Frin

16/03/2013

Tapa de la edición argentinaAquí­ está el comienzo de la novela Frin (Alfaguara, 2000). Y como postre especial, un dibujo inédito de O’Kif (al final).

Odiaba el deporte. Esas estúpidas clases de educación fí­sica. Que a Frin le gustara o no correr es otra cuestión, de hecho no le entusiasmaba mucho; pero no al punto de odiarlo.

La clase de educación fí­sica era otra cosa, estúpidamente odiosa. La clase, el profesor, y Ferraro y todos sus atléticos preferidos que lo iban a hacer figurar en alguna olimpí­ada.

Podrí­an ser hermosas mañanas sintiendo un poco de frí­o, de no tener que estar a las siete en la cancha para la clase de educación fí­sica.

A ese tipo sólo le importaba lo que él hací­a; entrenar a los que iban a participar de las olimpí­adas. Frin no hubiera conseguido competir ni aunque se hubiera enfermado el grado completo. Desde un primer momento el profesor se dio cuenta de que a él no le apasionaba el deporte, y Frin supo que serí­a un largo año de clases de gimnasia con ese tipo que lo habí­a desechado de entrada. Dado que él no lo iba a querer, Frin decidió correr más lento, saltar más bajo o más cerca, estirarse lo menos posible y, cada vez que el tipo estuviera mirando a otra parte, hacer una flexión menos. Cuando el tipo lo descubrí­a lo hací­a trotar alrededor de la cancha. Frin no decí­a nada, se levantaba y trotaba. Lento. Desesperadamente lento.

-¡Frin! ¡Seguite haciendo el gracioso y vas a trotar hasta que termine la clase! (gritó el tipo).

Las primeras veces nadie le prestó atención al asunto. Cuando lo volvieron a mandar a dar vueltas a la cancha, Ferraro, el más grande del grado, gritó:

-¡Frin! ¡Corrés como una gallina!

Como el profesor no lo retó, otro hizo una broma.

-¡Frin va a competir en las olimpí­adas pero de caracoles!

Tampoco le dijo nada. El grupo entendió perfectamente y aprovecharon para burlarse. Pero él seguí­a a su paso que apenas llegaba a ser trote. Parecí­a que se iba a caer en cualquier momento, que habí­a sido el único sobreviviente de una explosión o algo así­; pero no, era que estaba trotando. Hacia la mitad del año ya nadie le hací­a bromas, no porque se hubieran vuelto buenos, sino porque habí­a dejado de ser novedad. Que Frin estuviera haciendo ejercicios con todos, o dando vueltas solo, daba lo mismo.

Iba más despacio que si caminara. El tipo se desesperaba y le gritaba. Entonces Frin sentí­a que le ganaba. Iba a trotar despacio hasta que al tipo le explote el cerebro como una olla de espaguetis. Una vez le aplicó una sanción. Frin le contestó:

-No es justo, sólo porque no corro como usted quiere (él sabí­a que no era por eso).

-Me vas a decir a mí­ lo que es justo o no.

El tipo lo suspendió por dos dí­as. Esa tarde Frin fue a la dirección, pidió una cita. Esperó, esperó. Cuando lo atendieron dijo:

-No quiero dejar de venir a la escuela.

Fue una excelente primera frase, porque en la Dirección se oyen cualquier clase de argumentos, Lo olvidé antes de salir; Mañana se lo traigo; Voy a faltar porque mi papá; mi tí­o; un abuelo; lo que sea, pero nunca nadie va a pedir que lo dejen seguir yendo a la escuela.

-¿Y por qué no vendrí­as?

-Me suspendieron por no correr rápido.

La Directora llamó al profesor de gimnasia y, delante de él, retó a Frin; pero no fue un verdadero reto. Frin se dio cuenta de que se hací­a la enojada, pero no estaba realmente enojada. En el fondo, él estaba ganando, porque le hizo prometer que iba a tratar de correr más rápido, cosa a la que Frin dijo que sí­, sin mentir. Iba a tratar de correr más rápido, los primeros diez metros, los últimos tres minutos, el año que viene. Habí­a mil maneras de decir que sí­, sin mentir ni obedecer. La Directora se sintió satisfecha y levantó la sanción. El tipo no dijo ni una palabra; pero estaba furioso, él sabí­a exactamente qué habí­a pasado ahí­.

-Hasta luego, profesor (dijo Frin).

El tipo se retiró apenas despidiéndose de la Directora.

* * *

Lo cierto es que a Frin le hubiera encantado ganar en una olimpí­ada, ¿a quién no? Que ella lo viera ganando. Sólo que él sabí­a que no era de los mejores, ni siquiera de los que podrí­an haber llegado segundos o terceros. ¿Por qué no habí­a olimpí­adas para todos? ¿Cuál es la ventaja de que un tipo salte dos metros de alto? Las olimpí­adas no representan un beneficio a la humanidad. Esa era su conclusión. Por uno que salta muy alto, hay montones que son dejados de lado. Por unos pocos que lo hacen muy bien, hay muchos que ni lo intentan.

En una revista que compró en la librerí­a de Elvio habí­a leí­do de una maratón en la que participaba todo el mundo, grandes, chicos, mujeres, hombres, gente en sillas de ruedas, viejos. Lo importante era participar como cada uno pudiera, sea corriendo o caminando. Frin no lo podí­a creer. ¿Existí­a realmente algo así­? (Era como si le estuvieran dando la razón; el tí­tulo de esa nota podrí­a haber sido: El tipo está equivocado, hubiera sido maravilloso.) Pero además, y esto es lo más importante, sentí­a que en el mundo habí­a un lugar para él. Habí­a un lugar, seguramente habrí­a más, y tal vez muchos lugares en los que no pensaban como el tipo. Frin sintió que le hubiera gustado correr en esa maratón. Serí­a divertido así­, junto a ella, charlando, haciendo amigos, caminando al lado de alguien que fuera en una silla de ruedas, trotando otro poco, al lado de ella. Si lloviera serí­a más divertido todaví­a.

Cometió un error. Recortó la nota y la llevó a la clase de gimnasia para mostrársela al tipo. ¿Qué pensó? ¿Que organizarí­a una para el fin de semana? El tipo ni siquiera la miró. La tomó sin leerla, y mientras le decí­a a los demás que prepararan las jabalinas, se la devolvió. Frin se enojó consigo mismo por haberle dado una oportunidad tan servida al tipo. Con ese sólo gesto habí­a conseguido hacerse sentir rechazado y perder la buena sensación que la nota le habí­a dejado.

* * *

El mal humor le duró el resto del dí­a, y lo tomó de sorpresa que, precisamente, Ferraro lo invitara a cazar esa tarde. No era algo que pasaba todos los dí­as, y aceptó; no por el hecho de ir a cazar, sino porque Ferraro le daba miedo y más vale hacerse amigo del que te da miedo. Un pensamiento no muy glorioso que digamos, ¿pero qué hacer con uno que te lleva como dos cabezas?

No era a cualquier cosa, era a cazar. De eso recién se dio cuenta cuando le ofrecieron el rifle de aire comprimido a él también. Se puso contento porque eso querí­a decir que Ferraro lo habí­a invitado de verdad, no para que cargara con algo. Se sintió fuerte. Por un instante se le cruzó la imagen de amigarse con su profesor. Cuando apoyó el mentón en la culata del rifle se dio cuenta de qué estaba haciendo. A él no le gustaba cazar. Matar animales le parecí­a odioso; pero se habí­a acordado tarde. Ahí­ estaban todos esperando su tiro, y ahí­ estaba ese pájaro en una rama a varios metros. No sabí­a cómo salir de la situación. Se le ocurrió que podí­a errar el tiro a propósito. Nadie se darí­a cuenta. De hecho todos tení­an mala punterí­a. No habí­an cazado nada en toda la tarde. Sólo que tampoco querí­a que lo dejaran de invitar a otras cosas. No a cazar, pero a cualquier otra cosa. No se suponí­a que dejaran de invitarlo por errar un tiro. Todos lo habí­an hecho. Y no pasaba nada. Erraban el tiro, hasta se hací­an bromas. Su cabeza pensaba todo lo rápido que se pueda. En un campo cercano pasó un avión fumigador, pero el ave no se movió. Entonces sucedió algo raro adentro suyo. Le apuntó al pájaro, porque si daba en el blanco les demostrarí­a a Ferraro y a los demás que él no sólo era el que trotaba alrededor de la cancha; pero a la vez lo tranquilizaba saber que su punterí­a era pésima, por más que apuntara no le darí­a. Sintió un fugaz alivio, porque le pareció que habí­a encontrado una manera de resolver las dos situaciones al mismo tiempo y apretó el gatillo. El pájaro cayó fulminado, los demás gritaron contentos y lo felicitaron. Hasta le dieron palmadas en la espalda. í‰l devolvió el rifle con un nudo en el estómago. Decidieron regresar porque ya se hací­a de noche.

© Luis Pescetti
Editorial Alfaguara, 2000

El siguiente dibujo (click acá) no se publicó para no revelar cierta parte de la historia. O sea que mejor si ya leí­ste el libro. En ese caso, adelante. Si no lo leí­ste… ¡mejor aguantarse! (Es un regalo del dibujante O’Kif)

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¿Comentarios? (ahora hay 1.053)

¿Comentarios? (ahora hay 1.053) en “Frin”

  1. El 04/05/2007 ismael de 11 años escribió:

    es muy bueno el libro me encanto es bkn

  2. El 05/05/2007 Paloma Penna escribió:

    Me encanta Frin lo estamos leyendo en el cole i te re bueno!!! es mui divertido e interesante!!! vamos x el cap 8 y natache esta buenisimo!! me pareces genial!! i escribis mui bien… yo tambien tengo cuentos i me gustaria pasarselos ya le di mi casilla si le interesa mandeme un mensaje i se los paso!!!

    besos paloma!!

  3. El 06/05/2007 Laurita escribió:

    Hola Luis, vi la foto inédita de Frin por que leí el libro esta re buena!!!!!!
    Laurita

  4. El 06/05/2007 teresa escribió:

    Frin nacio como un cuento leido en el programa de radio que el autor tiene en mexico …..
    bueno nu tengu muxas palabras y tenduu ke leerlo por lo bistoo se be bueno mi papa ia me lo compro y solo keria ber el resumen ia lso dejo besitus xauu boi en 7-moo

  5. El 10/05/2007 KENNETH escribió:

    NO LEI TU LIBRO ABURRIDOOOOOO QUE FEO LIBRO MAS RIDICULO

  6. El 10/05/2007 KENNETH escribió:

    LLA CASI BOMITO AL LEER FRIN

  7. El 13/05/2007 Paula..! escribió:

    Esta super cool este libro..! =P

  8. El 13/05/2007 AUREA escribió:

    oye Kenneth! si no te gusto el libro, no te gusto y ya! RESPETA el trabajo de los demás, así como se respeta tu opinión, pero no seas grosero al expresarlo.

  9. El 14/05/2007 PAOLO escribió:

    HOLA SOY PAOLO Y SOLO DIGO QUE ESTE LIBRO ES LO MEJOR DE LO MEJOR ME ENCANTOO Y FRIN SE PARECE A UN COMPA MIO QUE SE LLAMA EWAO ESTE LIBRO ES LA ONDA LO AMO

  10. El 17/05/2007 endzi escribió:

    me encanto que no pude parar de leerlo estube hasta altas horas de la noche leyedo.

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