Boletí­n N° 9

14/12/2005

LuisTexto leí­do por Luis en su programa de Radio Nacional (Argentina), del sábado 10 de diciembre de 2005.

Carta abierta a los niños

Hago un programa de radio dedicado a niños y a la gente que vive en familia, la de siempre, la creada, la nueva o la vieja. El del sábado pasado estuvo dedicado a una niña y a su madre (ellas fueron atacadas por un vecino abusador. La mamá está muerta y la niña recuperándose). Por ellas y por todas quienes ellas representan.

Es bien sabido que, muchas veces, cuando una mujer denuncia que sufrió un ataque no se la toma en serio como si se denunciara otro tipo de delito. “Debe dar pruebas”, ser creí­ble. O sea que encima de ser ví­ctima le toca pasar por esa vergí¼enza. Pero, según los periódicos, esta vez ocurrió, además, frente a un juez. Podemos suponer que la muerte de la mamá podrí­a haberse evitado, así­ como el ataque que sufrió la niña luego, pues la madre y otras señora habí­an querido denunciar antes al agresor.

Qué quiere decir que toquemos este tema en un programa infantil de radio. La verdad es que no quisiéramos hablar de esto, pero porque no fuera necesario. Lo hacemos porque fueron una mamá y una niña. Porque los niños también viven estos hechos, y porque la noticia está en todos los diarios y las radios y la televisión, porque ésta nos hace acordar a otras noticias iguales o parecidas, y porque entonces corresponde hablar de estas cosas.

Hay gente que está loca y no es dañina y hay gente que está enferma y además es dañina, que fue lo que sucedió ahora.

¿Esto quiere decir que todas las personas son malas, o de repente podrí­an volverse así­ de dañinas?

No, quiere decir que existen algunas personas que son así­ de peligrosas, que eso hay que saberlo y que hay que saber cuidarse de esas situaciones. Hay otras personas que son buenas y lo serán siempre, y no ocurrirá nunca nada que haga que dejen de ser buenas.

Nunca hay que aceptar ser amenazado. Nadie, nadie debe hacernos vivir con miedo. No importa de quién se trate. No importa si es ladrón o policí­a, un familiar o un juez, un presidente o un militar: nadie debe someternos con miedo.

Puede que sintamos miedo y vergí¼enza cuando alguien nos amenaza. Miedo por la amenaza misma, y vergí¼enza por muchas razones: porque da vergí¼enza no saber defendernos, o por no poder hacerlo, o porque lo que nos dijeron o nos hicieron es tan feo que nos da hasta vergí¼enza contarlo.

Incluso puede pasar que pensemos que no nos van a creer, o que nos van a retar a nosotros por eso que nos pasó o que nos da miedo. Cuando uno es chico no siente que le van a creer todo, siempre. Sin embargo hay que vencer ese miedo y esa vergí¼enza y hablar.

Hay que ser muy valiente para vencer ese miedo y esa vergí¼enza, pero hay que hablar, porque si no el miedo crece.

Hay que aprender a cuidarse y saber avisar a un adulto de confianza cuando ocurre algo que nos suena raro o violento. No importa quién te haya hecho sentir miedo o dolor, siempre habrá un adulto confiable a quien puedas avisarle lo que sucedió.

Puede que un maestro o una maestra, o un compañero de escuela nos amenace. A veces bastará con no hacerle caso, a veces hay que “pararle el carro” (como suele decirse), pero también puede pasar que no nos guste pelear o que el otro chico o la otra persona sea más grande, entonces hay que pedir ayuda. No hay verguenza en pedir ayuda.

Si al pedir ayuda no nos hacen caso, no hay que desanimarse, hay que decir, de la manera más seria posible: “Te estoy pidiendo ayuda y no me haces caso, ¿a quién quieres que recurra?”

Hace falta confianza incluso para pedir ayuda.

La confianza es algo que se construye, poco a poco y mucho a mucho. Hay que saber oí­r y prestar una atención seria.

Una de las cosas más comunes que pueden ocurrir cuando somos niños es que sintamos que no nos toman en serio. Eso hay que cambiarlo porque no es bueno, como tampoco lo es que nos hagan caso al más mí­nimo capricho. Bien sabemos que las dos cosas están mal. Una porque nos deja huérfanos y la otra porque nos crí­a como unos tiranos caprichosos, que si no nos hacen caso sentimos que se nos viene el mundo encima.

Los adultos tienen que aprender a oí­r tomando en serio. Y los niños tienen que aprender a contar las preocupaciones.

Un niño no aprende solo o espontáneamente. Se debe crear ese clima de confianza: no burlarse de lo que cuenta, tampoco dramatizar (es decir: reaccionar con grandes enojos y gritos). Oí­r seriamente también puede ser oí­r ligeramente (que no es lo mismo que con ligereza).

En este caso, al parecer, ese juez no resultó ser un adulto de confianza. ¿Eso quiere decir que no se puede confiar en ningún juez? ¿O quiere decir que no existe la justicia?

No, esas son cosas que se dicen en un momento de enojo; pero no son ciertas.

Sí­ quiere decir que las personas fallan y cometen errores, y que también las instituciones pueden fallar.

Eso no quiere decir que todo está mal, pero sí­ quiere decir que un juez, así­ como cualquier otro profesional de cualquier profesión, puede equivocarse o estar en un lugar que no le corresponde.

Eso debemos aprender y que, cuando eso pasa, hay que seguir y buscar a otro. Buscar otro para pedir ayuda y, si es necesario, buscar otro para que ocupe ese lugar.

Oí­r sin enojarnos, sin burlarnos, sin gritar, sin hacer dramas. Oí­r sin asustarnos, oí­r sin que se nos venga el mundo encima. Oí­r la palabra que nace cuando encuentra alguien que oye. Así­ como nace la palabra nace el derecho.

¿Puede que ahora muchos chicos se pregunten qué va a pasar con esa niña?

Ella ahora esta siendo cuidada, se está curando. Hay cosas fí­sicas de las que va a poder curarse más rápido y otras que llevarán más tiempo.

Yo no puedo decir que habrá cosas de las que no se curará nunca, porque no creo en eso, porque no le harí­amos ningún bien a ella misma. Porque sin duda no serí­a lo que su mamá desearí­a para la niña; y porque aún con toda la realidad de dolor que vivió da la impresión que sus hermanas son fuertes, quizás ella también lo sea, y la cuidarán bien.

Esto no quieren ser palabras de consuelo para nosotros, así­ como cuando uno quiere cerrar una historia forzando un final feliz. De ninguna manera, son palabras que expresan algo que creo profundamente.

En la vida pueden ocurrir accidentes, ni todos estamos expuestos a todos los accidentes ni nadie está libre de todos los accidentes. Pero incluso en este caso es muy probable, también: por lo poco que se leyó en el diario, que su mamá la cuidara mucho.

Según la creencia de cada uno habrá quien piense que esa mamá la seguirá acompañando desde el cielo, y habrá quien no crea en eso.

En cualquier caso: el afecto, la educación, los valores y cuidados con que esa mamá la crió ya están en ella, son parte de ella misma y no se perderán. Ese amor que depositó su mamá, en ella y sus hermanas, no va a desaparecer nunca. Eso ya está en ella, es parte suya, y lo será para siempre.

Este es el afectuoso y respetuoso abrazo que te hacemos llegar, querida niña, con el más profundo silencio y respeto. Tuvimos que decir tantas palabras para hacer tanto silencio y que no fuera vací­o.

Luis Marí­a Pescetti

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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