Producción general: Luis Pescetti
Producción ejecutiva: Sebastián Blutrach
Edición artística y postproducción: Damián Bericat – Juliana Hernández/Cantandú – Asistente de edición: Martín Scola
- Te voy a reventar.
- Te voy a aplastar.
- Te voy a destripar como a una cucaracha.
- Vas a morir como un gusano.
- Es mejor que haber vivido como un gusano.
- Te voy a hacer puré.
- Te voy a derrotar y te voy a cubrir de vergüenza.
- Y vos ni vas a poder salir a la calle.
- Y vos te vas a tener que mudar.
- Y vos te vas a mudar, pero al cementerio.
- Yo te voy a enterrar antes.
- Yo ni voy a ocuparme de enterrarte.
- Se te van a pudrir los huesos al sol.
- Vas a implorarme perdón.
- Vas a llorar a gritos, pidiendo clemencia.
- Vas a gritar, Mamá salvame.
- Y vos te vas a quedar sin voz.
- Vas a huir corriendo, tres días seguidos.
- Vas a querer esconderte debajo de las piedras.
- Me vas a limpiar los zapatos con la lengua.
- Y vos vas a besarme las manos un año seguido.
Gentes, Don Jorge Maronna (con quien escribimos Copyright -click acá- a 4 manos… nuestras) tuvo la amabilidad de enviarme esto.
¿Dudas entre el deporte y la música? ¿Niños agenda a los que les coinciden dos actividades (música y vóley)?, he aquí la sublime solución
El Bolarmonio es un aerófono creado por Fernando Tortosa. Este instrumento ganó el primer premio en el concurso realizado durante la Expo por los 40 años de Les Luthiers y el grupo decidió incluirlo en el espectáculo Lutherapia. Está construido a partir de 18 pelotas de PVC tipo vóley y tiene la extensión de una octava y media en escala cromática.
Me acuerdo de un dicho que conocí en México que afirma que una mujer, cuando se va a casar, debe llevar “… algo viejo, algo nuevo, algo azul, algo prestado… etc” claro, siempre conviene que lo viejo o lo prestado no sea el mismo marido, pero el caso es que me sirve para explicar cómo armo el repertorio de un show nuevo, con aquellas canciones y juegos que ya fui probando.
Pues un show no es sólo la suma de canciones que “andan bien”, sino esas canciones puestas en cierto orden, con una introducción o no, y en otro orden no funcionarían igual.
Tomé de Les Luthiers eso de probar una canción nueva metida dentro de un espectáculo que ya funciona.
De modo que tengo la tranquilidad de un show que sé cómo responde y que, antes y después de la canción nueva “hay colchón”.
Mientras: voy anotando ideas, melodías a desarrollar en canciones en otro momento. Cuando termino una, la pruebo dentro de un espectáculo que ya domino; pero casi siempre es con más entusiasmo que dudas.
Pasa un tiempo y tengo un repertorio de varias canciones, no llevo la cuenta y me encuentro con que hay más de las necesarias para un show, pero quizás algunas son para niños más grandes, o directamente para adultos.
Ahí surge un momento de búsqueda más intencional, hacen falta canciones para niños más pequeños: o las compongo o las encuentro.
La maestra propuso algunos libros para leer y sugirió que podían armar equipos para realizar los trabajos o, simplemente, compartir las lecturas.
Sin embargo, por alguna razón, los equipos se dividieron de manera que los varones escogieron Tom Sawyer y las niñas: El Principito.
- ¡Tom Sawyer, si quiere, le re-rompe la cara al Principito! (Jorge).
- ¡Sí, nene! ¡Y el principito le tira con un planeta que lo revienta! (Sabrina)
- ¡Bien, Sabrina! (Natacha).
- ¡Ja, chicos, miren lo que dijo! ¡Los planetas no se pueden tirar, nenita! (Rubén).
- ¡Callate, Rubén, que siempre pedís ayuda en ciencias naturales! (Pati).
- ¡¿Y qué tiene?! (Rubén).
- ¡Que te hacés el que sabés cómo se tiran los planetas! (Pati).
- Además, Tom Sawyer tiene de amigo a Huckelberry, que se sabe de todo y lo deja como una papa frita! (Federico).
- ¡Y el Principito tiene un lobo que para eso lo entrenó y lo deja peor que la abuela de Caperucita! (Leonor).
- ¡Si esa se salvó! (Nicolás).
- ¡Pero por culpa del leñador, nenito! (Natacha).
- ¿¡Y qué?! ¡Mi papá trabaja en la ferretería! (Federico).
- ¿¡Y eso qué tiene que ver, Federico!? ¡Ay! ¡Nada que ver! ¡Chicas, éste se zarpó! (las chicas juntas).
- ¡Que no será leñador pero ahí venden maderas, hachas, de todo! (Federico).
- ¡Sí, nena! ¿¡Y dónde te creés que compran las cosas los leñadores?! ¡Conoce a un montón! (Jorge).
- ¡Además el Principito no lo entrenó para atacar al lobo, sino que lo domesticó por amor! (Rubén).
- ¿¡Y vos cómo sabés eso, Rubén!? (Valeria, alerta contenta).
- No, nada que ver… bueno… (Rubén).
- ¡Chicas! ¡Rubén leyó el Principito! ¡Ganamos! (Leonor).
- ¡Qué salame que sos, Rubén! (Jorge, agarrándose la cabeza).
- ¡Ga-nááááá-mos! ¡Ga-nááááá-mos! ¡Ga-nááááá-mos! (las chicas, abrazándose).