Boletí­n nº 27

22/02/2013

Acacaban de criticarme


Hace unos años en un programa de radio de Buenos Aires comentaron con cierto escándalo mi texto Un cuento de amor y amistad, y el hecho de que figure en una campaña de lectura, porque dice la palabra caca.

Dado que no llamaron para informarse les escribí un breve correo ofreciéndome para debatir al aire, y dando mi teléfono, lo leyeron al aire, pero su comunicación tampoco se produjo (ni a la editorial y entiendo que tampoco a especialistas en el tema).

La asociación civil Periodismo Social, realizó un monitoreo (click acá) de más de 28.000 noticias dedicadas a la infancia durante el 2005. Una de las observaciones que se desprende al leerlo, es que cuando se da una noticia sin profundizar y en un lenguaje inadecuado, se estigmatiza al tema, proyecta una mirada distorsionada de los niños, y ayuda poco o entorpece.

Por eso no se trata de realizar una polémica de tono personal sino de aclarar, una vez más, esta posición y, además, ofrecer la liga a esa interesante documentación.


Los chicos tienen derecho al juego, y se puede jugar con la palabra.

Las relaciones de aprendizaje deben basarse en el mutuo respeto, pero no en la solemnidad y el culto (el culto al maestro, a lo que se aprende…); pues así implican relaciones de poder incuestionables, que no son recíprocas, ni simétricas.

Sobre todo porque no conciben al conocimiento como una construcción común. Es decir: una suma de descubrimientos que se producen entre muchas contribuciones, con avances y errores, con refutaciones. Por el contrario suponen una fuente incuestionable de la que emana un saber que sólo cabe aceptar.

El lenguaje de todos los días, es de una gran plasticidad: cambia, evoluciona, tiene palabras que caen en desuso, tiene reglas y también es una construcción común. Por eso es bueno que los niños lo vean así, y no como una pieza de museo que no se puede tocar. Es sano, y también más eficaz, que los chicos se acerquen a la lengua como a un juguete.

El libro apestoso (Babette Cole, FCE), Del topito Birolo y de todo lo que pudo haberle caído en la cabeza (Holwartz y Erlbruch, Secretaría de Educación Pública, Mx), o un texto como el mío, juegan con el lenguaje, pero también con creencias y valores.

El “buen gusto” encierra una serie de valores, y en estos casos se juega con él en aras de otros valores considerados más altos: la espontaneidad, la alegría, la libertad, la comunicación más allá de códigos solemnes, rígidos o estereotipados.

Como señalé en otra oportunidad: la crítica se asocia a la amargura, sin embargo también se critica como lo hace el carnaval: con fiesta y con humor.

¿Por qué no podría haber crítica en un libro infantil? ¿Por qué, si vamos a ser serios o críticos, debemos ser solemnes, amargos?

Se puede estar de acuerdo o no con dar a leer esto a un niño, pero nunca considerarlo un capricho ni un descuido. Vemos las consecuencias de lenguajes acartonados, obsoletos: los chicos sienten que deben aprender reglas que no creen. Que esas reglas no son eficaces para el mundo real. Y así, muchas veces, sospechan que esos adultos que las transmiten fracasan en el mundo real.

Estos textos, entre otras cosas, son maneras lúdicas y literarias de llamar la atención sobre la pacatería que hay en la educación, del valor que se le da a la palabra escrita, y de cómo debe dirigirse un adulto a un niño.

En síntesis: tampoco es una cacalamidad, ni para acacabar cacalentándose así. Se puede tomar con cacalma, y cacada uno sabe si lo leerá en su cacasa o lo guardará en un cacajón; pero no está mal si forma parte de una cacampaña de lectura.

un cacaluroso abrazo

Luis


Periodismo Social (click acá), es miembro de la Andi (Agencia de noticias dos direitos da infancia)

Áreas: Niñez y adolescencia, Pobreza y desigualdad, Discapacidad e inclusión, Responsabilidad social empresaria, Género y sexismo, Participación ciudadana, Derechos humanos, Economía Social, Desarrollo sustentable, Pueblos originarios y Salud.

En su capítulo dedicado a Infancia y Adolescencia, tiene una serie de documentos interesantes.

El citado monitoreo:  Niñez y adolescencia en la prensa argentina 2005 (click acá) es uno de ellos.

Luis Pescetti, ensayos y ejercicios en www.unninounavoz.com

 

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