La influencia de la familia (1)

23/02/2011

Con los pelos de punta (dibujo de una niña)(Del libro ¡Qué fácil es estar en pareja!)

Sus expectativas

Cuando nuestra familia sabe qué es lo mejor para nosotros, tememos lo peor.

Testimonio: Alicia, de Villa Crespo

Primera ley de Pescetti sobre las familias

La familias siempre esperan algo de uno.

Agregado de Rot a la primera ley de Pescetti

Y uno lo sabe.

La familia titila
(por decirlo de alguna manera). Titila porque uno se reciba entre tal edad y tal otra, titila porque uno estudie determinada carrera, porque tenga amistades sin fines casamenteros hasta tal edad, porque a tal edad se ponga de novio en serio y (prepárense a asentir con la cabeza) ellos, ellos mejor que nosotros mismos, tienen una clara imagen de cómo debe ser nuestra media naranja. Eso se nota cuando, cumpliendo oscuras órdenes interiores, llevamos a la víctima a una pasadita “accidental” por nuestra tribu y ¡oh, casualidad! justo estaban nuestro hermano, nuestra madre y la abuela. Es algo más fuerte que nosotros: necesitamos hacerla pasar por el “scanner” familiar. Si los representantes de nuestro clan se siguen dirigiendo a nosotros logrando que sus miradas pasen a través de ella como si fuera un agujero… estamos perdidos: ella no les gustó, no es la mujer para nosotros.

Ahora bien: si todos suspenden sus tareas y mamá hace un té para acompañar una torta mágicamente preparada unos minutos antes y la abuela nos la quita de al lado y la sienta dulcemente en la mesa y nuestro hermano menor corre a buscar su álbum de escarabajos para asustarla y seducirla al mismo tiempo y justo aparece una vecina que comenta: ¡Ay, qué chica tan buena conoció Luis! Si ocurre todo eso… estamos perdidos, ella les gustó: no es la mujer para nosotros (sería la típica mujer que va a ser más sobrina de nuestros tíos que nosotros mismos, formaría extrañas alianzas con nuestra madre para que nos abriguemos y comamos bien o no sé qué).

Ley de Avigliano sobre las opiniones familiares

Lo que nuestra familia quiere que hagamos con una mujer no coincide con lo que nosotros queremos hacer.

Corolarios

  • La mujer que la familia elija no nos gustará.
  • La mujer que elijamos nosotros no les gustará.
  • Si a nosotros nos gusta y a nuestra familia también, algo falla.

De todas maneras esto hace que uno llegue a preguntarse: ¿Cómo hacen ellos para tenerlo tan claro si uno mismo no sabe qué es lo que quiere? ¿Cómo hace esa abuela de 90 años, que casi no ve, para saber si tal o cual mujer me conviene si yo ni cuando compro una camisa sé si me conviene o no? ¿es que a ellos les dieron un identikit que a nosotros se nos ocultó? Algo raro hay en esas convicciones y como nuestra intuición percibe eso, aún cuando no sepamos bien de qué se trata: nosotros le gruñimos a lo que ellos le sonríen.

Ley de Elía
Las certezas familiares señalan el camino opuesto.

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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