- Mami, ¿me ayudás a repasar la lección?
- A ver, dame, ¿Los cinco sentidos?
- Sí. Ahí va…
- Dale, empezá…
- Sí, ya empiezo…
- …
- … (se arregla el pelo).
- ¿Y?
- Me estoy preparando, mami, esperáte, no seas así.
- ¿Te estás preparando qué, Natacha?
- ¡Me estoy preparando, mami! ¡Pará, que si no no me concentro!
- ¿Y si mejor te concentrás primero y después me llamás?
- Esperá mami, no seas así. Ahí va, Lección los cinco sentidos, página dieciocho…
Después de hacer la carta a pedido de Rubén, Leonor las buscó.
- Chicas, ¿es cierto que el otro día Rubén les pidió que escribieran una cartita?
- No sé, ¿por qué? (Natacha).
- Díganme, si no no puedo decirles.
- Rubén nos dijo que era secreto, nena, no podemos decirte. (Natacha).
- Porque él quería hacérmela a mí y ustedes le dijeron que gusto de Nicolás, pero no es cierto (Leonor).
- ¿¡Cómo que no es cierto!? (preguntaron las dos, mirándose sorprendidas).
- Y no, porque a mí sí me gusta Rubén.
- No mientas, nena, qué sabés (Natacha).
- ¡Qué no voy a saber si me gusta! (Leonor).
- ¡¿Y para qué les decís a los demás que te gusta Nicolás?! (Pati).
- ¡Si yo no le dije a nadie, nena!
- Nicolás nos dijo, Leonor, ¿¡y él no va a saber?!
- ¡Son cosas que él inventa, chicas, no le crean! ¡Es un baboso!
- Nati, capaz que tiene razón, ¿viste que nosotros decíamos de la babita? (susurró Pati a Natacha).
Señor: -Buenas, ¿me podría decir dónde que la calle 16?
Poc: -Sí.
Señor: -…
Poc: -…
Señor: -Dígamelo, por favor.
Poc: -Queda en la ciudad.
Señor: -¿En dónde exactamente?
Poc: -A la altura del suelo, como todas.
- A ver, Totó, vas y rezás dos padrenuestros.
- ¡Imposible, me sé uno solo!
…………………………………………………….
Está con un amigo en una plaza y
de repente se oye la campana de
la iglesia: ¡Talánnn! ¡Talánnn! Y
el otro le pregunta:
- Oye, Totó ¿Qué hora es?
- La una.
- ¿Seguro?
- ¡Confirmado! ¡Lo oí dos veces!
Queridos niños, la vida es tan breve y tan extensa a la vez que incluso hay veces en que uno llega a ver a sus propios padres como niños.
Debo corregirme, no exactamente como niños, sino de la misma manera como ellos nos ven a nosotros cuando niños.
Llámese con ternura, con paciencia, con comprensión, queriéndolos apoyar o, simplemente queriéndolos, con una dulzura que los cubre, mientras ellos descansan o no advierten que los observamos.
¿Qué cuento le hubiera contado a mi madre cuando era niña?
Me hubiera gustado ser un adivino y leerle su mano.