17/04/2012
Antes no había comida, ahora hay.
Antes no había luces, ahora hay.
Antes no había perros, nadie pasaba,
no había sonidos, nadie miraba.
Ni una palabra, ni una cara,
Nada de nada. Ahora hay.
Antes no había silencio, ahora hay.
Ni siquiera vacío, no había tic tac.
No había molinos, ni geometría,
no había amigos, ni geografía.
No había viento, ni movimiento.
Ni chocolate. Ahora hay.
Antes no había padres, ahora hay.
Ni siquiera había televisión.
Antes nadie nacía, nadie partía.
No había antes, no había instantes,
no había pasado. ¿Y qué habrá pasado
que antes no había y ahora hay?
Luis
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12/04/2012
Si te dan miedo las víboras
no te conviertas en domador de víboras
para superar las vergüenza que sentís
por tu miedo a las víboras.
Sentite con libertad de elegir, por ejemplo:
ser bombero, cocinero especializado en postres,
nadador olímpico, piloto de avión,
dedicarte al teatro, al diseño de parques,
al periodismo, a la mecánica de autos… en fin,
hay tantas posibilidades cuando escoge
libre de demostrar.
Por ejemplo:
- Insigne Profesor Catedrático Internacional, ¿desearía probar nuestra mermelada de víboras?
- No, gracias, las víboras me dan miedo.
- ¡Disculpe que se lo hayamos ofrecido! ¡Aquí tenemos chocolates y bombones normales!
- Valiente Capitán de Navío Oceanográfico, ¿quiere conocer nuestro zoológico con su fabulosa colección de víboras?
- No, gracias, las víboras me dan miedo.
- ¡No se hable más! ¡Qué vergüenza no haberlo sabido! ¡Vamos al cine!
¿Entienden? No vale la pena,
¿para qué se van a quedar encerraditos repitiendo cien veces
debo vencer el miedo a las vírobas… no, debo vencer el miedo a
las víbonas… no, debo vencer el miedo a las vísobas, no…
- Famoso Músico y Mejor Dentista del Mundo, queremos regalarle este cinturón de cuero de víbora.
- No, gracias, las víboras me dan miedo.
- ¡Pero si Usted lo cuenta en su Biografía! ¡¿Cómo no nos acordamos?! Acepte nuestras disculpas y este ropero lleno, por favor.
© 2012, Luis Pescetti

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03/04/2012
He perdido al tenis al fútbol,
en natación y al vóleibol,
y ella me miraba.
Salí último en torneos de ajedrez, billar, karate,
esquí acuático montañismo y pelota vasca.
No logré calificar para competir en bowling, críquet, sumo, pin pon,
bésibol, escalada y patinaje sobre hielo sobre ruedas o lo que fuera.
Tropecé al querer entrar al cuadrilátero de boxeo,
perdí la tabla de surf…
y ella me miraba.
Casi me saco un ojo en esgrima,
no me elegía ningún capitán para jugar fútbol,
en remo no logré llevar el ritmo,
en equitación iba en contra del trote del caballo,
en una regata jamás pude armar la vela,
se me desataba el cinturón blanco en judo…
y ella me miraba.
Voy a inventar un deporte secreto,
entrenaré y entrenaré sin decirle a nadie.
Luego la invitaré a primera fila
y no haré más que ganar, ganar, ganar y ganar
frente a sus ojos,
lo único, lo que más me importa.
© Luis Pescetti

nota de Luis: No conozco al niño de esta hermosa foto de Mateo Oviedo, tampoco fue la que inspiró el poema, la encontré después. Pero en ella veo esa etapa en la que sentís toda la potencia del mundo… aunque todavía no coincide con los resultados. Inocencia y determinación.
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23/03/2012
Señora Dickinson, porque sabemos ser corteses, en ocasión de que la hija del compañero García le comentara unos versos suyos que oyó en la escuela:
Multiplicar los muelles
no disminuye el mar.
El compañero los trajo a la asamblea. Por un lado estamos con elecciones en el sindicato y, por otro, en plena negociación con la patronal, ¿me entiende?
- ¿A qué se mete ésta? alzó la voz más de uno.
En este país, señora Dickinson, hay treinta mil obreros portuarios, treinta mil familias… no es que los puertos dan lo mismo, ¿me entiende?
- ¡Si la Dickinson quiere decir que el misterio es irreductible que lo diga así y listo!
- ¡Si la pena no se alivia con palabras ni poemas… que lo diga así! ¡¿Para qué nos empioja a nosotros?!
Apoyaron otros compañeros.
- Si ella estuviera en un algo de poesía y le caemos a decir: “Bla bla bla bla bla…” , mientras leen, no les gustaría.
Ahí hubo que calmar a los compañeros, no sé si me explico. Algunos ya se estaban parando, nos llevó un rato.
- Además el mar seguirá igual de grande, pero de los puertos salen embarcaciones para navegarlo (aplausos)… gracias a los puertos hay dónde lanzarse a la mar (más aplausos)… y tener un lugar de regreso,(más y más aplausos)… gracias a los puertos el mar… el mar sigue igual de grande… pero es un mar amigo.
Ahí los compañeros se pusieron de pie con los ojos envueltos en lágrimas… porque todos tenemos algún compañero que murió en una tempestad, ¿me entiende? Ahí uno siente que ni los barcos, ni los puertos, ni nada ayuda nada.
Pero, entonces, un compañero preguntó si eso no venía a ser lo que usted dice de las palabras y la vida o del misterio. Se produjo como un murmullo. Se leyó de nuevo, y se hizo un silencio que ni le digo.
Y mire que los compañeros son gente acostumbrada al trabajo rudo, no sé si me explico. Y ahí los tenía, Emily, con la cabeza baja, las manos cruzadas al frente. En ese mar de silencio,perdón si me meto en lo suyo, todos nos incorporamos, y un compañero, con un puño en la garganta, que en nuestro medio podría ser otra cosa, pero me refiero a que con la voz emocionada pronunció:
- No… aumentar los puertos no disminuye el mar.
Como diciendo que uno busca una seguridad que es imposible, y uno se engaña, Emily, nos la jugamos igual todos los días.
- ¡Viva la compañera Dickinson!
Gritó otro, y la asamblea le dedicó un aplauso de brazos alzados. Y es por lo que se le extiende la presente, Emily, como testimonio a su sensibilidad hacia la lucha cotidiana y la vida de un trabajo como el nuestro, que nunca se reconoce. Y por resolución F233/12 se la incorpora en las firmas documentales.
Con respeto la saluda
Faustino Gasso
Prosecretario Adjunto del Sindicato Nacional de Obreros Portuarios
Multiplicar los muelles
no disminuye el mar.
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11/02/2012
Casi todo lo que veo
lo quiero tocar,
pero más: el mar.
Pero más tu cara
que te quiero, quiero
y quiero.
Casi todo lo que veo
lo quiero tocar,
pero más: el cielo.
Pero más tus labios,
que te quiero, quiero
y quiero.
Casi todo lo que veo
lo quiero tocar,
pero más: la lluvia.
pero más tu mano,
que te quiero, quiero
y quiero.
Casi todo lo que veo
lo quiero tocar,
pero más: tus ojos
y más: tu cabello,
y más cada palabra
que dice tu aliento.
© Luis Pescetti

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27/01/2012
Nada reemplaza a pensar,
nada reemplaza a dejar de pensar y salir a caminar,
nada reemplaza a regresar de caminar y hablar con una persona amada,
nada reemplaza a dejar de hablar con ella y fundirse en un abrazo,
nada reemplaza a terminar el abrazo y preparar un plato,
nada reemplaza a terminar de cenar y disponerse a dormir,
nada reemplaza a despertarse y tomar un buen baño,
nada reemplaza a vestirse y emprender el día,
nada reemplaza a lograr algo en tu día,
nada reemplaza a observar tu logro,
recordar tu persona amada, la caminata, el abrazo
y pensar en ello.
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09/01/2012
Contado por Miguel,
en casa
A los diez años le tenía miedo a Drácula, y a un montón de cosas más,
pero mucho a Drácula.
De noche, en la oscuridad y el silencio del cuarto, no pegaba un ojo si no pasaba a mi hermanito de cinco años a mi cama.
Así dormía plácidamente.
Él jamás hubiera podido defenderme de Drácula,
y yo lo sabía; pero
era el miedo a que venga el miedo
y, contra el miedo
que desata el miedo que el miedo me da,
lo mejor es no estar solo.
Entonces y siempre,
entonces y siempre.
Entonces
y siempre.
© Luis Pescetti

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05/01/2012
Estimado Alberto: regresando de nuestra primera cena paso a resumirla a fin de objetivar la construcción del vínculo:
- Yo no hubiera elegido ese restaurante (pero, obvio, tiene que ser el pretendiente el que invita).
- La mesa estaba tan pegada al baño que nos daban propina cuando salían. Por eso no me sacaba el pañuelo de la nariz (vos decías que no se sentía, pero es la impresión, Alberto. ¿Cómo no exigiste otra mesa?, por más lleno que estuviera el lugar).
- ¿Comida oriental? Tendrías que haber buscado algo más internacional, que seguro no le errás.
- Los menús que no se entiende el nombre de los platos me revientan. La explicación en inglés, ¿en qué país estamos? Había que preguntarle al mozo que encima ponía caras porque algo ya lo había explicado, ¡si eran imposibles de retener! Uno me lo tuvo que decir cuatro veces, porque una vez era carne de entrada, otra vez acompañaba una pasta, y otra vez era plato central y otra vez un nombre de fantasía en un postre. ¿Le cansa?, pongan fotos, como le dije (vos ahí habías salido, ¿a qué saliste?).
- ¡Lo que demoró ese pedido! ¿En el Lejano Oriente tenían la heladera? Yo ya me había llenado con las canastitas de pan, no me quedaba hambre; pero traen la comida… no la vas a desperdiciar (por más que lo único que soñás es volver y tirarte en tu cama). . Cocinamos fresco, señora, me dijo el maleducado; “crudo”, le dije cuando probé.
- Las con forma de albondiguitas de la entrada era como masticar arena, con una mano me servía y con la oreja quería tomar agua, por lo menos. No había manera de bajarlas. No podía parar de toser.
- La carne que venía envuelta con una parra, ¿¡De dónde van a sacar una parra si acá no hay?! Era una hoja de lechuga hervida, ahí te creo. Si le ponías limón estaba muy rico, te lo reconozco.
- Las ensalada yo le desconfío si no la lavé yo, mamá o la tía Beba.
- Al show lo noté subidito de tono para un lugar al que van familias.
- El postre, cuando se acordaron, podría haber sido el desayuno.
Cuando me dejaste en casa lo primero que hice lo googlée, ¡Es famosísimo! Llamé a tía Beba y le conté. ¿Vos sabías o te salió de casualidad? Lo recomiendan entre los mejores para que sepas. ¡Lo que te habrá costado! ¿No serás medio derrochón, no? Igual sos un amor porque por más que por dentro te debías querer morir al ver la cuenta, lo hiciste para lucirte y eso es amor.
Dejo acá porque ya fui tres veces al baño, se ve que algo o me cayó mal o no estaba bien el producto.
Tuya de todo corazón.
Anita, mi amor
P/D: ah, las flores te olvidaste.
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