El “no” también construye

03/06/2019

Mi carrera, mi estilo de composición y escritura está hecho tanto de las cosas que tomé, como de las que descarté.

Muchas veces tendemos a pensar que la identidad se enriquece con todos los recursos que sumamos, de echo usualmente pensamos que la idea misma de construir se basa en agregar.

Pero la creación no es, literalmente una suma, sino también una resta, tan gráfico como en la escultura y el proceso de quitar lo que no será la forma final, como en elegir una figura, ir hacia ella y descartar todas las otras formas. Y también como en borrar y borrar lo redundante en un texto.

Una línea de diálogo no exprime todo lo que podría decirse, antes bien, lo máximo de la expresión estalla por lograrlo con una gran economía de medios.

Un actor no conmueve porque sus gestos subrayen lo que él quiere que entendamos, asegurándose que nos quede claro su intención, ahí se desarma el impacto, sea porque sentimos que sobreactúa, o porque nos anticipamos en la comprensión y nos quedamos esperando que termine su explicación para regresar a la línea dramática. En ese entrar y salir, por una y otra razón, nos salimos de la historia. No así con un actor que en determinada escena contiene su reacción, como muchas veces hacemos en la vida, nos identificamos con ese gesto que iba a asomar pero fue retenido, y ese choque de fuerzas: el grito de dolor, la sorpresa, la angustia, y el sujetarlo, se convierte en doblemente expresivo.

               Expresar, en estos términos, es transmitir una experiencia, no tiene que ver con “lo que se dice”, lo que se muestra, sino lo que se transmite. Y rara vez es “decirlo todo”, hasta el agotamiento.

               Esto menos ahora que abundan los medios de producción y transmisión de contenidos. Humberto Eco decía que nuestra época no está tan cargada de mensajes, como sí de códigos de lectura, códigos para interpretar lo que se ve. Y lo decía en la década del ’60, cuando la pugna por producir y distribuir estaba en los medios tradicionales: gráficos, radio y televisión. Eso estalló con el agregado de internet, las redes YouTube. La producción se descentralizó y la distribución se hizo horizontal.

               Una amiga contó una hermosa anécdota que ilustra, cuando era joven se vistió para salir, según ella se había puesto y maquillado con lo mejor, con esa seguridad fue ante su abuela y le preguntó, pero buscando impactarla:

– Mira, abuela, ¿qué te parece?

A lo que la abuela la invitó a que se parara frente al espejo. La acompañó, ¿Ya está? ¿Ya tienes todo? Mi amiga radiante respondía que sí, y la abuela concluyó, bueno, ahora mira y pregúntate: ¿Qué me quito?

Como se dice en biología “no se expresa” todo nuestro ADN, tampoco una novela es todas las combinaciones posibles de las palabras de un diccionario y una obra musical lo mismo con las teclas del piano.

               Regresando a un plano personal y profesional. No tomo todas las invitaciones que me llegan, y a las que me llegan las recibo, agradecido, pero con muchas condiciones: no puede haber solo niños, no tiene que ser para una comunidad cerrada sino abierta a toda la comunidad, etcétera. Porque sé que en esas condiciones el show se expresará en toda su potencialidad, y en otras simplemente no. Si me expongo y expongo mi trabajo a presentarse en condiciones que no funciona, ganaré demérito y no potencia, prestigio, alegría por la experiencia.

               La película sobre mi personaje “Natacha” que se realizó en 2018 está hecha de los sí que le dije a esa productora tanto como de los “no” que dije en ocasiones anteriores. En una de esas me habían pedido la libertad de ampliar el guion de modo que Natacha tuviera un novio y se diera un beso. ¡No! Natacha es una niña de 7 u 8 años, de haber aprobado ese cambio, sólo por construir otro hito en mi carrera (un libro se lleva al cine) habría tergiversado la naturaleza de mi personaje, junto con ese “sí”, habría arrastrado el foco con el que trabajo, la credibilidad o seguridad con la que me planto frente al teclado. porque, al menos en mi caso, para expresarme necesito mucha confianza: confianza en soltarme a escribir o al subirme al escenario soltarme a actuar. Si esa confianza se vulnera soy más débil. Y esa confianza está hecha, entre otras cosas, de la integridad de mis personajes, más que de las ofertas que acepto, así fueran o no, coherentes con mi trabajo.

               El “no” hacia aquella invitación, cable aclararlo, no representó una oportunidad para que Natacha fuera película. Al contrario, fue “no”, que no se haga la película. No dije no porque tenía otra invitación pendiente y la garantía de que iba a haber otra oportunidad. Esos “no” que decimos no nos garantizan que pasará otro tren. Lo único que garantizan es que no nos subiremos a un tren que nos lleva un lugar que no queríamos. Y evitar ese desvío no es poco. Pero en el momento no hay certeza, salvo de construir integridad, y eso sólo se mide en la delicada sensibilidad de uno mismo o, a lo sumo, uno mismo y una o dos personas muy cercanas que conocen nuestro camino.

               No hay reglas sobre cuándo construimos lanzándonos hacia algo, o cuándo lo hacemos quedándonos. Y es bueno saber que tampoco acompañan argumentos racionales al momento de decidir, y es bueno saberlo para liberarnos de la carga de rellenar un formulario de justificación, así fuera ante nosotros mismos. Son grandes decisiones basadas en la intuición, en una sensación de la barriga, dichas como “no sé por qué, pero no”.

               Nosotros, nuestros niños, nuestros alumnos, deben aprender y reconocer, que eso pasa y pasará, y que no necesariamente agregaremos buenas razones con años y experiencia, pero sí confianza en atender esa voz, más lúcida o más sorda que nos indica.

               No tenemos más visibilidad por presentarnos siempre, en todos los foros. Así es más probable que nuestra imagen se desgaste, agotando al público. La visibilidad está hecha tanto de cuándo y cómo presentarse, como cuándo guardarse.

               Si actuamos en condiciones malas, si escribimos en medios inadecuados, somos nosotros los que nos alejamos de nuestra propia meta o de la búsqueda de nuestra meta. Importa tanto actuar, escribir, como hacerlo con ciertas reglas y condiciones, para no exponernos a un retroceso no deseado.

© Luis Pescetti

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¿Comentarios? (ahora hay 1)

¿Comentarios? (ahora hay 1) en “El “no” también construye”

  1. El 17/09/2019 Vero escribió:

    Gracias Luis, cuanto aprendo. He sentido la necesidad de ese no, y a veces no comprendí mi propio desgano por algo, mi propio no. Esto me aclara, pones en palabras mi sentir, mi intuición. Gracias!

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