La luz ilumina el borde de la Tierra

03/12/2018

La vemos desde la Luna.

En la enorme pantalla parece que voláramos en una nave, nosotros en el espacio.

La Tierra parece tan quieta y es tan silenciosa y tan bella que el silencio nos va ganando.

Es un planeta.

Es un bebé.

Parece una canción, otra música, pero flota; y parece música.

Luego la cámara vuela… luego volamos encima de unas aldeas en la India. No sé qué cultivan pero cada pequeña parcela tiene un color diferente: rojo, amarillo, un rojo diferente. Y un hombre camina arando detrás de su buey. Pero antes parecía una pintura, sólo después descubrimos al señor y a su buey; pero él no nos descubre; no nos ve, ni nos saluda.

Volamos sobre unas colinas verdes, verdes que parece un paño, pero son plantas y es cultivo. No hay nadie. Sólo nosotros la sobrevolamos, tan rápido que parece que hiciera frío.

Seguro es que encendieron el aire en la sala. Pero la pantalla es tan grande, parece que volamos.

Entonces sentimos frío.

Pasamos esquivando delicadamente una montaña verde, y luego otra, verde, también. Estamos tan alto que no distinguimos a las personas. Nos deslizamos delicadamente entre montañas verdes. Entramos en una nube.

Enseguida salimos sobre una zona montañosa. Una desprende un humo como de tierra. Es un volcán. Vamos a sobrevolar la cima del volcán. El borde interior es rojo intenso. El humo sale lento y pesado, no entramos en él.

Corte a otro volcán, su cima parece un ojo de esmeralda verde.

Es tan grande, y tan lenta su procesión.

Unas montañas parecen una porción de torta mil hojas. Capa a capa en su costado.

Una catarata. Parece que nos caeremos en el salto, pero no. Venimos por el río, sereno en su superficie, aún cuando vemos que ahí adelante caerá. Seguimos, y cuando se termina el río, y cuando cae: seguimos volando, lenta y graciosamente. Como si la gravedad nos perdonara o, por esta vez, nos dejara gobernarla. ¡Ay, alfombras voladoras, quién pudiera domar la gravedad!

Cortinas y cortinas de agua, y el vapor que salta en todas direcciones, y en él se hunde unas aves y de él emergen, ¿dónde viven? ¿Cómo se atrevieron a cruzar esa montaña de agua derrumbándose para hacer un nido?

Todo se ve tan limpio, tan lento y tan bueno.

Nada nos apura, nada nos falta.

No parece que el planeta corriera peligro o, al menos, no merece correrlo, es tan bello.

La narradora dice que todas las especies nos necesitamos. Tan enlazados estamos.

Se ve un pequeño río que atraviesa unos pastizales, y parece una vena en un brazo verde, y lleva una lancha que un hombre empuja con una pértiga. Empuja y avanza, se vuelve lenta, empuja, toma fuerza y avanza en el pulso de la vara. Cuatro mujeres llevan unas cestas en sus cabezas, sus vestidos son coloridos.

Después una larga caravana en un desierto.

Luego volamos encima de aves migrando. El foco está cerca y vemos algunas, pero el foco se aleja y vemos más, luego más, y más, son cientas. Se aleja más. No, son miles. Y debajo de ellas vemos el continente, una península y el mar, más que nada el mar. Y a ellas migrando encima, y a nosotros mismos más arriba.

¿Por qué nos toca tanto verla así de lejos?

Silencio en toda la sala, hechos un mismo sentimiento.

No es que sintamos que hay que cuidarla. Nada nos apura, nada nos falta. No parece que esté mal. Es diferente, como quien ve con el corazón descubrimos que es bella, y que su hermosura nos atraviesa como con su luz de verdad y belleza. Y no podemos sino quererla. Provoca silencio, y es tanta la hermosura y es tan diversa, que parece una historia de nunca acabar, y sonreímos por eso. Una historia de nunca y nunca acabar, como la catarata de agua, como el Cuento de la Buena Pipa. Así se derraman lagos de amor, capas y capas, montañas, placas de los continentes. Y tiene lo grande y tiene lo pequeño, y todo cabe. En ella todo cabe. ¿Quién no querría cuidarla con tanto amor? La vemos, no como quienes la lastimamos, sino como los más humildes testigos de su variada grandeza.

Y luego otra especie, y luego otro paisaje.

Pasen señoras, pasen señores.

Una historia de nunca acabar.

Todo late o se mece, o duerme sereno, o sostiene, o es sostenido. Nadie ataca. ¿Cómo no querer cuidarla? ¿Quién no va a querer que ésa sea su casa? Gran lección, la belleza.

Sigue un viaje que muestra, cuenta sin palabras, y nos hace entender sin explicar.

Todo lo vemos, amor, todo lo vemos. Todo lo vemos, bebé, todo lo vemos.

Todo lo vemos, volcán, todo lo vemos, búfalo, jirafa, monte, catarata, todo lo vemos.

Todo lo vemos jungla, todo lo vemos, desierto cobra, tigres, humanos lavando ropa, cosechando en sus colores, todo lo vemos, campos serenos, ganado, lluvia, humo, todo lo vemos. Aves.

Ballenas.

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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