persona?

– Una voz.

– ¡Las voces no tienen ojos!

– Bueno, yo no le vi los ojos, pero más o menos calculé por dónde tenía la panza.

– ¡¿Le viste la panza?!

– No, la panza, panza, no, escuché el ruido que hacía la panza.

– ¿La panza también hacía un ruido mami?

– Dos ruidos hacía, Nati

– ¿¿¿¿Cómo dos ruidos?????

– Y sí, dos ruidos Nati, pero no se oían.

– ¿Y cómo los oíste si no se podían oír? … ¡Mami, me estás mintiendo!

– Nataaaachaaa ¿Cómo pensás que te voy a mentir? Te estoy contando una cosa.

– ¿¡Y qué te decía la voz, mami!?

– Me hablaba así, Nati, muy bajito, muy muy muy bajito…

– ¿Y qué te decía?

– (susurrando) No hables fuerte, Nati, porque no quiero que la voz me oiga.

– (susurrando) ¿Y qué te decía, mami?

– (susurrando) Natacha se tiene que ir a bañar…

– ¡Mami! ¡Ufa! ¡Era una broma!

– ¡No, Nati! ¡Te lo juro! (susurrando) me decía así, Natacha se tiene que bañar porque está muy sucia…

– ¡No, mami! ¡En serio! ¡Mirá que si mentís te va a crecer la nariz!

– (susurrando) Y mi voz me decía, ¡Uy! ojalá no nos crezca la nariz porque Natacha todavía no se bañó y huele horrible.

– ¡No me quiero bañar!

– …

– … ¿en qué pensás?

– … perfecto; no te bañes

– ¡¡¡¡¿¿¿¿ Por ????!!!

– ¡No quiero que te bañes!

– ¿¿¿¿… !!!! Pero… ¿seguro?

– ¡Natacha! ¡Te prohibo que te bañes!

– …

– …

– … ¡y qué! ¡si yo me quiero bañar, ¿y qué?!

– No te dejo.

– Y yo voy igual.

– Pero yo no te doy permiso, Natacha.

– (corre) ¡¡¡Mamiii!!! ¡¡¡Ya me estoy quitando la ropa!!!

– ¡Natacha! ¡No te bañás!

– (je je je) ¡Mamiii! ¡Abrí el aguaaaaaa!

– ¡Salí de ahí, Natacha!

– (je je je) ¡¡¡Ya me estoy bañaaandooooo!!!

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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