Cuatro habitaciones en dos días ( 3 )

26/11/2008

Y en el mismo hotel, faltó agregar. Lo que pasa es que él empezó primero.

Porque yo de por sí soy de probar una mesa en un restaurante, que para dónde mira, que si tengo la pared enfrente o atrás, que mejor sin tele, y así… y así llegué a que me atienda más de un mozo, onda ¿Dónde está? ¿Dónde  está? Con su bandeja en la mano y yo que me le perdí.

Pero en este hotel al culpa no fue mía, porque bien que la primera habitación que me dieron hasta me gustó, fíjense. Amplia como son las habitaciones de los hoteles del Norte en México. Como con dos camas cuádruples en cada cuarto y sobran pasillos, y la tele te queda leeeeeeejos, encima de un mueble que está por allá, contra la otra pared, que está más cerca de la frontera con Estados Unidos. Pero no me quejo, namás cuento que estaba amplia y con poca luz, eso sí, igual y que por lo del mismo espacio amplio, porque no había quién alcance a iluminar esa inmensidad. Pero, ya que encendí todas las luces, el que no respondió a los mandos superiores fue el aire acondicionado que hacía pirí pirí y se habría; y pirí pirí: se cerraba. Le habrá pasado algo, pensé. Pero siguió en esa actitud todo el día, y ya para la mitad de la noche sentí frío y pedí cambio de habitación. Y heme ahí mi alma sola por ese mundo de pasillos que no me iba a llevar todo mi tilicherío y me fui namás que con mi valijita de mano, mi libro y mis buenas intenciones. Me pasaron a otra habitacionzonzonzota, pero cuyo aire acondicionado ni frío ni calor, abría la boca y se quedaba callado. Primo hermano del otro canijo había de ser.

Tons que, a la mañana, si quería escribir tenía algunas cosas en una habitación, y si me quería lavar los dientes, en otra; y cada vez a probar las llaves para entrar, porque son iguales esas tarjetas.

Cuando salíamos para el show la recepcionista me preguntó: Oiga ¿Usted en qué habitación está?
– Como regado por todo el hotel más o menos. Le dije Porque no hacía más que ir y venir.

Tons fuimos a actuar a Juárez, motivo de relato aparte y, al regresar, que ya me habían mudado todo a oootra habitación. Todo se refiere a igual y como lo tenía: bolsas de plástico, unas medias que me había lavado. ¡Eso no se hace! Luego aparecen esas menudencias en las biografías. Pero este cuarto tenía un motor enfrente, una ventilación, que era la que sacaba el aire de la cocina, y a los cocineros también, me imagino, porque era enorme y como entrenamiento para arreglar turbinas por el ruido. Y me ofrecieron otra, pero que tenía mariachis enfrente, porque había un cumpleaños, y no dejaban oír la turbina.

Así terminé en apenas la cuarta. Hogar dulce hogar. Gracias

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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