Mis queridos: para qué les voy a mentir si la pura realidad no se puede creer… La gira estuvo buenísima y si no me creen le preguntan a mi abuelita.
El viaje empezó con un taxista, bueno, el viaje empezó llegando, como todos, o saliendo, pero más llegando porque acá dependíamos del volcán, que sí dio lugar.
Luego empezó con un taxista que había sido boxeador y me contaba que su segunda mujer lo dejó chillando cuando lo dejó, y ahora ya había salido de todo en lo que se había metido por salir de esa tristeza. Así nomás, el primer viajecito.
Luego, y sin seguir el desorden cronológico: un día nos regresamos con Enrique del teatro y no había cómo cruzar Reforma pues estaba la marcha de orgullo gay, es decir: sí se podía cruzar, pero a lo largo y orgullosos, por así decirlo. Y nosotros necesitábamos cruzarla a lo angosto: de vereda a vereda nomás, y orgullosos también, cómo que no, pero porque el show había estado bueno.
Y cruzamos, que ni qué, en medio de fotos y quienes se fotografiaban. Pero por la noche México le ganó el partido a “Estados Unidos del básquet”, porque le ganó jugando al fútbol, y por mucho. Entonces Reforma se volvió imposible de cruzar, pero por otra raza, y también orgullosa.
Pero a la mañana siguiente, nada más, ya cortaban Reforma pero por los ciclistas; y más al mediodía la marcha por los derechos de los animales…
(“por marchar no paramos”, como dicen allá)
Entonces yo imaginaba que si se producía una invasión marciana o extraterrestre, por poner un ejemplo cercano, y el capitán al mando les pidiera:
- ¡Me mandan un perfil de la ciudad a invadir!
Lo dejaban para otro día lo de la invasión, se los aseguro.
Y eso porque no les conté de un restaurante con 700 San Antonio puestos de cabeza (sí, setencientos… así suena a más), que lo dejo para otro día.
La mamá de Natacha fue a buscarlas a la
escuela. Ellas corrieron a su encuentro.
- ¡Para la Feria de Ciencias no nos van a poner notas!
- ¡Pará, Pati! ¡Es mí mamá! ¡Vos contale a la tuya! (Natacha).
- ¡Pero mi mamá nos busca mañana, nena!
- (paciencia paciencia) A ver, pimpollitos atómicos,
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Versión subtitulada del vídeo “Do schools kill creativity?” de Sir Ken Robinson, en las TED (Technology, Entertainment, Design) Conferences. La tomé de Google vídeos (click acá)
Esta ponencia es brillante por varias razones, por el contenido desde ya, por la claridad de pensamiento, por el enorme sentido del humor, porque es conmovedora, y porque todos podemos trasladarla fácilmente a ejemplos en la propia vida.
No comparto el título de “si las escuelas matan la creatividad”, en parte porque es efectista, porque es fácil “pegarle”, darle duro a las escuelas. Pero, sobre todo, porque la conferencia es muy esperanzadora. Es un llamado de atención, sí, sobre la importancia vital de detectar el talento y las aptitudes, las características de cada niño, pero en absoluto se detiene a quejarse de la escuela, la advertencia va para toda la”línea académica” la que empieza en la escuela y acaba en la universidad y los doctorados.
El punto más impactante es que señala la necesidad de una nueva “ecología mental”.
Y esa fue la idea que me voló la cabeza: hay tantas formas de pensamiento como formas de interactuar con el mundo. “Pensamos el mundo en todas las formas que experimentamos: pensamos visualmente, pensamos en sonidos, incluso en cuanto al movimiento, pensamos en términos abstractos, pensamos en movimiento…”
Habla de muchos temas, el TDA (trastornos de atención), cómo se estableció la currícula actual. Y hace una poderosa síntesis en una anécdota imperdible: cómo fue que Gillian Lynne, la coréografa de Cats, El fantasma de la Ópera, llegó a ser bailarina.
A un chico de mi barrio
le ofrecieron una cosa
después, cuando vino al mundo,
se encontró con que era otra.
Y una buena amiga,
compartíamos la nube,
acaba de decirme que
extraña ser querube.
Coordinar manos y piernas,
manejar bien el chupete,
vivir con tanta luz
y sonidos que se meten.
Padres inexpertos que están
siempre encima tuyo
o padres muy expertos
que ni salen de lo suyo.
Repartan bien los angelitos
cuiden quiénes serán los papás
Repartan bien los angelitos
¡no nos manden con cualquiera!
Estaba en el seno materno
no conocía el hambre y
tenía abrigo todo el día
movimiento y contención.
Es cierto que en ese pueblo
no había diversión,
¡pero no había necesidades!
¡Y eso cuenta un montón!
Cuando vine al mundo
vine a la gran ciudad,
aquí sí hay que ganarse el pan,
cuidar bien el lugar.
Si no llorás dicen “es bueno”
y no te prestan atención.
Si llorás a cada rato: “mal chico”
y nadie se olvida de vos.
Repartan bien los angelitos (…)
De repente mucho frío,
de repente la humedad,
de repente un olor,
¡y todo es novedad!
No conozco el idioma,
no sé hacerme entender.
Y, aunque vengan muy sonrientes,
¡ni conozco esos parientes!