Enciclopedia de las Chicas Perla ( 5 )

14/01/2008

Los cavernícolas

(del libro La Enciclopedia de las Chicas Perla)

dibujo: Pablo FernándezEl hombre de las cavernas no se llamaba así porque todavía no se había inventado el lenguaje para hablar. Recién después la humanidad empezaron a llamarlos así porque algún nombre había que ponerles. Es muy maleducado decirle a la gente “ése”, “ésa”, “che, vos”. Porque cada uno tenemos un nombre y para eso nos pusieron un nombre.

Pararon de escribir.
– Pati, ¿te acordás esa vez que íbamos por la calle y un chico nos llamó?
– Sí (… no).
– ¡Más bruto! ¿Qué se pensaba, no, Pati?
– ¿De qué, Nati?
– ¿Cómo “de qué”? De lo que te contaba, no escuchaste, Pati.
– Sí, pero me perdí.
– ¿Y para qué decís que sí?
– Qué sé yo, Nati; empezá de nuevo en vez de ponerte tan nerviosa.
– Que-u-na-vez-un-chi-co…
– ¡En serio, Nati! ¡Hablá bien que no te entiendo!
– … que una vez íbamos yo y vos y un chico, desde la otra vereda nos hizo: chst chst…
– ¡Ah, sí! ¡Re grosero, ¿te acordás, Nati?! (ojos finitos de quien se acordó y se enoja).
– Yo ni me quería dar vuelta para que no se piense que no tenemos nombre.
– ¡Pero si te diste vuelta y le gritaste!
– Por eso, nena. Bueno, sigamos.

Continuaron.

Los cavernícolas vivían de la caza y de la pesca recogiendo frutos silvestres. Conocían un tigre con sus dientes de sable, ¡más peligroso!
No tenían una sola casa, iban de acá para allá, de acá para allá. Por eso se extinguieron.
Siempre los agarraba la intemperie hasta que se avivaron y empezaron a meterse en las cavernas y ahí ni locos salían porque estaban más calentitos. No les llovía encima, nada.

Diálogo imaginario:
– Niños no enciendan fuego adentro de la caverna pues se nos llena de humo.
– Ah, bueno.
(no existía el lenguaje, por eso le pusimos “imaginario”).

Sus herramientas eran el hueso y los palos. A los huesos los usaban de cuchillo o de tenedor, de adorno, por ejemplo. Y a los palos para cazar o atacarse entre ellos.
Una vez vimos una foto de un dibujo y tenían la cabeza aplastada, la nariz chata, las orejas grandes, los ojos hundidos y el mentón bien para afuera y la boca ancha y la parte de abajo de los ojos también para afuera. Pati dice que por eso se extinguieron también. Capaz que es cierto porque ¿quién iba a querer ponerse de novia con uno así?

Diálogo imaginario:
– Mamá, te presento a mi novio.
– Uh, nena, ¿justo con un cavernícola te tenías que meter?
– ¿Y vos? Mirá a papá.
– ¿Qué te metés conmigo, nena? (se defiende el papá).
– Que estás panzón y pelado (la hija ofendida).
– Pero no soy un cavernícola como tu novio.
– ¡Señor! ¡No me ofenda! (lo frena el cavernícola que tenía amor propio).
– ¡Si no me dejan que sea mi novio me voy de la cueva! (la hija llorando y a los gritos).
– ¡Ay, qué desgracia! (la madre se agarra la cabeza).
– ¡¿Cuándo va a terminar esta edad de piedra?! (el padre se lamenta).

FIN DE LA OBRA

¡Vivan los orgullosos cavernícolas!

firman: las chicas Perla (Pati y Natacha)

Próxima entrega: “Naves espaciales”

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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