La intimidad de una despedida

15/03/2010

Este es un artículo que Enrique Valiente Noalles publicó en La Nación. Habla sobre un fotógrafo y el blog que escribe para contar los últimos días de su padre.

Como podrán imaginar es muy conmovedor, y una gran lección sobre tantos aspectos: sensibilidad, humanidad, la belleza de lo pequeño e íntimo. El amor filial, el adiós al padre, los límites de la vida. También: una gran lección de relato mínimo, de recuperación de la voz más personal, y la que no busca aplausos ni medición de audiencia. Por lo tanto, una buena razón de esperanza en estos días.

No dejen de visitar la página de Philip Toledano, el fotógrafo. A continuación, el artículo.
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“En los últimos meses de la vida de su padre, de 97 años, el fotógrafo inglés Philip Toledano comenzó a escribir un blog personal, compuesto por fotos y pequeñas narraciones, en el que se proponía registrar su relación con él por los días que les quedaran juntos. Las fotos, no más de 45, acompañadas por algunos textos, son de una gran sencillez. Rostros de su padre, un marco de foto con el tiempo detenido en otra parte, un vaso, una mesa, algunas páginas garabateadas. No hay maquillaje, no hay embellecimiento, no hay trucaje. Está allí la inevitable austeridad de la vejez, momento en que el mundo se contrae y reduce a unos pocos objetos. La misma casa, el mismo decorado, sumados a una espera cuyo sentido desconocemos. Era una experiencia íntima y nunca pensó que más que algunos pudieran interesarse en ella. Pero, en uno de esos fenómenos que produce a veces la web, y aunque sólo le había contado a pocos amigos acerca del blog ( dayswithmyfather.com : click acá ), ingresaron a él en los dos primeros meses más de medio millón de personas, número que superó luego el millón. Y comenzó a llegarle una lluvia de mails de todas partes del mundo con historias de gente que le hablaba acerca de sus propios padres o abuelos.

El tono de su diario es el de alguien que habla para comprender el hecho de que su padre pronto morirá. Habla para acompañarlo y para acompañarse también a sí mismo. El tono es el de alguien que no escribe para otros. Escribe sobre un padre que en algún sentido ya no puede escucharlo porque, aunque sin Alzheimer, ha perdido toda memoria de los hechos inmediatos. Así, al llegar a su casa luego del funeral de su madre, le pregunta cada quince minutos dónde está ella. Pronto se da cuenta de que no debe seguir contándole que su mujer ha muerto. Su mujer se ha ido ahora a París a cuidar a su hermano. Fábulas que es necesario inventar alrededor de quien va perdiendo la memoria. Cosa que en algún lugar sabe también el destinatario y juega a admitirlo para tranquilizar a quienes lo rodean. En una de las fotos finales, Toledano dice: “Algunas veces, cuando estamos hablando, mi padre se detiene, suspira y cierra los ojos. Ahí es cuando yo sé, cuando él sabe. Acerca de mi madre. Acerca de todo.”

“Dónde está Helena? Dónde está Philip? Dónde está Ralph? Dónde están todos?” muestra una anotación de su padre, frase que permite percibir el desasosiego que lo habita, los extraños laberintos que adopta la mente a partir de cierta edad. ¿Qué significan los años de vida que carecen de proyecto y, crecientemente, de pasado? No lo sabemos. Es la pregunta que se formula el padre, quien alcanza a escribir en esos días, luego de cumplir 98 años: “Quiero pensar seriamente acerca de lo que puedo lograr con lo que queda de mi vida”. ¿Y qué significa perder la memoria? ¿Es una manera de poder irse, una manera de desanudar de a poco los cabos que unen a alguien a la vida? ¿Es una protección que emerge cuando la vida se escapa? En todo caso, el día de la muerte de su padre le llegó a Toledano acompañado por quienes se asomaban conmovidos a una historia en cuyos trazos posiblemente vislumbraran algo propio.”

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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