De que se viene la crisis, y otros brindis (2)

19/12/2008

Pero antes de eso había pasado otra cosa, y viene muy a cuento que lo platique, porque el año que viene dicen que es de crisis…

¡Ay, güey! ¿Tons éste de qué era, o qué?

Y, aguas, porque eso lo afirman los especialistas…

Ahora que si son los mismos que nos comandaban antes, pues ya estuvo que ya estamos, porque ¿no que estamos en crisis?
¿A qué le hacemos caso a esos brutos?

Igual y si son los mismos no hay que hacerles caso, porque a lo mejor se viene la prosperidad, y no la crisis.

Pero el sentimiento de uno está como pachucho, la verdad. Así como que dan ganas de decirle a Santa Clós:

– Lo que no sea molestia, vea. Ahí colabore con lo que pueda.

Como el músico callejero que me encontré o me encontró hoy, y luego cobraba de mesa en mesa, y a mí me dijo:
– Hola, Luis.
Y pasó sin cobrarme, por lo que luego lo invité a la mesa. Y es que así hace uno, le cobra al que quiere y al que no: no, y porque no se le antoja. Por dignidad, que es la teoría que les platicaré luego.
Porque ahora les quería contar que hace como un mes, en Alfaguara nos miramos a la cara entre Larisa, Gabriel, y Violeta, y yo mismo, para servirles.
Que nos miramos a la cara… y nos vimos todos con un cansancio de este año que ni qué.
Y así hablábamos, medio en piloto automático, de con qué ibamos a presentar el Natacha nuevo y el nuevo CD y el DVD… ¡pero con unas caras, mis compadres! Con unas caras que, ¡Ay, mamá!

¿Vieron cuando a uno le da una cara como de cansancio acumulado? Bueno.

Tons que me inspiro y les propongué (es pasado del verbo “propuse”), así con los ojos en blanco y como oyendo a la musa:

– Oigan, ¿y si no hacemos nada?

Y me miraron todos con sus ojos glaucos que teníamos ese día, así me miraron: con una esperanza, les digo. Y continué:

– Porque, miren, en esto estamos por gusto, y si es disgusto, pues como dijo una tía.

Y nos vino como un sopor de que estábamos de acuerdo, porque a veces a uno le viene un alivio de dejar de insistir.

Tons que vi que todos nos íbamos muy contentos arrastrando nuestros pies ese día. Y hablé luego con María Fernanda, y díjele, pero me dijo:

– Sí, Luis, ya me contaron los chicos (porque ella que es muy maternal, les sigue diciendo “chicos” a todos los casados esos).

Y hete ahí que estuvo de acuerdo, a ella también se le hacía que si no estábamos inspirados no lo hiciéramos en automático. Que si no teníamos entusiasmo (que viene como de un griego que quería decir “tener el dios adentro”) no lo hiciéramos desganados.

… (continuará)


(aquí mesmo continúa…)

Y ahí quedo la cosa. No íbamos a hacer nada.

Pero que me arrancó una frase, y le dije una frase a María Fernanda, que no la voy a contar ahora, pero que hizo que, cuando Alejandra, Martín y Tristán (no es que les tenga confianza, sino que sus apellidos son muy difíciles) me propusieron “hacer algo” en el Canal 7 (que sería como el Canal Once en México… yo digo que porque hay cuatro horas de diferencia), junté pelado con peludo y díjeles la idea de un show de fin de año con la editorial y vino a ser lo que fue, con todo y sus molestia, y de verdad disculpen.



Y ahora viene el final, que es cuando termina, pero en este caso: empieza.

Lo que le dije a María Fernanda, antes de que llegara la invitación del Canal 7 y después de nuestro desgano y desencanto, le dije:

– Mirá, María Fernanda, se habla tanto de la crisis del año que viene, y es verdad, es muy probable que el año que viene sea muy duro, (y no porque este haya sido blando). Entonces, yo pienso, María Fernanda (ella ya sabía que yo pensaba, pero fue una manera de decirle):

Tons, yo pienso (le díjele), que es cuando más hay que estar cerca de los chicos. Este fin de año y el año que viene.

Mucho más y mucho más especialmente. Porque van a oír voces de desencanto, y porque quizás vean momentos más difíciles en sus casas. No deberíamos no hacer nada, si podemos: no deberíamos.

Pero entonces no se nos ocurría qué, y ahí vino la invitación del Canal 7 y ahí fue que hicimos lo que hicimos.



Es decir, compadres, porque a uno le puede pasar de todo.

Le puede pasar que le nace un hijo, o que se le pierde un embarazo. Que le nace un hermano o que se le muere la madre o el padre. Le puede pasar que le dicen que es sano, o que le avisan que “hay algo”. Le puede pasar de a mucho y le puede pasar de a poco. Y le puede pasar de que le digan que hay demasiado trabajo, o de que hay el trabajo de siempre pero te pagaremos menos, o de que ya no hay trabajo y ahí te ves…

O le puede pasar de que no tenga un peso partido en ocho, o de que lo tenga, y no tenga el tiempo para hacer lo que podría hacer con ese peso.

Yo este año vi mucha gente, ni les cuento, vi niños con una cánula en un hospital en Coahuila…

vi papás que ya no están…

vi caras de quien iba a ser mamá y papá y no fue…

y vi caras de a quien lo robaron…

y vi la cara de una chava, también en Coahulia, que acompañaba a un niño enfermo, haciendo como de pariente que no era, en un hospital, y que se murió el amiguito, y que ella le dijo a su mamá que namás ya no podía acompañar así, porque no podía… con su quince años o sus quinientos.

Y vi caras de miedo y caras de odio… y de todo, como han visto ustedes, mis compadres, porque de todo vi, porque de todo vimos…

A lo que voy, como decía una tía cuando venía, a lo que voy es que endemedio de lo que todo vi,

entremezclado como lo que mezcla…

lo que más me tocó ver este año, mis compadres…

fue dignidad, y también indignos, cómo que no, y también indignos, pero de esos ni les hablo porque todos hemos visto,

pero déjenme que les platique que en medio de tanto dolor y tantas tristezas y aún pobreza, me tocó, por gracia de quién sabe, ver dignidad.

Y eso se agradece. Y si se puede: se reproduce, quiero decir, mis compadres: que en la cara de aquél papá que estaba enfermo, o aquella cara de quien iba a ser mamá y que no, o en la de aquél niño con su cánula, o en la de Manolo, el niño ciego de Saltillo, que ya les platiqué, y en la mía mismo en el espejo, con su permiso, y no les cuento más, vi tantas veces dignidad,

que me ayudó a prepararme para este año que dicen que viene…

que viene por obra y gracias de unos jijos de su tal por cual, con nombre y apellido, de esos que privatizan las ganancias y socializan las pérdidas… eso que ni qué…

pero no vienen a cuento ahora, que nos arruinen el pastel…

Ahora, mis compadres, y con su permiso, yo me alzo la copa para ustedes, como quien dice: brindo.
Suave y quedamente, como frente a ese papá, a esa casi mamá, o al niño de la cánula o a Manolo, tocando la camioneta,
alzo mi copa, de vino o de refresco y, con su permiso y por su salud, brindo por toda la dignidad que tuve la gracia de conocer.

Por eso hicimos el programa, y las canciones y los cuentos de cada día.
Y eso quiero enseñarles a los chicos.

A ver, compadres. A ver esas copas…

Todo lo mejor…
por las sillas llenas, y por las vacías, y por las que nosotros mismos dejaremos libres, y por el tiempo, y por lo que pasa, y por lo que llega, y por los besos y por la brevas, y por el aire, y por la mar, que dale que dale, y por la Luna y por la arena.

Y que esto y que lotro…

¡Salud!

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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