El poeta Danés: el secreto de un narrador folk y moderno

12/01/2014

Cuando uno empieza a narrar (literatura o cine), suele hacerlo lleno de prejuicios, escudos protectores. Por ejemplo: no se debe ser ingenuo, hay que sorprender, tiene que tener lógica, cuidado con el ritmo, hay que ser profundos, decir cosas trascendentes, no olvidar decir lo que pensamos (sobre todo), y cuidado con lo feliz… es naif. En fin les nombro algunas de las que recuerdo haber pasado.
Veamos este ejemplo, tan liberador.
Aquí el narrador usa el tono de los viejos cuentos populares, avanza con pasos grandes o pequeños, según lo necesite. Todo lo relata con neutralidad inalterable (como el paso del tiempo): sea el encuentro de una flor o una muerte. Y hecha mano de cualquier anécdota que sirva a su intención. No importa si tiene lógica o no, no importa si se saltea pasos: ¿sirve al relato?, vamos, la uso y sigo. La narración avanza dulce, ajena e impasible, firme en el el propósito, que puede ser contar una historia o dar una enseñanza.
Pero, al igual que en la película “Memorias de Antonia”, el paisaje, cierta información, la desacralización de algunos rasgos: denotan la contemporaneidad, lo urbano. No es un relato campesino, aunque haya aprendido de esos recursos para contar. Es un narrador urbano, y actual. Pero tampoco es un cuento urbano, porque se permite ser tan simple, emotivo, y abarca grandes ciclos vitales.
Aquí hay un bellísimo ejemplo de esa combinación entre narrador de cuento popular y rasgos modernos (contemporáneo). El campesino que sabe que existe el mundo, o bien el urbano que sabe que los ciclos se repiten. El cambio y la repetición, en una mezcla exquisita, es uno de los secretos que me atrajeron en este corto, como en la película que cité.
Que lo disfruten.
Luis Pescetti

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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