Conversación abierta con Miguel Espeche -Director de los Talleres de Salud Mental Barrial del Hospital Público Pirovano-, sobre infancia, paternidad, poner límites, valorar el propio conocimiento, encontrar nuestra potencia como personas… y un largo etcétera. Teatro Metropolitan/Editorial Alfaguara, Buenos Aires, 28-08-10
Al igual que un inmigrante en un nuevo país, un niño se introduce al mundo con una mezcla de resistencia y necesidad.
Piensen en ustedes mismos como inmigrantes o, más fácil, piensen en ustedes si les presentan a la familia de su novia, sus suegros y cuñados. Que los saluden y les digan: “Mi amor, te vamos a transmitir nuestras costumbres”.
charla de Luis, como presidente del Jurado del Premio Vivalectura 2010
(Fundación Santillana, Organización de Estados Iberoamericanos, Ministerio de Cultura y Educación, Argentina)
Se incendió el edifico de una escuela, de manera accidental y en horario en el que no había nadie. Es una escuela querida, por la comunidad de padres, alumnos y maestros. Y cercana porque la visité y profes que admiro mucho dan clases en ella. Marcos, uno de esos profes, escribió el texto que comparto.
Tantas veces me preguntan: ¿de qué temas hablar con los niños? Depende de sus experiencias contesto siempre, en este caso, se quemó la escuela, hay que hablar de eso; pero reparen en la entereza con que lo hace. El texto es particular (de ellos) y universal.
Sirve para cuando nos preguntamos sobre la capacidad de resiliencia. Con cariño y admiración hacia Marcos, Anita y la comunidad escolar
Luis
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San Martín de los Andes, 20 de Noviembre
Hola chicos, soy Marcos, el maestro de la Escuela del Sol.
Hoy fue un día difícil, se nos quemó el edificio de la escuela. Se nos quemó a todos, a vos, a mi, a los papás, a los de jardín, a los de primaria, a los grandotes de secundaria… A las Gracielas y Fernando, a todos…
Pero ¿qué se quemó? Se quemó el edifico, la escuela es más que eso…
La ceremonia comenzó con un pantallazo de la vida de Luis. Fotos familiares y de diferentes escenarios se sucedieron intercaladas con dibujos que le envían los niños.
Si ustedes preguntan qué se siente cuando uno ve un video así, les digo: que el recorrido es más largo, más grande, que la propia vida, eso sentía… Asombra que la vida de uno, desenvuelta, parece más extensa que la propia vida… es hermoso.
A la Honorable Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en especial a la Diputada Delia Bisutti, a todos los aquí presentes, queridos amigos, a mi familia…
Es una satisfacción muy grande recibir esta distinción… y quiero decirles que los entiendo,
a mí me pasa lo mismo.
Como papá, a cada rato quiero darle un premio a cada uno que hace feliz a mi hijo, o lo calma;
o me calma a mí, que soy muy alarmoso.
Podemos aprovechar esta bellísima y valiente canción para tratar otros casos en los que nos toca convivir con ideas y personas diferentes, o en las que alguien reclama un derecho “natural” o “divino” o “ideológicamente superior” para tener supremacía sobre otro.
Acá son dos pueblos que afirman su derecho sobre un mismo territorio, pero su ejemplo, tan paradigmático no es el único, aunque sea muy conocido. Podemos trasladarlo a otros terrenos de la vida de un país, de una sociedad, de diferencias políticas.
El tema es el mismo: ¿qué hacemos con ese “otro” que reclama el mismo espacio? (ese espacio puede ser físico o ideológico)
¿Cómo hacemos con un “otro” que reclama tener la idea o la política que soluciona los problemas comunes?
Ver también la serie de tres post: Cómo hablar del conflicto palestino israelí con los niños
1) Palabras de Tzvetan Todorov al recibir el Premio Principe de Asturias: click acá
2) Carta abierta de Daniel Barenboim publicada en El País: click acá
3) Ejercicios de reflexión para ver los noticieros: click acá
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Pero también, en unos versos Jorge Drexler dice que no le dio permiso a nadie para matar en su nombre…
y eso me recordó la canción de Georges Brassens, que publicamos hace poco: Morir por las ideas (click acá)
en ella el poeta dice con irónica e incisiva tristeza:
“Si aún fueran suficientes / algunas hecatombes / para que finalmente todo cambiase, / todo se arreglase (… ) / en el paraíso sobre la Tierra / ya deberíamos estar. / Pero la Edad de Oro sin cesar / se posterga. / Los dioses siempre tienen sed, / nunca tienen suficiente, / y es la muerte, la muerte / siempre volviendo a empezar “.
¿De qué debe estar hecho un relato infantil? De todo lo que los niños viven o podrían vivir. No invadir, no ocultar. Esto incluye las pesadillas, y las ilusiones.
Pero de todo eso, sólo lo que podamos contar con verdad, siendo verdaderos.
Geneviève Patte, una prestigiosa bibliotecaria francesa, me dijo una vez: cuando un adulto le lee a un niño, lo primero que éste “oye” es si es de verdad; es decir: si ese adulto cree en eso que hace; y luego: si cree en eso que lee.
En este caso “creer” no significa que uno acepte que un ser de fantasía vuela, sino si uno se conmueve o entusiasma con eso. Si es así, el niño entiende que uno cree en eso que lee, y que hay verdad en ese momento.
Eso que capta es fundamental para que le asigne un valor u otro a ese rato, a lo que le comparten y también a su contenido.
Luis.-
- ponencia de Luis en la Biblioteca Nacional de Colombia miércoles, 1º de octubre - “Comprendo bien la resistencia de los intelectuales a ver su pensamiento reducido, en consecuencia transformado, por las exigencias mediáticas. Es legítimo. Sin embargo, en muchas otras clases de circunstancias, académicos y filósofos practican una escritura opaca, lo que podría justificarse por una concepción del mundo jerárquica, elitista (guardar nuestros secretos entre sacerdotes iniciados), pero no si se adhiere a los principios del humanismo democrático.
Si mi doctrina me dice que hay que tratar al otro como a un sujeto, comparable al sujeto que soy yo, entonces nada justifica que me reserve una posición de privilegio en mi discurso, ayudando por un vocabulario hiperespecializado o por una sintaxis alambicada (… ) Escribir con la mayor claridad posible es una de mis reglas de higiene.”
Tzvetan Todorov (Deberes y delicias, FCE)
Recibí un correo que me informaba que mi charla debía durar 400 minutos. Asumí que era un error y que debían ser de… 4 minutos. Al tiempo llegó otro mail aclarando que esperaban una ponencia de 40 minutos… pero, en ese lapso, ya había considerado que no podía ser una charla de sólo 4 minutos, y preparé la que traje, la de 400 minutos. Pónganse cómodos.
Uno de los mitos sobre la infancia afirma que los chicos son caprichosos.
No es así, toleran menos las frustraciones, que no es lo mismo.
Si entendemos por capricho una conducta errática, inesperada, a la que cuesta encontrarle justificación o sentido, los niños son lo menos caprichoso que se pueda hallar.
Eso que los adultos llamamos “fantasía del mundo infantil” es sólo su mejor explicación disponible en ese momento, y puede que nos resulte graciosa, pero para ellos va muy en serio. Ese niño que le pide un juguete a su madre y, cuando ella se justifica diciendo que no tiene dinero, él replica “Pues, vamos al banco y lo sacás”, está dando su mejor teoría hasta ese momento, la mejor explicación del mecanismo. Luego la reemplazará por otra, y luego por otra, y así construye su mapa del mundo.