¡Doctor! ¡Doctor!

—¡Doctor! ¡Venga urgente, se murió mi esposa!
—Caramba, ¿y de qué se murió?
—De repente.

*

—¡Doctor! ¡Usted tiene que curar a mi marido, se cree una heladera!
—¿Y en qué la puede molestar con eso?
—Es que como duerme con la boca abierta, la lucecita no me deja dormir.

© Luis Pescetti

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