A veces mi cuerpo no me gusta, y no me gusto.
En algunas fotos, y más: en filmaciones.
Despierto sacudido: me veo con los ojos de quienes
me dejarían pasar sin elegirme.
Mi cuerpo es un error, se equivocó, por su culpa no van a quererme.
Estoy atado, obligado, tallado en mi cuerpo.
Mi enojo puede dar golpes en almohadones, patear puertas,
o callar furioso; cuando me canso
sigo atado, unido, tallado en mi cuerpo.
Voy a pintarme, a raparme, a cubrirme, a poner otras fotos,
voy a tatuarme, a poner otro nombre en mi perfil
porque ahí sí soy yo.
Ahí me reconozco, ahí me parezco, ése sí que soy.
Más que el del espejo.
Paciencia, paciencia,
hay paciencia en los ojos del burro mudo de mi cuerpo.
Él quisiera que lo quiera, que no mire deseando tener otro cuerpo,
recibe mis emociones como golpes de vara.
Los dos encerrados entre las cuatro paredes de quien soy, mintiendo.
Lo llevo, lo llevo aquí y allá. A lo de un amigo, a correr, a la mesa,
a casa, a un sándwiche,
a la cama… lo llevo, como lleva el carrero al caballo que lo tira.
Me olvido o sueño y creo que soy otro, hasta que una foto
o una filmación me despiertan, y evito algunos ojos,
como evito a veces los míos, que
ya podrían mirar
con más bondad.
Dos
Un atento pedido a la ciencia o a la magia: quisiera tener
los ojos de Papá Noel,
los de mi madre,
o los del Buda,
los del más bueno de los curas o de la más amorosa enfermera,
los de quien más me quiere.
Quisiera ponerme sus ojos
y verme con su mirada.
Sentir qué se siente al verme
aceptado.
Salir a la calle sabiendo que así me veo.
Entrenar y entrenar con su mirada
aprender, hacerla mía.
Va a estar buenísimo, va a estar buenísimo.
Nadie se dará cuenta.
Va a estar buenísimo.
Me imagino por la calle,
en reuniones, y nadie, nadie, nadie notará la diferencia:
pero yo estaré mirando todo
con los ojos de quienes más me quieren.
Sí sólo nos enfocás con tu cámara en nuestro peor momento y hacés un primer plano, vas a tener todo mi peor momento llenando la pantallota de tu estúpido programa de televisión. Y sólo por manejar una cámara cara y tener un headset que cuelga de tu cabeza puedas creerte mejor. El lado de la lente no cambia las cosas. No decide. Sólo es el lado de la lente. Y por lograr que mi peor momento llenara tu audiencia de muda autosatisfacción, ellos no estaban haciéndolo, lo hacía yo y ahí estabas con tu cámara tiburón, tu cámara halcón, mejor: tu cámara carroñera buscando porquería y te ofrecí mi peor momento. Y por lograr que mi momento estúpido te ayude con el rating y ocupe toda tu pantalla HD full vision, y por lograr eso vas a creer que soy así, que, si ocupó toda tu pantalla mi momento estúpido también ocupa toda mi vida.
Pero no es así.
Fue mi peor momento y duró eso y tengo un resto,
y un antes y un después
que jamás le servirían a tu rating. Son días normales, tiernos o de miedo, o aburridos, o de cuidar a mi hermanita,
o de estar en el cole, o de ayudar en el mercado o de pasar soledad.
De sentir que el agua helada en la cabeza me despeja. Es un placer sentir ese frío casi doloroso, que quiere decir que mi momento tonto quedó atrás y estoy librado.
La diferencia entre vos y yo, además de que te creas mejor porque vendés tu programa a los anunciantes, la gran diferencia es que mi peor momento es eso, un momento; pero vos los buscás cada semana,
y tu programa está hecho de eso porque es eso.
Es más: sólo es eso.
Y debe quedar mucho menos libre de vos, que lo que queda libre de mí.
Tu programa ocupa un lugar más grande en tu vida que mi cara en tu pantalla.
Lo pensás, lo cuidás, lo hacés, lo mirás cuando sale al aire, hablás de él.
El lado de la lente no cambia las cosas.
Tu programa debe ocupar unas doce o catorce horas de cada día de tu vida.
Ni el peor de mis peores momentos duró tanto, ni me convierte en eso.
Sos vos quien elige estar de ese lado de la lente.
Te pudras mientras te creas mejor
y cada vez gastes más en perfumes y preguntes:
¿de dónde viene ese olor?
¿de dónde viene ese peligro?
¿de dónde viene esa violencia?
Del otro lado de la cámara.
Enfocá bien
del otro lado.
Cuando Dios creó al universo
él era mucho más grande
que todo lo creado.
Aunque había tantos mundos
y cada uno estaba lleno de seres y paisaje,
su universo no era ni un grano de arena,
ni la punta de esta uña.
Pero no todo ocurrió por su voluntad.
Creó cosas frías y calientes y,
sin proponérselo, generó vientos,
corrientes oceánicas.
Los peces viajaban, los barcos,
las personas se cubrían los ojos por la arena
y también viajaban.
Creó lo que tenía luz y lo que no la tenía,
pero sonrió sorprendido cuando vio
que la luz iba hacia la oscuridad
como un río va a llenar un pozo.
Y que algunos buscaban la luz
para ver lo que hacían
y otros la oscuridad para ver sus sueños,
desobedientes en su obediencia.
Nos puso un corazón para llevar
algo así como el vino o el fuego que tenemos,
y el aire,
que nos recorren hasta salir
tan impulsados como entraron.
Los corazones mismos son inquietos
y su movimiento se llama amor.
A veces dura y a veces no dura.
Si ambos viajan permanecen juntos,
si uno provoca que el otro se detenga deben separarse
pues todo en el mundo se mueve.
Es uno de los viajes más extraños que nacieron
de la voluntad de las obras de la voluntad de Dios.
Todo cambia
igual que en las escaleras mecánicas,
o como cuando repetimos una palabra
cien veces y se nos deshace en la boca.
Dios es mucho más grande
no distingue esos detalles
ni da todas las respuestas.
A eso lo llamamos misterio.
Miguel se pregunta: ¿qué debo hacer
para que el corazón de Julia se quede?
Augusto se pregunta cómo acercar
el corazón de Frida,
que es la misma pregunta de Anabella por Adrián.
Laura siente cómo se aleja de Daniel,
Todo podría haber sido perfecto
y quieto
pero Dios no creó a cada corazón en su lugar
o tal vez creó más de un lugar
para cada cosa,
o todavía observará con asombro
a su juguete.
Los corazones son viajeros
y hasta quienes decidieron permanecer
caminan.
Igual que un niño
divertido
en una escalera mecánica.
Luis sábado, 5 de abril de 2008/ viernes 5 de octubre de 2012
Antes no había comida, ahora hay.
Antes no había luces, ahora hay.
Antes no había perros, nadie pasaba,
no había sonidos, nadie miraba.
Ni una palabra, ni una cara,
Nada de nada. Ahora hay.
Antes no había silencio, ahora hay.
Ni siquiera vacío, no había tic tac.
No había molinos, ni geometría,
no había amigos, ni geografía.
No había viento, ni movimiento.
Ni chocolate. Ahora hay.
Antes no había padres, ahora hay.
Ni siquiera había televisión.
Antes nadie nacía, nadie partía.
No había antes, no había instantes,
no había pasado. ¿Y qué habrá pasado
que antes no había y ahora hay?