Convivencia y Rita Hayworth (7)

28/11/2008

Después de una cena, que será motivo de otro relato, porque ya no son horas, y en la que lo menos que nos contaron fue que nuestro anfitrión estuvo en casa de Rita Hayworth quien después los invitó a cenar, pero en un momento de la cena, que le dio una desconocida, pues voltea y les pregunta:
– Who are you?
Que, siendo invitado de ella, a lo que menos te suena es ¿Y uds, quién carajos son? Y ellos que le decían: Ay, Rita no nos hagas estas bromas; y ella que que quién who are eran?.

Tons que se acercan los meseros (y ya se los estoy contando, finalmente) al ver que había problemas, y ella que dale que con el quién who are eran estos, y tons, como a Rita Hayworth, sí la tenían vista, que se le caen encima a ellos, y a llevarlos aparte y a presentar pasaportes, y que a pasar un oso (una vergüenza) que ni el oso, miren. Y que en medio que los esculcan que quiénes eran, Rita que los llama por su nombre. Y que dónde estaban, y que feliz otra vez. Y ellos regresaron a la mesa con un susto cada uno, que ni les cuento.

Y se lo atribuyeron a que quizás la bebida. Pero resultó que no era la bebida cuando años después supieron que padecía de la enfermedad de Alzheimer.

Por la cual murió, nos terminó de contar con tristeza. Pero, antes, lo que les mostró en su casa, que es lo que sí no voy a seguir contando, porque era la mano de ella y la de Orson Welles imitando las dos manos de Rodin, y una galería de fotos con todas las estrellas y estrellados de Hollywood, inclinados ante ella besándole la mano; y siete perros que tenía.

Porque lo que sí venía a contarles era que después de una cena así, en la que junto a esa anécdota venía otra con la NASA y peces que sólo aquí… y ya no me sigo…

que regreso a mi cuarto y estaban mis cotorras vecinas, pero que ni nosotros en la cena. A grito pelado anécdota va y comentario existencial viene.

Tons que haciendo acopio de civilidad  las llamé muy apenado que por levantarme mañana tan temprano, que sí es cierto; y ella me pedía disculpas; y yo que si podían hablar un poco más bajo, que sí era cierto, y ella perdone usted, y yo: no qué pena, usted, perdone; y ella vuelta que la perdone a mí, que ya la estaba perdonando, y yo que de verdad muchas gracias. Y así nos estuvimos un buen hasta que no sé cómo logramos cortar.

Tons que se hizo un silencio al lado, que me dio una mezcla de culpa e intriga. Y de repente oigo un murmullo, y como no distinguía qué decían que acerqué mi oreja. Pero ya que mí mismo me vio a mí mismo hacer esa tarugada, que me mandé un poco al diablo.
Y me voy a dormir en paz y en recuerdos.
Buenas noches.

Luis

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 


La patria es la vida (origen no es destino)

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