Se terminaron las vacaciones, Totó y su mujer, están en el coche:
- ¡Ufa! ese camión lleva dos horas ahí delante sin dejarme pasar!
- ¡Pero, Totó si eso es la puerta del garaje!
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Totó y su mujer están paseando por el norte, en una ruta de
montaña con curvas, subidas y bajadas. A una de esas montañas,
Totó la venía bajando a toda velocidad, a todo lo que daba. La mujer,
asustadísima, le dice:
- ¡Totó, por favor, no corras tanto, que cada vez que agarrás una curva tengo que cerrar los ojos del susto que me da!
- Ah, ¿vos también?
-Raflés, mirá, vos olés más porque tenés la naríz como un tubo, ¿no?, y los olores te llegan antes, porque a vos la punta de la naríz te alcanza más lejos, pero los humanos tenemos la naríz más pegada a la cara y nos enteramos más tarde de un olor, ¿no? -… (como Natacha lo miraba a los ojos, y se quedó callada, Rafles movió la cola).
-¿Entendiste? Bueno, pero además del olor hay otras cosas en la vida, ¿entendés? Como por ejemplo, los colores y la inteligencia, ¿sabés? -… (ante el silencio, Rafles volvió a mover la cola).
-¿Por qué los perros son tan tarados que dejan que los gatos les ganen, ¿eh? ¿Sabés por qué? Por zonzos, porque si fueran un poco vivos, no dejarían que los gatos se hagan los inteligentes, en vez como los gatos son más vivos le hacen creer a la gente que son más inteligentes, por eso, porque son más vivos que los perros, ¿entendés? -… (Rafles pestañeó, sin bajar la vista, y movió la cola).
-Por eso, como vos sos un perro así, muy especial y lindo y bueno… (se emocionó). ¡Ay! ¡Rafles dejá que te abrace! Lo apretujó entre sus brazos, Rafles le lamió la cara, ella se defendió y lo volvió a sentar.
Había una vez un lugar desierto en el que no existían espejos. Nadie había inventado un espejo, básicamente porque nadie se había visto reflejado en nada, jamás.
Lo único que hacía suponer que la propia cara no era como la cara que tenías enfrente era lo que observabas cuando mirabas las caras de los demás. Algunas eran parecidas, pero la mayoría no.
Podías suponer que tu cara era parecida a alguna de las demás, o muy diferente, pero no podías saber exactamente cuánto.
Los mayores no hablaban de eso, porque no les importaba. Diferencias o igualdades, todo daba lo mismo.
Pero no daba lo mismo si te enamorabas, pues quería decir que había algo en esa cara que era especial, o algo en esa persona que hacía que su cara fuera especial para ti.